Hablemos de…

Fundación de Tenochtitlan

 

Por Rafael Tortajada

La leyenda dice que los mexicas empezaron el recorrido desde Aztlán, en náhuatl «Lugar de Garzas» o «Lugar de la Blancura» (Gutiérrez Tibón lo asegura). Este lugar se supone que actualmente es Mexcaltitlán, Nayarit, una isla hermosa que sigue subsistiendo con el mismo tipo de construcciones de la época. En los lugares por donde pasaban tenían el cuidado de construir altares dedicados a sus dioses, tenemos el primero de ellos que aún existe en el poblado de Sentispac; para el año 1000 aproximadamente ya habían llegado a la población que hoy aún existe y se llama Ixtlán, ahí ya con mayor conocimiento tuvieron la paciencia de construir el primero de los templos redondos dedicados a Quetzalcóatl y lo maravilloso del caso es que, tiene una ventana en forma de cruz para cada punto cardinal.

En las cercanías de lo que es ahora la ciudad de Guadalajara construyeron algo más, ahora las podemos admirar como las ruinas del Ixtépete; algunos historiadores aseguran que ahí se dividió el grupo compacto: unos siguieron su peregrinación hacia el centro, otros se desviaron hacia el sur hacia lo que es el Valle de Colliman con las consecuencias que conocemos.

Los que siguieron al centro persistieron en su peregrinación y llegaron al Valle de México e intentaron un primer establecimiento en Chapultepec, sus vecinos de Azcapotzalco vieron con muy malos ojos la intrusión en un sitio tan estratégico y decidieron expulsarlos del lugar, (año 1299 o 1319) , fue entonces cuando los mexicas enfrentaron uno de sus peores momentos y su casi aniquilación como unidad tribal. Algunos grupos decidieron asentarse como vasallos de pueblos en la zona tepaneca.

Pero otros continuaron la migración, la cual termina en el año 1325 al llegar a un islote donde ya no los molestaron porque estaba infestado de culebras, tenían la esperanza de que murieran picados por estos ofidios; lo que nunca supieron es que a los visitantes les gustaba la carne de serpiente. Ahí fue donde identifican los símbolos de la tierra prometida: fundarían una gran civilización en una zona pantanosa en la que vieran un nopal (cactus) sobre una roca y sobre él un águila devorando una serpiente. Los sacerdotes afirmaron haber visto todo eso al llegar a esta zona; como reflejo de la continuidad de esa tradición, hoy en día esa imagen representa uno de los emblemas oficiales de México.

El círculo de su historia se cierra, empiezan a hacerse sedentarios. Se ha argumentado que los mexicas escogieron el lugar deliberadamente por las ventajas que ofrecía, debido a su localización estratégica y su potencial de explotación lacustre. El lugar fue nombrado México-Tenochtitlan; capital mexica situada sobre un islote en la parte pantanosa del Lago de Texcoco, en el Valle de México.

Debido a su tardía aparición en el lugar, los mexicas se vieron obligados a ocupar la zona pantanosa situada al oeste del lago. Estaban rodeados por enemigos poderosos que les exigían tributos, y la única tierra seca que ocupaban eran los islotes del lago de Texcoco, rodeados de ciénagas.

Los mexicas convirtieron el lecho del lago, que era poco profundo, en chinampas (jardines muy fértiles, construidos con un armazón de troncos que sostenían arena, grava y tierra de siembra, atados con cuerdas de ixtle, para lograr islas artificiales donde se cultivaban verduras y flores y se criaban aves domésticas). Se hicieron 4 calzadas y puentes para conectar la ciudad con tierra firme; se construyeron acueductos y se excavaron canales por toda la ciudad para el transporte de mercancías y personas. Las construcciones religiosas -gigantescas pirámides escalonadas recubiertas de piedra caliza y estuco de vivos colores, sobre las que se construían los templos- dominaban el paisaje (por ejemplo el Templo Mayor).

La ciudad floreció como resultado de su ubicación y del alto grado de organización.

En la época en la que los españoles, capitaneados por Hernán Cortés, comenzaron la conquista, en 1519, el gran mercado de Tlatelolco atraía a unas 60,000 personas diarias; era un dechado de perfección, bien organizado. Las mercancías llegaban a sus manos gracias a los acuerdos sobre tributos establecidos con los territorios conquistados.

Muchas de esas mercancías se exportaban a otras zonas del imperio hasta América Central.

Ahora, el resultado lo vemos admirando una de las ciudades más pobladas de la tierra.

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