Hablemos de …

Expedición Punitiva

 

Por Rafael Tortajada

 

  1. El general Pershing, al frente de la Expedición Punitiva, entra en territorio mexicano para tratar de capturar a Francisco Villa por haber atacado Columbus semanas atrás.

Después de la intromisión que hiciera Francisco Villa atacando a la población desarmada de Columbus Nuevo México, fue tanta la indignación del gobierno de Estados Unidos que ordenaron que una expedición armada se introdujera a territorio mexicano en busca de Villa y de encontrarlo, tenían instrucciones de fusilarlo.

Al frente de dicha expedición iba el general Pershing y éste haciendo uso de su tecnología, lo primero que construyó fue una carretera que aún está en uso y que el pueblo de Chihuahua le llama “la carretera Pershing”; por cierto que le sirve muy bien a la población de Palomas que es la que existe de este lado de la frontera.

La búsqueda fue infructuosa, nunca pudieron encontrar al personaje aludido; éste se encontraba escondido en una cueva en el voladero de un cerro y que para su protección ahí lo curó y escondió el general Nicolás Fernández Carrillo y después de acomodarlo lo mejor que pudo, lo único que le pudo dejar para subsistir fueron unas pencas de nopal que Villa chupaba para saciar su sed.

Villa se encontraba herido de un balazo en una rodilla y ante la necesidad de ser escondido sólo le tuvo confianza al general mencionado y le dijo: “desde este momento no vas a recibir órdenes ni de mí, manéjate como puedas y escóndeme donde sólo tu sepas”, cumplió al pie de la letra y después de instalarlo en la cueva de referencia se despidió de él abandonándolo a su suerte.

Desde la parte alta de la cueva observaba como las tropas norteamericanas se multiplicaban en los valles en su busca y sólo tenía contacto con el mundo exterior con un soldado joven y fiel que urdió un plan para poder curarlo. Logró introducirse entre la tropa de Estados Unidos y se hizo amigo de un doctor y en determinado momento lo secuestró y se lo llevó prisionero para que curara a Villa en el lugar donde se encontraba escondido; en algunas de las refriegas recibió unos balazos que le restaron posibilidades y sin embargo soportó el dolor y tenía dudas cuando el médico norteamericano le decía: “si descubren que yo curé a Villa me van a fusilar”, a lo que le contestaba, “desgraciadamente si no lo cura el que lo va a matar soy yo”; alcanzó a llegar a la cueva y después de las curaciones se le salvó la pierna y el soldado villista ya no soportó más y ahí quedó muerto.

Esa intromisión de tropas extranjeras la consideró Carranza como una invasión pero, como no tenía forma de enfrentarse con soldados, fue más sencillo para él declarar a Villa fuera de la ley y así salvó el honor de México. Después de infructuosa búsqueda sin resultados, abandonaron la empresa y la figura mítica de Francisco Villa creció al máximo al grado de que la prensa de los Estados del Sur de Estados Unidos lo consideraba un Robin Hood.

 

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