En la columna

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

Un Marqués de carne y hueso

Indiscutiblemente la faceta por la que más se dio a conocer mi Padre Manuel Sánchez Silva fue el periodismo, actividad en la que se encontró a sí mismo desde su infancia, presidió una revista, Alborada, cuando aún no tenía diez años de edad y fundó el Diario de Colima, periódico que dirige atinadamente mi hermano Héctor, conservando la línea crítica e independiente.

De carácter inquieto, pronto destacó en la política, fue alcalde del municipio de Colima en los tiempos difíciles del movimiento “Cristero”.

En esos tiempos, la policía dependía del gobierno municipal y se conocía al edil como “el cuico mayor”. Así que además de las cualidades inherentes a ser político y gobernante, también el alcalde debía ser valiente, responsable en ese entonces de la siempre interrumpida paz pública.

Manuel Sánchez Silva integró un equipo de hombres valientes y muy familiarizados con las armas, dispuestos a morir en el cumplimiento de su deber; los enfrentamientos entre los Cristeros, muchos de los cuales no creían en la causa y eran “pela vacas”, eran cosa de todos los días.

Después fue diputado local y encabezó el desafuero del gobernador Laureano Cervantes Ochoa, eran tiempos difíciles, a balazos se dirimían las diferencias políticas, sus compañeros legisladores se vendieron y El Marqués tuvo que huir, se refugió en una cabaña al norte de Tonila, en El Fresnal. Ahí le llegó un recado de su amigo Eduardo Brun Smidth en el que le decía: “Marqués, has sido descubierto. Tu vida peligra”, y se fue temprano al día siguiente, a pie, a la estación de bandera de Tonilita, con destino a la ciudad de México, que no conocía y con apenas unos cuantos pesos en la bolsa.

Mi Papá fue un hombre sobrado de valor y confianza, no se arredró en su destino de conquistar la gran ciudad, buscó a colimenses amigos suyos que le enseñaron a moverse en la gran urbe y supo que en Querétaro estaba por celebrarse una convención para crear un partido político que se identificara con los ideales que dieron motivo al movimiento armado.

Yo escuché sus relatos de las discusiones y los discursos de quienes propusieron cada artículo, la ideología actualizada de un instituto político con el progresismo de Francia, de Inglaterra, se consultó cada avance social y así nació el Partido Nacional Revolucionario. Manuel Sánchez Silva estampó su firma en el acta constitutiva y fue nombrado como uno de los delegados que llevarían al resto del país la doctrina del PNR, Renato Leduc, Francisco Corona del Rosal, Gilberto Flores Muñoz, Manuel M. Moreno y el colimense Manuel Sánchez Silva.

Había dejado mi Padre atrás, en Colima, fama de político y hombre resuelto a pelear por defender a quien no tenía voz, a quien hubiera sufrido un atropello, fue jefe de  redacción de un periódico de ataque y produjo poesía inspirado en mi abuela Doña Lola, en Colima -quizás lo más hermoso que sobre esta tierra se ha escrito-, en mi Madre y en otras damas con las que mantuvo relaciones románticas. Fue un hombre guapo, lo que le valió su apodo “Marqués”, parecía un noble de fina estampa, bien vestido y siempre montando finos caballos, presumido, se sabía galán.

Me platicó en una ocasión que publicó una poesía en la que hacía referencia a una marquesa, de la que en el último verso decía “…de mi marquesita a sus pies”, lo que fue suficiente para que sus amigos le dijeran: “Bueno, si Manuel tiene a su marquesita, es que él es un marqués”, y le quedó el alias.

Buen amigo, apasionado de la amistad. Pocas veces fue al cine, pero en una ocasión asistió a una sala en la que pasaban una película gringa, “Borsalino”, la marca de uno de los sombreros más finos del mundo.

En 1970, Jacques Deray la llevó a la pantalla, dirigió la cinta con ese nombre protagonizada por los sex símbolos de la década, Jean-Paul Belmondo y Alain Delon, éste último propuso llamar el filme así, según explica en el documental el guionista Jean-Claude Carrière.

Es una cinta romántica, en el que destaca la fuerza de la amistad de los dos protagonistas, le gustó tanto a mi Papá que se identificó con el tema de la confraternidad y quizás encontró algo que le recordó su juventud de hombre guapo y presumido, cuando él y sus amigos usaron ropa y sombreros de la moda y época en que se situó el filme.

Culto, lector frecuente que algún día se retiró y no se actualizó, repitió los títulos y autores que le gustaron cuando joven. Se alejó de la literatura y ya no produjo poesía, escribió temas que pudieran parecer anecdóticos del Colima que le tocó vivir, que son documentos consultados por los historiadores.

Buen esposo, Doña Amalia -la Mamá de los Sánchez de la Madrid- fue el amor de su vida y tuvo otros -¿quién no?-. Fue un buen Padre. Yo lo recuerdo con respeto, fue especialmente duro conmigo y quizás lo requería.

Manuel Sánchez Silva fue un hombre fuera de serie, dotado de cualidades y defectos que le perfilaron una personalidad impactante, captaba la atención en donde estuviera, conversador incansable dueño de anécdotas que hacían memorable su presencia.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *