Hablemos de …

Escuela Ramón R. de la Vega

Por Rafael Tortajada

En esta fecha pero de 1964 se erigió en el poblado de Tepames del municipio de Colima Estado del mismo nombre, una escuela que lleva el nombre del gran prócer que, aunque no era nativo de estas tierras ya que muy pequeño se avecindó después de ver la primera luz en la antigua Zapotlán Jalisco.

Haciendo un recuento de todas sus acciones que fueron el eje para el desarrollo de la educación en Colima; siendo muy joven, en unión de su amigo Ramón Fajardo tomaron en arrendamiento una imprenta que había comprado el ayuntamiento de Colima y que estaba sin servicio debido a su inoperancia, estos dos elementos fueron muy importantes en el desarrollo de Colima puesto que, le dieron vida a un naciente periodismo el que en un principio no tenía clientela para cobrar por anuncios y sin embargo tuvieron la luminosa idea de publicar los precios de los artículos de primera necesidad, esto le sirvió mucho al público porque, una vez publicado ya no podían cambiar el valor de venta por lo que fue toda una novedad.

Don Ramón que era un hombre amante de la cultura incursionó en la formación de escuelas y para tal motivo contrató los servicios de un educador francés llamado Mathieu de Fosseyque era uno de tantos personajes que quedaron a la deriva en el país al fracasar una empresa naviera y se encargaba de traer el pasaje desde Nueva York en barcos ligeros, llegaban hasta el río Minatitlán y por ahí navegaban hasta donde podían llegar y cuando ya les era imposible avanzar, bajaban los baúles con el equipaje y en cielo abierto los dejaban y se devolvían.

Los pasajeros tenían que aguantar las calamidades del tiempo hasta que llegaban con una recua de mulas y cargaban el equipaje llevándolo a lomo de esos animales hasta un poblado que hoy se llama Matías Romero; en ese lugar ya los esperaban carros de mulas y en forma un poco más cómoda, los transportaban hasta Salina Cruz atravesando todo el Istmo de Tehuantepec, ahí esperaban hasta que llegaba algún barco y los transportaba hasta San Francisco California. Ese era el origen del profesor que se menciona y que tuvo la suerte de ser contratado en Colima para esparcir sus conocimientos sobre todo del idioma francés.

El Congreso del Estado a pesar de que el señor De la Vega era el gobernador, adujeron que era muy caro el sueldo, por lo tanto no se le podía pagar. Don Ramón se llevó en forma particular a este educador y no teniendo más alumnos que sus hijas le pidió que les enseñara francés hospedándolo en su casa.

Nuestro personaje era un hombre de mucha empresa, pidió permiso al Congreso y se fue a San Francisco California a contratar una maquinaria con la cual sirvió para integrar a la economía de Colima una gran fábrica de hilados y tejidos; a la vuelta y al manifestar en la aduana de Manzanillo todo lo que había comprado, sus enemigos políticos lo acusaron de contrabandista y eso ensombreció un poco su carrera política, sin embargo, salió bien librado, la empresa de hilados y tejidos de Colima se llamó San Cayetano, ya que el principal accionista tenía por nombre Cayetano González.

Su carrera política fue brillando al igual que la de promotor educativo y recibió del general Ramón Corona además de gobernador, el nombramiento de Comandante Militar, puesto que le entregó al general Julio García que era un guerrillero juarista y que tenía mejores posibilidades de luchar.

En el terreno educativo fundó escuelas y seguramente que la alumna más prestigiada fue Rafaela Suárez; se viene la época en que se inaugura por fin el Teatro Santa Cruz poniéndole ese nombre por ser el apellido del gobernador en turno, lo que ocasionó que Torres Quintero en un arranque de patriotismo y tomando la palabra libremente en un acto cívico dijo: “en Génova se conserva con orgullo la casa donde nació Cristóbal Colón, los franceses enarbolan con total libertad el domicilio donde nació Juana de Arco y sin embargo en Colima, no somos capaces de reconocer el nombre de don Miguel Hidalgo y Costilla ya que el lugar donde está construido el teatro era un predio de su propiedad”. Pasa el tiempo y llega el año de 1912 y gobernaba el Estado de Colima el coronel Eduardo Ruiz, un buen día se levantó de mal genio y dijo: “ya me cansé de estar observando que en este pueblo existen en edificios públicos los nombres de personas que fueron enemigas de la revolución, por lo tanto, a partir del día de hoy el mercado De la Madrid llevará el nombre de Constitución; el teatro Santa Cruz llevará el nombre de Miguel Hidalgo y Costilla y la escuela Porfirio Díaz que estaba ubicada donde ahora es la presidencia municipal, deberá llamarse Ramón R. de la Vega”.

Pasando el tiempo en ese edificio se implementó una normal de maestros por lo que el nombre de Ramón R. de la Vega fue a dar a Tepames y para el colmo de la mala suerte, recientemente los ejidatarios del famoso lugar le quitaron el nombre y le pusieron Emiliano Zapata.

Todo el historial educativo, administrativo y político de este gran hombre se perdió, ahora sólo queda una calle que en su nombre dice, “De la Vega” sin mencionar de quien se trata.

Cuando murió a los 85 años de edad tuvo el gusto de recibir días antes un título de maestro, cosa que llenó los anhelos de este hombre que sin ser nativo de Colima dejó pletórica en esta entidad con su nombre.

Esta es el triste fin de un hombre que dio todo por la política y la educación a un estado que después se accionó hasta su nombre y solamente nos queda como recuerdo de él una calle que muy pocos saben de quien se trata.

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