Reflexiones de vida

Eduardo Lomelí

 

Tiempos perdidos

En una calle común, de una ciudad cualquiera, dos jóvenes arreglaban sus diferencias a golpes, uno de ellos amenazante mostraba el puñal que traía en la mano recalcaba con seguridad la muerte del contrincante, un viejo andante intervenía deteniendo aquella masacre ensangrentada, uno de los adolescentes mostrando rabia en su mirada se dirigía al anciano diciéndole con cólera desmedida.

-¡A un lado viejo estúpido, o que. Pretende salvar a este topo!

-La violencia engendra violencia amigo, si el mundo lo entendiera así, no se encontrarían en guerras continúas.

¡Ah, pretende cambiar el mundo viejo loco!-, el anciano con sabiduría respondía al inexperto joven.

-¡Cómo cambiar un mundo que se encuentra invadido por una humanidad perdida! una juventud desorientada creyendo que su evolución es la correcta, que no puede ver que los siete pecados capitales reinan sobre de ella, que por una herencia se matan familias enteras, que odian, que guardan rencor, como desplegar las banderas blancas si a cada paso encontramos crimen, suicidios, violencia desmedida, como orientar a los padres que entregan todo a sus críos olvidando los principios que cada día se pierden más y más, madres que sobre protegen a los hijos, ladrones, drogadictos, borrachos, desobligados, labrando así la condenación del mismo, ¡no jovencito, yo no cambiare el mundo! Pero si lo juzgare, y no quiero que nadie se pierda, a mi hijo lo mataron cruelmente y dentro de su agonía elevo sus ojos al cielo diciendo, perdónalos padre mío porque no saben lo que hacen.

-¡Estamos en el siglo XXI anciano! -. Respondía el muchacho altanero, pero ya más sereno.

-Más triste aún, que sobre el siglo XXI no han aprendido a vivir, sino todo lo contrario, día a día se pierde más esta humanidad doliente, que los mismos gobernantes fomenten la violencia contra otras naciones y dentro de la misma que comandan, que las religiones estén divididas, no se miren como hermanos. La biblia no es ya un libro de reflexión sino un tema de discusión, todos la miran y la entienden con sus propias conveniencias personales.

El anciano despojando del puñal al joven continuaba hablando.

Quien le arrebata la vida a otro humano, podrá burlar la ley del hombre, pero jamás lograra huir de su propia conciencia, triste es que en pleno siglo XXI siga reinando la ley del más fuerte, ¡el poderoso sobre el débil, el rico contra el pobre, el letrado abusando del ignorante! Y lo peor, pelean todos contra todos muchacho-. La vida es corta, tan corta que no deberían en emplear ese tiempo para odiar, para destruir. Sino para construir, para ayudar al más necesitado.

El dueño de la vida y de la muerte había logrado apoderarse de la atención de los dos jóvenes y ellos limpiando sus rostros lastimados estrecharon sus manos, Dios con aquel aspecto de anciano caminó sobre la calle, los mirones de aquel duelo sangriento habrían paso e inexplicablemente se fue desvaneciendo entre la nada.

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