Hablemos de…

Recuerdos

Por Rafael Tortajada

Era el año de 1968 y la capital de la República se cimbraba bajo los desmanes de grupos que se hacían llamar estudiantes y que se paseaban por las calles quemando aquellos tranvías que había y los camiones de pasajeros de segunda clase donde viajaba la gente pobre, cuántos de ellos perdieron el día de sueldo por no llegar a tiempo a sus trabajos debido a que tenían que salir del vehículo apresuradamente por la amenaza del fuego que todo lo consumía. Por fin, llegó el aciago 2 de octubre del mismo año y yo fui uno de los muchos que se acercaron a la plaza de Tlatelolco con el deseo de observar cuales eran las demandas de los estudiantes; de uno de los descansos del edificio Chihuahua empezaron a salir disparos y el primero en caer, no sé si muerto o herido fue el general Hernández Toledo, al mando de la columna, lógicamente la tropa empezó a ponerse nerviosa porque los disparos seguían sucediéndose y más militares seguían cayendo.

En determinado momento se estableció un terrible tiroteo y en lo personal el haberme salvado se debió a que un soldado que estaba de servicio en la casa de uno de mis tíos que eran generales y al reconocerme me sacó de la plaza de Las Tres Culturas rumbo a la calle que se llama Eje Lázaro Cárdenas. Pensé volverme loco con las escenas dantescas que se sucedieron. Allá por la madrugada logré escaparme del lugar, antes no lo había hecho por temor a que si me veían corriendo pudiera ser blanco de algún rifle, lleno de nervios y de tristeza me fui a mi casa, no pude

dormir.

Otro día o sea el 3 de octubre de 1968, se completó con mi nombramiento el grupo que formaba el Consejo Consultivo Coordinador que regía todos los trabajos de la organización que en un principio se llamó SCETENAP (Comisión de Estudios del Territorio Nacional y Planeación); había sido detenido ese requisito debido a que faltaba un elemento por designar y como ya menciono recayó en mi persona y fui a dar ahí como representante del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización a cuyo frente se encontraba el ingeniero Norberto Aguirre, ilustre oaxaqueño.

La famosa SCETENAP se formó por instrucciones precisas del presidente Gustavo Díaz Ordaz y encomendó para tal fin al secretario de la Presidencia licenciado Emilio Martínez Manautou y como siempre sucede en estos casos, él delegó funciones más abajo e hizo responsable al licenciado José López Portillo que era subsecretario de la presidencia y éste para no ser menos también delegó sus funciones en el director de Planeación que era el licenciado Emilio Mújica Montoya. Finalmente era éste quien presidía las reuniones que teníamos en las oficinas del organismo mencionado en el domicilio de San Antonio Abad número 100 o sea que es lo mismo que la Calzada de Tlalpan.

Ahí convivíamos los representantes de las diferentes Secretarías y tengo muy presente que los nombrados por la Secretaría de Hacienda eran el licenciado Miguel Rico Ramírez y Miguel de la Madrid Hurtado; por mi parte yo formaba la mancuerna del Departamento Agrario con el ingeniero militar Juan José Carbonel. Ahí tuve el honor de conocer a personas muy valiosas como fueron los generales Miguel Azpiruz Viniegra y Joaquín Orozco Camacho, ellos aportaban toda la experiencia que tenían en el departamento de fotografía de la Secretaría de la Defensa Nacional y el resto también con todo lo que contábamos que “se puede contender sin alianzas en los próximos comicios para la gubernatura del estado…”

Durante la reunión con panistas que apoyan su proyecto, Cordero expuso que pueden competir solos porque tienen principios claros y plataformas; “el panismo en Colima puede ir solo, hemos estado muy cerca de ganar la gubernatura de Colima”, expresó, y a la vez dijo que la dirigencia nacional de su partido no impondrá un candidato, “sino que será la militancia la que elija a su abanderado a la gubernatura a Colima”.

Aun cuando en fecha reciente deslizó un error al señalar que quería ser “dirigente del PRI”, Ernesto Cordero aseveró que “el PAN se debe de distinguir del PRI, porque actualmente no sucede así; tenemos que volver a ser muy claros en esa diferencia, el blanquiazul debe de recuperar ese referente de honestidad y rescatar valores…”

Según sus cuentas, encuestas, parámetros y demás, aseguró quien acuñó la frase de que “con 6 mil pesos mensuales se podía mantener un mexicano”, aventaja con dos dígitos en las encuestas a su contrincante, Gustavo Madero Muñoz, para lograr la presidencia del partido, pero consideró que “éste se ha ido haciendo chiquito y encogiendo electoralmente”, ya que perdieron la Presidencia de la República y quedaron en tercer lugar. Pero parece ser que el control lo tiene Madero y, por tanto, no sería Cordero el presidente nacional del PAN, pero mucho menos del PRI, como fue su dislate.

En un pequeño templo detrás del mercado de San Juan por el rumbo de la Merced, que se llamaba «Templo de las públicas pecadoras», porque parece que se construyó con aportaciones de estas jovenzuelas por un castigo especial de un obispo; ahí se estableció una oficina de fotogrametría y se empezaron a trabajar algunos rollos que nos eran entregados por las compañías de Aerofoto y Aerocolor; la primera era del magnate Antonio Dovalí Jaime que posteriormente fue director de Petróleos. La Secretaría de la Defensa censuraba cada uno de los rollos que entregaban después de los vuelos ya que las aeronaves llevaban dos cámaras y el producto de una de ellas le eran entregadas completamente a la Secretaría en mención y nosotros podíamos trabajar en su contenido hasta que ellos daban luz verde.

En esas condiciones empecé a relacionarme con el licenciado De la Madrid, hombre callado y que hablaba poco, sólo cuando se le preguntaba opinaba; como es normal en una comisión, el de menos categoría que era yo llegaba primero y enseguida llegaba don Miguel siempre en ese orden, eso me permitió entablar largas platiconas con él y a la vez me hizo saber de su niñez que tuvo con mucha rigidez económica hasta que su familia emigró a la ciudad de México. Yo ya había conocido esta ciudad de Colima en el año de 1953 cuando traje de Culiacán a Tecomán un cargamento de insecticida llamado «Niágara» y que lo entregué a un señor Minacata que sembraba algodón en las afueras de la población; esa era la razón por la cual yo con cierta familiaridad alternaba en su plática con él.

Pasó el tiempo y de ese grupo de inmediato salió un presidente como fue López Portillo y después don Miguel de la Madrid; también hubo secretarios de Estado como Emilio Mújica que lo fue de Comunicaciones y debo decir que algunos muy valiosos don José los cortó, a la hora del reparto se hizo el disimulado. Cuando hubo el cambio de gobierno como es lógico en el Departamento Agrario yo salí sobrando y de inmediato me fui a la Secretaría de Hacienda a buscar al licenciado De la Madrid y le expuse mi caso, él me respondió como todo un amigo y le dijo a su secretario «dale una tarjeta aquí al ingeniero, hazle notar que es mi amigo y que les estoy solicitando un empleo para él en el Banco Nacional de Crédito Ejidal».

En esa posición estuvo algunos años hasta que tuve que salir también y nuevamente recurrí a don Miguel y me envió con don Manuel Torres Partida a quien había nombrado recientemente director nacional de la Aseguradora Nacional Agrícola y Ganadera; don Manuel sin hacerme muchas preguntas me nombró gerente de la oficina en Colima y aquí estuve al frente de esa descentralizada hasta que otro presidente mal aconsejado acabó con ella y terminaron privando al campesino del seguro en el campo; poco después les pareció oneroso los bancos que daban crédito para el campo y como ya se había convertido en uno sólo o sea en Banrural, también lo desaparecieron. Total, el campesino que antes tenía crédito, seguro y asistencia técnica con el servicio de extensión agrícola de un plumazo le quitaron todo y ahora nada tiene. Qué difícil es que el campesino produzca sin tener elementos.

Estos son los recuerdos vivos que tengo de mis andanzas del pasado y que las compartí con el licenciado Miguel de la Madrid Hurtado.

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