La Habana, Cuba, añorado viaje de estudio y diversión

*Alfredo César Juárez Albarrán, Sociedad Colimense de Estudios Históricos.

8ª y última parte

Con relación a la fotografía de Fidel Castro y El “Che”  me viene a la mente que hace ya algunos ayeres durante una noche de guardia en mi carácter de residente de Urología, estando en el 9º piso de lo que fue el Hospital de Especialidades del Centro Médico Nacional del IMSS en la Ciudad de México, tuve la oportunidad de entablar conversación durante varias horas con un compañero  médico boliviano quien estaba haciendo la especialidad de Nefrología, este se sinceró conmigo y entre otras cosas me comento que a él como médico del Ejército le correspondió corroborar que el héroe nacido en Rosario, Argentina y cubano por adopción, había fallecido merced a innumerables heridas por proyectiles de arma de fuego y que enseguida le practicó la primer necropsia.

En la otra foto aparece mi esposa Adriana junto a varios niños y su maestra, en una escuela primaria de La Habana, aquí puede apreciarse la diversidad étnica de los habitantes de Cuba. Los niños asisten a la escuela de las 8 de la mañana a las l8:00 horas, ahí toman todos sus alimentos, estudian y hacen su tarea, juegan y hacen deporte. En el campus de la Universidad de La Habana, que permanece custodiado durante las noches por sus propios trabajadores, hay una bonita plazuela rodeada de edificios donde tienen su asiento diversas escuelas y facultades y en cuyo frente hay inmensas columnas.

Uno de los eventos sociales de nuestro Congreso fue un coctel ofrecido en el Hotel Nacional, uno de los más antiguos y lujosos durante los cincuentas del siglo pasado, nos ofrecieron cerveza, cubas libres, mojitos (ron con yerbabuena y agua mineral), bocadillos diversos, etc. Platicamos con médicos locales, con varios argentinos, otros de Chile, Ecuador, Venezuela, Panamá y España y pudimos bailar “el venao” al son de magnifico conjunto isleño.

Visitamos el museo mercado de artesanías donde admiramos “negritas”, que son muñequitas de todos tamaños y vestuarios, vírgenes y santos, etc., camisetas con motivos alusivos a la revolución, al “Che”, orfebrería, trabajos de cuero, madera, etc., no pudimos dejar de visitar el famoso restaurante bar “La bodeguita de en medio”, que no viene a ser más que una estrecha casona de tres niveles, con gran cantidad de mesas en donde se sirven bebidas y comidas típicas de la Isla, pero también de la cocina internacional, a precios nada económicos, claro son precios para turistas, las paredes están tapizadas de fotografías de visitantes famosos, firmas, recuerdos, en fin está como para pasar un buen rato si el presupuesto lo permite.

El día de la clausura recibimos nuestra constancia de participación y durante la ceremonia el secretario de la Sociedad Cubana de Urología el Dr. Lemourt, quien fue el maestro de ceremonias, solicito a todos los asistentes un aplauso para los médicos norteamericanos y puertorriqueños que llegaron a Cuba vía México, “atreviéndose a desafiar a su gobierno” para asistir a un evento científico, “exponiéndose a posibles sanciones”. Después nos trasladamos en autobuses a una ramada en la que se hizo un festejo/comida “criolla” en donde hicimos nuevas amistades, comimos carne de cerdo, arroz con frijoles –comida tradicional-, vimos un espectáculo de danzantes, cantantes y tuvimos la oportunidad de conocer y tomarnos la foto con 32 mujeres urólogas cubanas (si treinta y dos), algo insólito dado que por ejemplo en México para el 2011 había alrededor de 15 mujeres medicas urólogas.

Varias de las cubanas nos informaron que la población urológica femenina en Cuba era de alrededor de 75 doctoras en ese entonces. Como había mucho ron, nos retiramos temprano porque los anfitriones al parecer son de carrera larga.

Una de las grandes satisfacciones que encontré por este viaje fue el conocer el “Museo Histórico de las Ciencias Médicas”, monumento nacional situado en la calle de Cuba número 460 e/Tfe Rey y Amargura de La Habana Vieja, donde Gilberto el entonces administrador nos organizó un magnífico y detallado recorrido, ahí pudimos observar fotografías y estatuas de las glorias de la ciencia cubana y universal, iniciándose la explicación con una frase de José Martí “Cultura se escribe con C de Ciencia”.

Vimos la efigie del urólogo latinoamericano más destacado de la historia, el Dr. Joaquín Albarrán, cubano de ascendencia española, quien después de estudiar medicina en La Habana, a principios del siglo XX, hizo estudios de medicina en Barcelona, España y en París, Francia, y después de perfeccionarse en Urología sustituyó como jefe de servicio al también famoso Dr. Guyon en el Hospital Necker de la capital francesa, fue un hombre al que debemos muchos de los conocimientos de nuestra especialidad, sus apreciaciones siguen teniendo vigencia a pesar del inexorable paso del tiempo.

Pudimos observar a través de vitrinas diverso instrumental y equipo que fue propiedad de dicho prócer por ejemplo dilatador o bujías, lentes, libros y muchas otras cosas. Aquí adquirí el último volumen que tenían de un libro sobre el urólogo cubano que hemos señalado en renglones previos el que aún conservo hoy día.

En este lugar se encuentra una magnifica biblio-hemeroteca médica, no actualizada desafortunadamente. Pudimos acercarnos a la magnificencia catedralicia de los salones en donde hacían sus reuniones los antiguos académicos nacionales de las ciencias, sitiales y presídium muy bonitos, tallados en maderas finas.

Ningún médico o científico de cualquier otra área que visite Cuba debe dejar de conocer este museo, debería promocionarse aún más “ahí los cubanos tienen oro molido”.

El pueblo cubano me pareció que es un pueblo instruido en un alto porcentaje, es un pueblo que gusta de la cultura y a la vez es alegre, el que sin duda despegara “una vez desbloqueado”.  Después de platicar buen rato nuestras vivencias, con nuestros compañeros de viaje, los varones nos quedamos unos minutos para ver a “las jineteras”, muchas de ellas muy guapas, había chicas  negras, mulatas, blancas y rubias –recordar que los Rusos y ciudadanos de otros países de Europa oriental estuvieron viviendo en Cuba durante muchos años, durante la etapa de la “guerra fría”, varios de ellos establecieron lazos familiares con las cubanas-, estas jóvenes entraban al “Palacio de la Salsa” salón de baile que está en el mismo hotel en donde nos hospedamos, posteriormente nos retiramos a descansar, observamos desde nuestra amplia ventana la bahía, el mar y las innumerables luces de la hermosa bahía, las olas encrespadas invadían por montones el malecón; al día siguiente volaríamos a México.

Fin.

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