Hablemos de …

Emiliano Zapata

Aniversario de su muerte

Por Rafael Tortajada

 

Este hombre singular que nació en Anenecuilco del estado de Morelos se desarrolló como la mayor parte de la población campesina de su época, o sea en la pobreza y en el trabajo continuo. Él para salir del medio que había visto desde su niñez empezó a practicar la charrería, pero no como deporte sino como un arte de domar potros y amansarlos con lo que logró sobresalir y pronto llegó a ser importante en la hacienda del señor Ignacio de la Torre y Mier.

Se ha propalado, desde luego por parte de los enemigos de los campesinos de la época, que Zapata había sido asediado por el hacendado para que le hiciera favores afectivos; esto no ha sido comprobado pero lo que sí es cierto es que el disgusto del potentado llegó a tales circunstancias que envió a Emiliano a la leva. Esto convierte a Zapata en que, antes de ser luchador por los derechos de la tierra primero fue soldado del ejército porfirista aunque a la fuerza. En el trayecto de Cuautla hasta Cuernavaca pasando por Yautepec, siempre fue custodiado por gente de su pueblo, indígenas que estaban seguros le aplicarían la «ley fuga» en el camino, razón por la que se prestaron a hacerle compañía temerosos de que pudiera ser suprimido; afortunadamente nada pasó.

¿Por qué se arriesgaron en darle protección?, pues porque había sido elegido como representante de su pueblo para que llegado el momento pudiera lucha por los derechos de sus tierras ante las autoridades respectivas. Y tuvo la oportunidad de hacerlo, una vez que salió del ejército federal se reintegra a su terruño y encabeza una comisión que después de muchos ruegos fue recibido por el general Porfirio Díaz; el presidente con la lógica que utilizaba les dijo que no había problema con sus tierras, como no lo tenían todos aquellos que contaran con la documentación que acreditara su propiedad.

Zapata se quedó frente al primer mandatario una vez que salieron los de la comitiva y le dijo, «¡ese es el problema presidente»!, no tenemos título de propiedad, habitamos tierras desde hace muchos años y creemos que tenemos derecho a ellas porque todos nuestros antepasados las trabajaron con sus manos. Esto no le agradó mucho al presidente acostumbrado a ser agradecido siempre pero Zapata no se desdijo.

Todos los que observen alguna fotografía del suriano notarán que su vestimenta no va de acuerdo a lo que se dice de él; él siempre vestido de charro, confeccionado con muy buen paño y hasta se daba el lujo de usar corbata, eso no lo hacía un campesino.

Sin embargo se inicia el movimiento armado de 1910 que encabezó Madero, precisamente el 20 de noviembre de ese año y que tuvo que volverse nuevamente a Estados Unidos, totalmente desilusionado cuando se dio cuenta de la triste realidad, en la frontera lo había esperado su tío Catarino tan sólo con unos cuantos hombres que quisieron seguirlo; unos llevaban pistola pero no tenían tiros y otros pocos algún máuser viejo en las mismas condiciones.

Don Pancho Madero se convenció de que su invitación al movimiento armado había sido inútil. Nunca supo que desde unos 15 días antes de la fecha que él fijó para el levantamiento, el señor Toribio Ortega ya se había lanzado en la sierra de Chihuahua precisamente en busca de libertad, ya no podía soportar el oprobio ni el mal trato de los hacendados.

Fue el Estado de Chihuahua el que le dio fuerza a la lucha armada y cuando se acercaron a Ciudad Juárez ya tuvo oportunidad Madero de presentarse como un caudillo. Ni Pascual Orozco ni Villa le tenían el menor respeto puesto que ellos sólo reconocían la fuerza y quienes habían luchado y ya habían sufrido muchas bajas, habían sido esos rancheros norteños a quien ellos comandaban. Sin embargo, fueron los tratados de Ciudad Juárez quienes pusieron fin a la dictadura de más de 30 años de Porfirio Díaz, eso bastó para que el dictador se decidiera a renunciar lo que hizo en mayo de 1911 retirándose de México en el barco Ypiranga que lo llevó a Europa y nunca han vuelto ni siquiera sus restos.

Empezó la efervescencia y los levantamientos armados brotaban de todas partes; en Morelos fue el profesor Pérez Burgos quien inició la lucha y pereció rápidamente en un encuentro armado. Se pusieron de acuerdo los campesinos armados y nombraron a Zapata como su líder, como ya habíamos dicho antes, esta persona era muy popular precisamente por su destreza en manejar los caballos en los jaripeos y aún sin estar muy convencido de lo que iba a ser, encabezó la pelea en contra del ejército federal.

Así como tuvieron algunas victorias, también hubo muchas derrotas; Zapata no tenía un ejército organizado como se pudiera pensar; contaba con miles de campesinos partidarios pero nunca representaron una fuerza unida, eran habitantes de las rancherías que en el día eran pacíficos labradores de la tierra y en la noche se convertían en soldados para acudir al lugar que se les marcaba. A Zapata le pusieron el Atila del Sur, todos los regionarios de la época y gran sorpresa se llevaron los habitantes de la ciudad de México cuando fue tomada por dicho conjunto armado y en sus sombreros llevaban estampas de la virgen de Guadalupe, se acercaban humildemente a solicitar un taco a las casas de los ricos y otros que ya tenían con qué pagar como Genoveva de la O., se dio el lujo de entrar con sus encalzonados y sombrerudos amigos nada menos que a Samborn’s y exigió servicio. Ahí empezó a cambiar la opinión que se tenía del sureño.

En Xochimilco aún se conserva una placa en un hotel donde se entrevistó con Francisco Villa y llegaron a una decisión sabia por su parte. ¡Ni tú ni yo servimos para gobernar compadre, nuestra lucha es en el campo de batalla; la política es para los licenciados, ellos saben lo que hay que hacer!. Con esto demostraron estos dos hombres algo que casi ningún otro revolucionario tuvo, ¡su honradez!. Poco después Alvaro Obregón al frente del ejército carrancista, los fue acabando uno a uno.

Cuando Madero tomó posesión como presidente de la República, el gobernador de Veracruz arregló una entrevista para el general Zapata y durante su plática a ningún acuerdo pudieron llegar; su cultura era inmensamente puesta. Madero a lo más que llegó fue a ofrecerle al luchador agrario una hacienda para que ahí se congregara con sus partidarios y la trabajara. Zapata sumamente disgustado le contesta ¡no señor presidente, no estamos luchando por eso si yo quiero una hacienda la tomo; los campesinos lo que queremos es justicia social y que se nos devuelvan las tierras que nos han robado los terratenientes!. Ahí hubo un distanciamiento entre ellos.

¿Qué pasó luego?, Zapata desesperado se apoyó en la sabiduría que tenía un profesor rural que era Otilio Montaño, más los conocimientos de don Antonio Díaz Soto y Gama y de la unión de todos ellos salió el Plan de Ayala; un documento en el cual se desconocía al presidente Madero porque nada pudo ofrecerles siquiera, pero cometieron un error grave, al desconocer al presidente, nombraron como jefe de la Revolución al general Pascual Orozco, pero no al Orozco que conocemos sino a su papá. Con este detalle se considera a Zapata como un tonto puesto que a once días de que ya se vislumbraba el triunfo de la Revolución él defecciona.

Sin embargo, el plan de Ayala que fue firmado por la mayoría de los generales y elementos de tropa precisamente en el poblado que lleva ese nombre, «Villa de Ayala», en honor de un luchador que hubo durante la época de la independencia y que fue muy allegado a Morelos, curiosamente Zapata descendía de esa familia. Ahí se pusieron de acuerdo para empezar a repartir las tierras, poco tiempo después se reunieron en el poblado de Ixcamilpa Puebla, y ahí está el acta firmada por todos donde consta que el reparto que se hizo en ese lugar es anterior al que llevara a cabo el general Lucio Blanco en Matamoros cuando repartió la Hacienda de Las Borregas.

Aunque se pudiera creer que Zapata inició el reparto de tierras, debemos reconocer que no es así. Desde años antes hubo un luchador social en Sinaloa que se llamó Eraclio Bernal, y él repartía tierras y les entregaba títulos de propiedad para que los campesinos las defendieran con las armas que era la única forma. Sin embargo ya en el siglo XX sí fue este luchador suriano quien lo iniciara y tuvo tanto éxito con ello que empezó a ganar más adeptos que Carranza con todas sus leyes.

Los pensadores ilustres que acompañaban al de Cuatro Ciénegas, le hicieron ver eso, y éste se apresuró a promulgar una ley que lleva el nombre de la fecha de cuando se hizo esto, «Ley del 6 de Enero de 1915». En ella Carranza ya legalizaba la entrega de las tierras a los campesinos pero debemos reconocer que sus intenciones estaban plasmadas sólo en el papel, le disgustaba mucho que los gobernadores cumplieran con esa ley y un caso único es lo que sucedió en el estado de Tabasco; el general Francisco J. Mujica gobernador y comandante militar de esa entidad, en cumplimiento de la ley que se menciona hizo un gran reparto de superficies laborables por lo que fue reconvenido por el presidente Carranza y le ordenaba que devolviera las tierras a sus antiguos propietarios.

El general Mujica, hombre de una sola talla, contestó que no estaba dispuesto a hacer lo que le ordenaban y por lo tanto era preferible enviar su renuncia.

Sigue la lucha armada, el constitucionalismo empezó a vencer a las demás facciones; Villa es derrotado totalmente en la Hacienda de Santa Anna, en las batallas de León  Celaya y a la División del Norte se le quebró la espina dorsal, Villa nunca más fue un peligro para el gobierno. En menor escala Zapata seguía siendo una molestia para el gobierno y seguros estamos de que fue un allegado a Carranza llamado general Pablo González quien urdió un maquiavélico plan para deshacerse de él; no faltó un voluntario que se encargara de la traición, éste fue el general Guajardo a quien le prometieron 50 mil pesos en oro más el grado  de general y así fue tejiendo la madeja de la ignominia.

El día 10 de abril Zapata se vistió con todo lujo, se puso un traje blanco de fino paño así como su sombrero que lo distinguía y montado en el As de Oros, se dirigió a la hacienda de Chinameca. Ya lo esperaban, primeramente un cornetín de órdenes dio los toques convenidos para rendir honores al general que llegaba de acuerdo a su investidura, la guardia presentó armas y los soldados ya con órdenes precisas bajaron éstas en dirección de Zapata que acababa de entrar por el portón principal y dispararon sobre él. Ahí quedó su cuerpo tendido, todo su estado mayor huyó. Su cuerpo fue llevado a Cuautla y exhibido al público para escarmiento.

Ahí existen todavía sus restos en el cementerio municipal, sus familiares se han negado a que los exhumen hasta que se cumplan los postulados zapatistas, cosa que nunca sucederá.

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