Hablemos de ….

Por Rafael Tortajada

 

La “Guerra de los Pasteles”

Desde un principio el siglo XIX estuvo lleno de altibajos políticos que dieron lugar a una serie de cambios de presidentes de la República, habiendo algunos de ellos que solamente alcanzaban a estar en el poder unos cuantos días y en el mejor de los casos uno o dos meses ya era una eternidad.

En lo que era la ciudad de Tacubaya se encontraba un francés que confeccionaba unos ricos pasteles y que desde luego expendía al público al menudeo biscochos pero, su calidad no desmerecía.

En una ocasión varios soldados mexicanos consumieron cierta cantidad de los famosos pasteles y desde luego no los pagaron, nada raro existe en el hecho de que el propietario de dicha pastelería pretendió cobrar por medios legales el valor de su mercancía, el tiempo pasa y desde luego le fueron acumulando con sus exigencias cantidades mayores a las adeudadas.

Un abogado mexicano de esos de pocos escrúpulos pero que tenía mucho conocimiento sobre las leyes comerciales, tomó el caso en sus manos e hizo una reclamación perfectamente legal al gobierno mexicano pero, para desgracia de éste, debido al tiempo que ya había transcurrido la cantidad subió a muchos miles de pesos, como es lógico esa cantidad estaba fuera del alcance del gobierno de México para ser pagada; las reclamaciones fueron subiendo de tono y llegaron hasta París donde el emperador Napoleón III dio la oportunidad de castigar al gobierno mexicano aunque fuera en una menor cantidad para exhibirlo no solamente en su incapacidad económica sino jurídica.

Un buen día y sin más explicaciones se presentaron frente a la Villa de Veracruz una flota de buques franceses dispuestos a cobrar a como diera lugar y el asedio al puerto mexicano fue una tremenda tragedia para el gobierno puesto que las arcas nacionales se vieron completamente mermadas y a pesar de los esfuerzos que hubiera podido hacer el presidente en turno, no era posible cubrir esa cantidad.

Los barcos franceses bloquearon totalmente el puerto y empezaron a cobrar los impuestos de todas las mercaderías que entraban a terreno nacional dejando sin efectivo a las arcas locales.

Por esos tiempos ya empezaba a dar mucha guerra Antonio López de Santa Anna con todas sus pretensiones para ser presidente de México cosa que al final de su carrera política pudo ocupar la silla presidencial en 11 ocasiones, aunque si sumamos el tiempo en que estuvo en cada una de ellas no se alcanza a completar un sexenio de los de ahora.

Para hacer mayor presión al gobierno, los franceses efectuaron un ataque a la población civil veracruzana que no hubo más remedio que encontrar al susodicho Santa Anna en paños menores pero, como no lo conocían, éste les dio una dirección equivocada y terminaron llevándose a otro personaje prisionero.

Este episodio de la vida nacional mexicana fue el preámbulo para que años después ya el emperador de los franceses decidiera ordenar una invasión en forma a nuestro país que desgraciadamente se desarrolló sangrientamente pero que, dio lugar a que el pueblo mexicano demostrara su carácter patriótico en torno al presidente Juárez y que, a pesar de la superioridad de armas y de estrategias europeas, los humildes mexicanos terminaron venciendo a esos que se creían los mejores soldados del mundo y el resultado fue que todo se escribió finalmente en el Cerro de las Campanas con el fusilamiento de Maximiliano y los generales Miramón y Mejía.

Y todo por unos pasteles.

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