Vereda Anónima

Por Dalal El Laden

 

 

Serenata para la tierra de uno*

“Porque me duele si me quedo, pero me muero si me voy, por todo y a pesar de todo, mi amor, yo quiero vivir en vos”.

Perdí la cuenta de cuántas veces la escuché esta mañana, después de haber paseado a Catira y regresado a la cama para estar en ella “sólo diez minutos”; allí, echada, encontré este poema hecho canción, y mis ojos -que me saludaban desde el negro de la pantalla del celular- desearon terminar de cerrarse ante esa voz que se ha ido y no a la vez, porque continúa arrullándome con su sentir hecho palabra, arrullo que -como otras tantas veces- hoy me jaló a seguir sobre el desorden del edredón entre el libro entre las sábanas bajo la almohada bajo mis cabellos.

“Por tu decencia de vidala, y por tu escándalo de sol, por tu verano con jazmines, mi amor, yo quiero vivir en vos”.

Y allí seguía yo, toda anestesiada, y ya no era muy temprano. Chiquita aterrizó, movió una por una sus manos para oprimir delicadamente mi pecho, y besó las mías -que sujetaban al aparato desde donde venía la guitarra con cada letra- recordándome con cada ronroneo que ya tenía que levantarme.

“Porque el idioma de infancia es un secreto entre los dos, porque le diste reparo al desarraigo de mi corazón”.

Canté mientras el agua refrescaba cada uno de mis poros. Canté mientras respiraba gracias a quien la escribió y a quien la hizo suya con su todo: María Elena Walsh y Mercedes Sosa. Canté mientras tomaba el acondicionador en lugar del champú.

“Por tus antiguas rebeldías y por la edad de tu dolor, por tu esperanza interminable, mi amor, yo quiero vivir en vos”.

Canté mientras yo me acercaba mi vestido mientras yo me suplicaba recordar si me había enjabonado el cuerpo. Canté mientras yo abría la puerta para volver a cerrarla, dejando a mis niñas con el eco de la magia que esas dos almas me (nos) han regalado.
“Para sembrarte de guitarra, para cuidarte en cada flor y odiar a los que te castigan, mi amor, yo quiero vivir en vos”.

Canté,
canté,
canté la serenata,

y finalmente salí y le sonreí -como desde hace mucho, mucho no lo hacía- a esta tierra-su tierra-mi tierra-tierra de todos los que la tenemos aquí, muy, muy dentro.

 

*”Serenata para la tierra de uno”, del libro “Hasta donde me permita la vida”, de Dalal El Laden.

 

http://dalalelladen.blogspot.com / Facebook: Correctora de Estilo Isla de Margarita.

 

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