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La Tierra

Por Rafael Tortajada

Ahora que está de moda en que a las sociedades científicas les ha dado por celebrar festividades a propósito de muchos acontecimientos, aprovechamos para hablar de lo que se considera el «Día de la Tierra», haciendo desde luego amplios comentarios sobre lo que es y significa para los que habitamos en ella. Paradójicamente se dice que el mundo es cada día más pequeño pero, se debe a que con los medios de transporte tan rápidos es más fácil trasladarse a cualquier punto de nuestro planeta.

Siendo el asiento de tantas civilizaciones, es muy lamentable que es precisamente la mano del hombre quien está acabando con su productividad, los desechos de las industrias van a parar a los ríos y éstos a la vez a los mares donde están extinguiendo infinidad de seres al grado que hasta se sabe qué cantidad de especies se extinguen por día debido al descuido humano.

En su composición, lo que más debemos cuidar es el agua y no lo hacemos; da pena observar cómo se les pasa la mano regando calles y lavando banquetas con la manguera y aunque la paguen a la Ciapacov, es un elemento que se está gastando y que de seguir así pronto sufriremos las consecuencias por el exceso de habitantes que cada día necesitan más líquido para su aseo y necesidades.

No debemos permitir que el destino nos alcance porque cuando tengamos el problema a la vuelta de la esquina ya no habrá retroceso con todos los males que le estamos causando con nuestro erróneo proceder.

Este es un planeta del sistema solar y que al parecer es el único habitado, cuando menos el hombre así lo considera. En el orden que tiene de distancia al sol ocupa el tercer lugar y se encuentra entre Venus y Marte. Gira con un movimiento casi uniforme alrededor a un eje que pasa por su centro de gravedad y al mismo tiempo describe una órbita elíptica alrededor del sol.

Este famoso semieje en su parte mayor de la órbita mide unos 150 mil kilómetros; la revolución de la tierra alrededor del sol es la que determina la duración del año y su rotación sobre sí misma marca la duración del día. El diámetro ecuatorial mide aproximadamente 12,750 kilómetros; con los métodos modernos de investigación nos permiten estimar la edad de la tierra en unos 4,600 millones de años.

Vamos viendo su constitución interna, una parte del centro es el núcleo interno seguido por uno externo, después viene un manto inferior y luego uno superior y encima de todos ellos existe una pequeñísima capa de tierra que es la corteza terrestre; por lo que, debemos considerar lo frágil que es y que el hombre en su irresponsabilidad al trato que le da está acabando con ella.

Según la teoría de Simón Pedro Marqués De Laplace, astrónomo, matemático y físico francés; que a la vez es autor de trabajos sobre mecánica celeste y cálculo de las probabilidades de una hipótesis cosmogónica, según la cual el sistema solar habría surgido de una nebulosa en rotación.

Según él a una gran masa nebulosa en su incesante girar se le fueron desprendiendo partes que quedaron bajo la influencia de ese mismo gran cuerpo y esas partes son los diversos planetas que forman el sistema solar.

En ese montón de años que se dice tiene de vida la tierra como planeta, se sucedieron una serie de transformaciones que fueron modificando su estructura y sobre todo que durante millones de años fue sufriendo un periodo de enfriamiento; siguieron pasando los años y un buen día por efectos de cuerpos, temperatura apropiada y seguramente con la voluntad divina nació una célula y este pequeñísimo ser sobrevivió a los millones de años que le siguieron hasta que fue transformándose en la más grande de las diversidades de las cuales quedan sólo las que conocemos.

En su constante transformación aparecieron los grandes seres como fueron dinosaurios y otros de su misma especie que reinaron durante mucho tiempo sobre la faz de este planeta, hasta que en su constante acomodamiento de las capas terrestres seguramente sobrevinieron una serie de cataclismos y todos esos grandes animales perecieron dando lugar a que subsistieran sólo los más adaptables; de estos que se citan los únicos que quedan y más conocidos es el cocodrilo y el caimán que se considera pueden tener una edad de unos100 millones de años y a la fecha subsiste como en ese tiempo; no debemos pasar por alto la longevidad de la hormiga (Attafervens)que se considera que tiene 150 millones de años.

Sin duda el insecto más antiguo que no ha sufrido evolución sino en su parte interna es la cucaracha(Periplaneta americana) a la que se le considera una edad de 200 millones de años, a tal grado,que se llega a creer si hubiera una confrontación atómica, sería el único ser que sobreviviría.

El hombre ha luchado por destruirla durante muchos años y no lo ha logrado; el intelecto humano ha creado insecticidas específicos para acabar con esta plaga y cuando les es aplicado sólo se muere una parte de ellas, la siguiente generación ya adquiere resistencia a lo que antiguamente se le decía el fenómeno de «mitriditización» en honor a aquel mítico rey de nombre Mitriades que cuando supo que lo iban a envenenar empezó a ingerir pequeñas dosis de todos los venenos que había en la región, cuando le dieron una dosis suficiente para matarlo su cuerpo ya había adquirido resistencia y no le causó efecto alguno, sólo lo mareó un poco.

El hombre está empeñado en acabar con los insectos y en ese afán inmisericorde también ha ido terminando con los benéficos, un insecticida no respeta ni puede distinguir.

Durante la segunda guerra mundial se inventó el D.D.T., (dicloro-difenil-tricloroetano) y con ese líquido regó gran parte de las Filipinas y consideraron un éxito tan rotundo que anunciaron el fin del paludismo, ya que decían haber extinguido el mosquito llamado anópheles por lo que fue muy justo rendirle un homenaje a Carlos Finlay, médico cubano que descubrió la forma de curar la malaria o paludismo que azotaba enormemente a las poblaciones de las zonas tropicales.

Aquí en Colima, cuando se esparció la tremenda epidemia de la fiebre amarilla, un doctor colimense estuvo a punto de descubrir el origen del mal, sólo que murió antes y el desfile de muertos hacia el panteón se hizo interminable en toda la región.

Ahora el D.D.T. está prohibido, así como todos los clorados ya que, la cadena mortífera de ellos no se rompe y sigue causando muerte; los científicos siguen dando tumbos ante la ciencia tratando de descubrir insecticidas sistémicos para suprimir con exclusividad alguna especie de insectos, no lo han logrado, lo mismo se hace con los fertilizantes, modernizando los productos y formas de aplicación para restituirle a la tierra los elementos que pierde en cada cosecha, no ha sido posible; con los herbicidas no sólo se combate las malas hierbas sino que también esteriliza una capa de la tierra, en síntesis: en su afán de mejorar la vida humana agrícola y animal del planeta nos están llevando a un caos, los residuos de tanto producto químico se van al subsuelo y se integran a los mantos freáticos cuyo líquido es consumido por la población, causando una gran cantidad de males y que no se sabe por qué razón.

Según la opinión de los estudiosos, a pesar de las tragedias que el hombre ha ocasionado con guerras, con exterminios masivos de humanos y de animales, se dice que, el hombre es bueno por naturaleza; a pesar de todo su mente ha sido capaz de crear lo más bello y excelso de la vida, no ha sido competente para quitarle la belleza a un atardecer, en el momento en que el sol extingue su luz en ese ocaso cotidiano, lanza los últimos rayos en su agonía; no ha tenido la fuerza para quitarle la hermosura a una flor cuando en primavera se llena de lozanía y de belleza indescriptible formando esos tapetes multicolores que satura la retina de aquellos que tienen la fortuna de admirar esa obra tan grande de la naturaleza; seguramente en cada uno de los procesos evolutivos de la vida está supervisada la acción de Dios, Alá, o Jehová, el nombre no importa, lo que si interesa es que existe y que va normando cada paso de la naturaleza.

Nosotros pigmeos humanos hemos creído que somos capaces de modificar la inconmensurable obra del creador y constantemente nos sentimos amos del universo, cuando en realidad sólo habitamos un pequeñísimo planeta de los cientos de miles de sistemas que siempre estarán expuestos a que se los engulla un hoyo negro.

Lo importante del día es que estamos viviendo uno más de los billones que ya han pasado y que a pesar del empeño por destruir la tierra todavía tenemos ánimos de celebrar uno más dedicado a ella. Guardémosla.

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