Reflexiones de vida

Eduardo Lomelí G.

 

Me faltó carácter

En un barrio común del estado de Colima, surge esta historia para sacudir las conciencias de los padres, que por amor a los hijos no permitimos que nuestros ojos vean el futuro que a nuestros críos señala.

En la esquina de una cuadra de aquellas calles, un pequeño de diez años esperaba fuera de una tienda, a que los niños salieran  de comprar los encargos de sus padres, con una pistola de agua les apuntaba logrando mojar sus rostros, sonoras carcajadas se dejaban escuchar al lograr su cometido, cierto día Raúl, un hombre de treinta y cinco años de edad llama a Francisco su hijo de nueve años.

-Hijo ve a traerme un rastrillo a la tienda-. El pequeño lo miraba con temor, sus ojos mostraban aquel temor que sentía al tener que dirigirse a la tienda, el padre al percatarse de esa reacción pregunta con molestia.

-¿Por qué no quieres ir Paco, acaso el tendero te molesta?-.

-No papá, lo que sucede es que siempre al salir de la tienda Esteban nos espera con una pistola de agua y nos moja, con tremendas carcajadas nos amenaza que si decimos algo que entonces si va a traer una pistola de  vedad y nos matará-. Aquel hombre de alta estatura sorprendido por la anécdota contada se pone de pie diciéndole al retoño.

-Haber hijo vamos tu entraras mientras yo me escondo detrás del árbol para observar a ese mentado Esteban-. Paco con el pánico a flor de piel toma al padre de la mano, aquel pulso templaba sin control, al llegar a la tienda ordena el padre.

-Ve por el rastrillo hijo.

-¡Míralo papá ahí está detrás de la camioneta del señor de la tienda!

-Ve a comprar que yo estaré atento-. Al salir de la encomienda Esteban ni tardo ni perezoso cierra el camino de Paco, apuntando con el juguete lo empapa de agua, tremendas carcajadas se dejaban escuchar del chiquillo, cuando una voz interrumpe el festejo.

-¡Eee chamaco, porqué mojas a mi hijo! Esteban corre con rapidez pero Raúl fue más hábil logrando alcanzarle, con cólera lo toma de la playera diciéndole, ¡porqué mojas a mi muchacho, chamaco travieso!-. La respuesta recibida lo dejaba helado, no daba crédito a las palabras de aquel niño de diez años.

-Porque estoy practicando, cuando sea grande seré narco y matare gente de verdad.

-¡Estás loco muchacho, donde vives!

-Ahí, en esa casa, ¿por qué?

-Porque ahorita hablare con tu madre para ver qué opina de esto.

-Dígale, no le tengo miedo-. Dirigiéndose al domicilio con fuerza tocaba la puerta de madera, sale una mujer de aspecto humilde pero de vocabulario corriente.

-Qué quiere don.

-Señora vengo muy molesto con su hijo, se la pasa mojando al mío con una pistola de agua cada que sale de la tienda, y eso no es lo grave, le pregunté por qué lo hacía y ¿qué cree que me respondió?

-No pos sepa don, ¿qué le dijo?

-Que cuando sea grande será narco y matara mucha gente.

-Jajajajajajajajajajajaja, ¡no le crea señor está loco!-. La señora festejaba la respuesta de su pequeño travieso.

-¡Pero señora esto no es normal, tiene que poner solución a esta queja!

-¡Si don sí! yo lo veo he, buenos días-. Aquel hombre desesperado se retiró del domicilio, aconsejando al crío.

-Pues ni modo hijo, tendrás que defenderte, esta mujer no hará nada-. Pocos años después se miraba a Esteban, ir y venir en una bicicleta, su comportamiento continuaba dudoso, poco tiempo después se le veía en distintos carros de reciente modelo, visitaba restaurantes de alta imagen, la choza donde vivió su infancia se convertía en una vivienda digna.

Un martes por la mañana se encontraba Esteban al pie de la puerta de su casa, dialogando con su madre.

-Ya ves vieja, la suerte nos sonríe, en la vida tenemos que tomar decisiones desde muy temprana edad para ser alguien en esta sociedad-. La mujer lo miraba con temor en sus ojos, de pronto sin que lo esperaran, una camioneta de extremo valor se detenía frente a ellos, preguntando a Esteban.

-¿Ya tienes el dinero?

-No, es cuestión de unos días esperen un poco-. Solo se escuchó una descarga de metralleta terminando con su corta vida, quedando muerto a los pies de su madre con solo diecinueve años, ella solo se agachó para tomar aquel cuerpo sin vida entre sus manos, diciendo con lágrimas en sus ojos.

-Me faltó carácter para conducir tu vida, no te conformaste con comer frijoles hijo, querías carnita y te costó la vida.

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