Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

¿Es cierto que El Peje puede ganar?

Me he mantenido escéptico desde hace meses a las presunciones de Andrés Manuel López Obrador que sostiene que será presidente de México o se va a la chingada, aplico lo que todos los adultos debiéramos tener, que es sentido común (mi Papá decía que era el menos común de los sentidos). ¿Por qué votar por el tabasqueño?, no me parece que sea un hombre inteligente, tampoco que sea culto, es muy irascible, lo que lo hace peligroso, caprichudo, más allá de la tenacidad razonable, escurridizo en respuestas que aclaren de qué vive. ¿A quién le hace cuentas Morena que es de su propiedad?

Rodea a López Obrador un ambiente que ha creado de misticismo, el perfil de un mesías, de un santón infalible que promete solucionar problemas sin decir cómo, regalar dinero a cinco millones de jóvenes que no trabajan y no estudian, a los hombres y mujeres de la tercera edad, desconfía de cualquier obra o adquisición que hubiera hecho la administración actual, miente al afirmar que ya ofreció el avión presidencial a Trump, que invitará al Papa, junto con otros personajes para elaborar un plan para lograr la paz en México.

Ya me imagino a Su Santidad participando en mesas de trabajo junto a Trump, a otros personajes de la política internacional, analizando y discutiendo proyectos buscando cómo pactar con los delincuentes y el gobierno para una amnistía.

¡Por favor!

No se puede, no se debe tomar en serio lo que no lo es y Andrés Manuel es un político que no sustenta, no apoya en la realidad lo que dice, son ocurrencias del momento, como la respuesta a Adriana Pérez Cañedo, conductora del espacio noticioso del Canal Once, cuando le preguntó sobre algún compromiso internacional y abordar un avión de línea que pudiera arrastrar un retraso de varias horas, ¿qué hará si no puede llegar a tiempo? Y la respuesta fue simplista como él lo es: “Pues no llegué. No llegué”. Así de fácil.

De pronto, asegura que se reunieron el mandatario de la nación con los dirigentes de los empresarios importantes del país y que acordaron cómo dañar su campaña, a lo que el propio Enrique Peña Nieto negó un posible acuerdo con el candidato Ricardo Anaya para evitar un eventual triunfo del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, “Nadie negocia conmigo, yo soy presidente”, dijo cuando le preguntaron sobre el tema.

Andrés Manuel responde a impulsos y sin confirmar lo que escucha como un rumor, lo usa como argumentos serios, todo nace cuando el candidato Ricardo Anaya sugirió que se podría reunir con Peña Nieto porque estaba “abierto a construir con quienes haya que construir para ganar esta elección y darle viabilidad al futuro del país”. Los complejos recovecos del cerebro de El Peje malinterpretaron lo anterior y de ahí surgió que el presidente había negociado cómo evitar su triunfo.

Lo mismo ocurre con la construcción del aeropuerto, que se ha convertido en el gran tema de López Obrador, insiste en definir lo que debiera hacerse para mejorar el actual servicio y además asegura que hay contratos ventajosos para las constructoras que ya están trabajando en una obra de tal magnitud, que sólo pudiera compararse con la construcción del Canal de Panamá. Porque yo lo digo.

A poco menos de sesenta días de la gran consulta a todos los ciudadanos mexicanos,  al candidato del PRI-PVEM, a quien han ubicado como “el rival más débil”, me refiero a José Antonio Meade, se suma Enrique Ochoa Reza al renunciar a la presidencia nacional del tricolor, y se incorpora y recibe la responsabilidad un priista con mucha experiencia como lo es René Juárez Cisneros, que fue gobernador de Guerrero, diputado federal y senador de la República.

Nadie puede argumentar que el cambio es porque las cosas andan bien en el partido en el poder, tampoco se puede asegurar que el PRI esté fuera de la contienda, en los casi sesenta días que restan, habrá movimientos, reacomodos y el resultado final el uno de julio será la verdad absoluta, entonces sabremos quién será el sucesor de Enrique Peña Nieto.

Que sea para bien.

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