A menos de dos meses

En una radiografía actual, a menos de dos meses que se lleven a cabo una de las elecciones más reñidas de la historia moderna del país, no sólo las federales, sino también las concurrentes, que tendrán verificativo en varias entidades federativas, entre ellas Colima, las y los candidatos a los distintos cargos de elección popular que estarán en disputa el primer domingo de julio venidero, se encuentran en franco proselitismo en busca del voto ciudadano.

Durante sus mítines, recorridos y reuniones de campaña, las y los abanderados a las posiciones de mayoría relativa dan a conocer sus propuestas e iniciativas en el afán de convencer al electorado, quien tiene la obligación cívica, independientemente de ir a sufragar a las urnas, de contrastar lo que proponen los candidatos, a fin de optar por la mejor opción que los represente los próximos tres o seis años, según sea el caso.

La mayoría de los habitantes del estado están hartos de tanta campaña proselitista, de propaganda electoral y de que algunos políticos prometan pero a la hora de la verdad falten a la palabra, y lo que es peor, que no regresan a sus distritos o a las comunidades ya cuando detentan el cargo por el que contendieron.

A decir verdad, a las y los candidatos a las diputaciones locales, alcaldías y posiciones federales les falta dar a conocer de manera más integral y convincente sus propuestas y compromisos, el cómo hacer y no tanto qué hacer, a través de las cuales resulten beneficiados los habitantes, sobre todo los que conforman los sectores más desprotegidos.

Sin embargo, los postulantes a los diferentes puestos de elección popular se enfrascan en dimes y diretes, en actitudes contestatarias y echar lodo a sus contrincantes políticos, cuando debieren centrarse y concentrarse en proponer cuestiones viables y necesarias a los ciudadanos a fin de convencerlos a tal grado que garanticen su voto, dado que hoy en día los electores se van más por los nombres que por las siglas partidistas o coaliciones.

A menos de dos meses, hay un hartazgo social. Por ello y potras cuestiones, la autoridad competente debiera regular más a los contendientes, impulsando por un lado -guardando las proporciones- un debate, al igual como ocurre con los candidatos presidenciales, y por otro disminuyan las visitas domiciliarias o la propaganda electoral.

 

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