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Día de la madre

Por Rafael Tortajada

Las primeras celebraciones del Día de la Madre se remontan a la antigua Grecia, donde se le rendían honores a Rhea, la madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades, entre otros. Los romanos llamaron a esta celebración La Hilaria cuando la adquirieron de los griegos. Se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles y durante tres días se hacían ofrecimientos.

Esta celebración se dio por la iniciativa de una joven, Anna Jarvis, hija de Anna Reeves Jarvis, una activista comunitaria de Virgina Occidental, que hacia 1858 tuvo participación en la organización de las mujeres para trabajar en la mejora de la sanidad pública en las comunidades apalaches durante la Guerra Civil Estadounidense.

Anna, que perdió a su madre en 1905, comenzó a enviar cartas a políticos, abogados y otras personas influyentes solicitando que se consagrara Día de la Madre el segundo domingo de mayo (el cual algunos años coincidía con el aniversario de la muerte de su madre).

Finalmente, en 1914, el Congreso de Estados Unidos aprobó la fecha como el Día de la Madre y la declaró fiesta nacional, lo cual fue apoyado por el Presidente Woodrow Wilson.

Más tarde otros países se adhirieron a esta iniciativa y pronto Ana pudo ver que más de 40 países del mundo celebraban el día de la madre en fechas similares. Sin embargo, la festividad impulsada por Ana Jarvis comenzó a mercantilizarse, de manera tal que se desvirtuaba el origen de la celebración. Esto motivó a que Ana presentara una demanda, en 1923, para que se eliminara la fecha del calendario de festividades oficiales. Su reclamo alcanzó tal envergadura, que hasta fue arrestada por disturbios durante una reunión de madres de soldados en lucha, que vendían claveles blancos, el símbolo que Jarvis había impulsado para identificar la fecha.

Ana luchó con insistencia contra la idea que ella misma había impulsado, perdiendo todo el apoyo de aquellos que la acompañaran inicialmente. En un reportaje que le hicieron antes de su muerte Ana mencionó su arrepentimiento por haber impulsado el Día de la Madre.

En México la celebración de la que se habla líneas anteriores se debe a la iniciativa que tuvo don Rafael Alducin que por los años 20 era el director del periódico El Excélsior; él tomó la estafeta de esta celebración que se acababa de oficializar en los Estados Unidos por parte del Congreso y la empezó a difundir en nuestro país, desde luego que, dadas las circunstancias de la lentitud en las comunicaciones de la época, dicha costumbre se fue propagando muy despacio, no sólo porque en ese tiempo era muy poco el porcentaje de mexicanos que sabían leer y por lo tanto no podían enterarse de las noticias periodísticas.

A Ana Jarvis que es a quien se debe la idea principal de esta magna celebración, también le deben agradecer no sólo las madres sino todas las grandes cadenas de tiendas comerciales ya que sin proponérselo de hecho, les abrió un filón de riqueza a éstas; se considera que solamente la navidad es cuando se superan las ventas en relación con las del día de la madre o sea que esta jovencita hizo millonarios a muchos comerciantes.

¿Qué se puede decir de la madre que no se haya dicho ya?, basta observar el quehacer cotidiano de una familia de escasos recursos para apreciar el heroísmo de la madre que multiplica los pocos haberes que a veces el marido le lleva y que tiene que hacer milagros para que le ajusten, lamentablemente en familias numerosas este milagro no se produce.

El día de la madre en los corazones de todos los hijos debiera ser una fecha perenne, la madre es un ser que no piensa en arriesgar la vida o cuando menos su seguridad si ve en peligro la de su hijo aunque éste sea un vago o mal viviente.

Si nos referimos a la maternidad en general, nos podemos soslayar en los reportes televisivos con los ejemplos que a veces ponen las hembras, inclusive las que tienen fama de ser más desnaturalizadas como son las hienas, y podemos observar el inmenso cariño con el que están atendiendo a sus cachorros hasta que llegue el momento de que ellos se puedan bastar a sí mismos.

A mí me crió mi abuela, pasé una niñez de pobreza y desdicha y cuando no había leña para atizar el fogón donde mi santa madre abuela cocinaba los alimentos, yo tomaba un caballo negro que se llamaba “el indio” y me iba a un cerro que dista varios kilómetros del poblado donde crecí; en la soledad del bosque todo me parecía mágico, los cantos de los pájaros, el silbar del aire al pasar por las ramas y las hojas de los árboles, yo me embelesaba observando las nubes que tomaban formas caprichosas y que algunas de ellas parecían dragones, otras parecían serpientes y me llenaban de temor, mi única defensa era hacer lo que mi abuela me había enseñado “rezar” y yo lo hacía con mucho fervor.

Cargaba mi caballo con la leña y emprendía el camino de vuelta, sólo que ahora yo a pie guiando al animal; a veces se me hacía tarde y cuando llegaba a cierto punto geográfico donde ya se distinguen lugares específicos del poblado ya podía distinguir a mi abuela que, seguramente, ya hacía horas que me esperaba, temerosa de que algo me hubiera pasado.

Afortunadamente siempre llegué sano y salvo, tengo la impresión de que las oraciones de mi abuela me protegieron. Esas escenas de la vida siempre las llevaré como un recuerdo nítido en mi mente y hasta el final de mi existencia, guardaré un recuerdo de la mujer que luchó para que yo me formara.

La madre; un ser que no siempre la entienden en lo que vale en su hogar, con su marido o con sus hijos; ahora ya se toman la libertad de contradecirla y a veces hasta ningunearla y a pesar de las ofensas que recibe las pasa por alto, el cariño por los suyos sobrevive a todas las desavenencias de la familia. Qué lejos estamos de la época en que la madre era un ser intocable en la sociedad y en el hogar, el modernismo de esta vida que nos agobia han ido desapareciendo las costumbres que, aunque se diga que son cuestiones de la vida moderna, el respeto a su progenitora debe existir, a ella siempre se le debe ver con veneración, se le debe tratar de consolar si la vemos triste, de apoyar si la vemos con problemas de cualquier índole, en síntesis, los hijos deben esmerarse por enaltecer a su madre porque ¡qué tristeza cuando ya no la tenemos!.

Una felicitación a todas las mamás.

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