Vía institucional

La noche del 1 de julio será la más larga del calendario político-electoral del país. Con la población en vilo, el Instituto Nacional Electoral (INE) dará los primeros resultados de las elecciones presidenciales que, independientemente del ganador, sobre todo si no es el candidato presidencial de Movimiento de Regeneración Nacional, abrirá la puerta de un conflicto poselectoral de consecuencias impredecibles.

Dicho sea de paso, esa noche  podría ser la más negra de la historia moderna de México, porque se pudiesen suscitar episodios virulentos aciagos y del México bronco que ningún mexicano bien nacido desea.

De acuerdo con las encuestas, mismas que son diagnósticos del momento y, por tanto, pueden variar de la noche a la mañana, pueden ocurrir dos escenarios: el triunfo del político que va arriba en las preferencias electorales actuales, lo que seguramente sus adversarios políticos aceptarán el resultado y con ello no habrá conflicto poselectoral, aun cuando en el país se podría generar un retroceso; o pierde éste, y entonces sí, desde el primer minuto del 2 de julio, el INE y el TEPJF serán las principales instituciones en ser atacadas por sus simpatizantes.

Desde plantones, marchas, mítines, manifestaciones, hasta el llamado a la violencia, al menos eso se vislumbra y se sabe desde ahora.

Ojalá que la promesa del consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova Meyer, en el sentido de que no habrá fraude ni caídas del sistema, pudiera atenuar la virulencia de los adláteres del puntero de las encuestas.

A poco más de un mes y medio de la jornada electoral, se hace necesario llamar a los candidatos presidenciales José Antonio Meade, Margarita Zavala, Ricardo Anaya, Jaime Rodríguez y Andrés Manuel López, para que firmen un pacto para respetar los resultados de los comicios, pero se sabe por experiencias pretéritas que este último no acataría el mandato de las mayorías dado en las urnas.

Las inconformidades, apelaciones y demás, pues, por el bien de México y sus habitantes deben canalizarse por la vía institucional a través del Tribunal Electoral y no por la vía de la movilización del país para desconocer los resultados.

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