Hablemos de …

El Maestro

Por Rafael Tortajada

El día del maestro nació como todo, en forma débil e incipiente al grado que, hubo ocasiones en que ni siquiera un desayuno se les pudo ofrecer a los mentores por falta de presupuesto, así era de pobre el erario mexicano. En este Estado de Colima hubo un mandatario que aunque gobernó solamente 2 años, él fue quien promulgó con categoría de ley que el día del maestro debiera ser el 15 de mayo; el personaje al que nos referimos era el profesor Felipe Valle que como menciono, sólo estuvo en el poder dos años llevó a cabo varias reformas entre las que se cuentan la Constitución que actualmente rige los destinos de Colima; la formación del ejido de Cuauhtémoc y posterior municipio con el mismo nombre.

Cuando se decidió la sucesión gubernamental, el general Juan José Ríos tuvo que retirarse del Estado ya que fue llamado por Carranza para ocupar un alto puesto en la política nacional, él sumamente disgustado porque no pudo poner un sucesor, lleno de ira y sin previo permiso se metió al despacho del gobernador y arrancó el retrato de Benito Juárez y dijo que, «se lo llevaba porque no era digno de quedarse con el nuevo gobierno», a lo que el profesor Valle desde el balcón le dijo al público: «es cierto, se llevan el retrato del Benemérito de la América pero se queda entre nosotros su espíritu viviente que nos seguirá asesorando en base a las leyes de reforma».

Sin dejar de lado el enorme esfuerzo que requiere el ser maestro en cualquier circunstancia, se me graba más la acción de los profesores rurales que, por un módico sueldo se trasladaban a lugares apartados que algunas veces ni siquiera estaban marcados en los mapas; no sólo tenían que luchar contra la ignorancia sino que, su esfuerzo frontal era precisamente en contra del fanatismo, las costumbres ancestrales y muchas veces, tenían que enfrentarse a caciques que no deseaban el cambio mental de las personas.

Desde luego tenían muy presente que las letras elevan la cultura de quienes la reciben y quien esto hacen, empiezan a ver el mundo desde otra perspectiva y terminan cambiando de forma de pensar y ser.

Ahí veíamos al maestro rural que desempeñaba su labor como profesor en las aulas, como consejero en los matrimonios mal avenidos y aún sacándole fuerzas a su enorme cansancio cotidiano se alumbraban con algunas cachimbas de esas que se utilizaban en los pueblos, que se usaba el petróleo y una gran mecha para alumbrarse y conjuntamente con la luz que producían, era un enorme chacuaco, dejando los salones negros en el techo por la cantidad de humo que despedían. Era enternecedor observar cómo el maestro se iba acercando al lado de sus alumnos que, en esos momentos ya no eran niños, eran los padres de los niños que los convencía para que se atrevieran a asistir a la escuela nocturna y beber la sabiduría de los libros.

La enseñanza era lenta ya que no era posible que los campesinos pudieran captar el mensaje que el libro les daba, ahí intervenía el maestro explicando con palabras bondadosas y llenos de paciencia para que no fuera a desertar este individuo que ya siendo muy mayor de edad a veces se sentía avergonzado de estar frente a un joven profesor y poco admitían que fueran estos quienes le enseñaran los rudimentos de la preparación científica.

Cuántas veces nos llegaron noticias de maestros rurales que fueron sacrificados por cumplir con su deber; muchas veces fueron inmolados por personas incomprensivas que pensaban que se les iba a combatir su creencia religiosa y aún más, mentes malévolas le daban el mensaje de que, probablemente le quitarían a su Dios. Nada más falso.

Regularmente el mentor que llegaba a apartados pueblos tenía que vivir modestamente en algún rincón de los salones de clases, en alguna esquina encendía una pequeña estufa de petróleo donde podía cocinar sus alimentos; el lavado y planchado de la ropa ya corría por cuenta de señoras bondadosas de esas que nunca faltan en las comunidades rurales y que fueron tan indispensables para que el maestro tomara confianza y conciencia en ese poblado, buscaban  la oportunidad de arraigarlos porque, dentro de su poca preparación intuían que solamente a través de los estudios es como se logra combatir a la ignorancia.

A mí me tocó ser testigo en mi poblado natal, en las pocas veces que asistí como visitante a la escuela rural de cómo los profesores por largos meses vivían de fiado, de préstamos que personas de buena fe les hacían o que de plano caían en manos de prestamistas en espera de que les llegara su sueldo mensual que en ocasiones, tardaba meses y en otras se olvidaban de ellos, teniendo que ausentarse para asistir a las oficinas a gestionar el pago por su trabajo que ya había desempeñado.

Eran tiempos difíciles, pero eran además, aventuras que los poblados rurales vivían conjuntamente con el maestro que, en ocasiones llegaron a tomarle tanto afecto que, le reconocieron su labor considerándolo en la historia como un verdadero líder que propició el cambio social de todas las comunidades.

Desde luego en los lugares más apartados era donde más se sufría; cuando Moisés Sáenz que fue auxiliado por Rafael Ramírez y le dieron vida a la escuela rural mexicana, fueron el principal campo de lucha, en estos lugares se empezaron a preparar a los niños y jóvenes que, a la postre fueron los que pasaron a engrosar las escuelas normales de donde salieron tantos y tantos mentores con el mismo mensaje y vocación, se sentían comprometidos con México para asistir a donde la patria los llamara y su única visión era servir aunque el pago que era muy importante, llegara retrasado.

Estos dos sabios que se citan al principio, crearon en el lugar donde nada existía, lo que se fue formando como una bola de nieve, a cada vuelta iba creciendo y los gobiernos revolucionarios de nuestro México, empezaron a encontrar resultados positivos cuando palparon que, de la mente de los mexicanos salían las fórmulas tanto de matemáticas como de física y química que les abrieron las puertas a todos los estudiantes que pasaron por sus aulas.

Estos señores tuvieron el reconocimiento mundial porque, cuando se trajeron de Europa destacados educadores para que supervisaran lo que aquí se hacía, encontraron que no podía haberse hecho mejor y sobre todo se llevaron ideas de nuestro campo mexicano, ideas que esbozaron los maestros de nuestro país.

Al maestro con cariño, es como lo debemos recordar todos aquellos que cruzamos por unas aulas; lo primero que debemos tener en mente es a ese ameritado mentor que se paseaba frente a los grupos con una regla en la mano con la que señalaba al pizarrón o en algunas ocasiones soltaba uno que otro reglazo entre algún estudiante que no ponía atención.

Sin embargo es a esos hombres y mujeres que se esforzaron y lo siguen haciendo en beneficio de la educación y de todos los alumnos que acuden a las escuelas que la revolución ha creado para que los mexicanos tengan una enseñanza gratuita, obligatoria y laica.

Creo que es a éstos a quienes menos se les debe guardar rencor por algunas medidas disciplinarias que hayan tenido que tomar en beneficio de todos en el salón.

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