Reflexiones de vida

Eduardo Lomelí G.

 

Recompensa sobre ruedas

La ambición en muchos de los casos suele cobrar altos costos mortales, en otros recompensas inesperadas.

En Plan de Barrancas de Autlán de Navarro, Jalisco ocurrió esta historia, la carretera era obscura y solitaria, solo lucían un par de señalamientos que indicaban la descompostura de un auto, un hombre recargado sobre la cajuela del carro al ver luces, con su mano indicaba el auxilio que requería, un tráiler se detuvo y bajando del gigantesco camión se aproximó al hombre.

-¿En qué puedo ayudarle amigo?-. Saludaba de mano al desamparado hombre pero la piel era helada como un témpano de hielo.

-Sufrí una descompostura en mi auto y me urge llegar a Colima mi hija está muy grave y requiere de una operación, mi familia se encuentra sin dinero y me urge entregar este sobre con la cantidad que se requiere la intervención quirúrgica.

-Mira amigo tengo prohibido con la empresa, cargar con desconocidos me ocasionaría conflictos, si gustas y me tienes confianza dame la dirección y yo se lo are llegar a tu familia, es lo más que puedo hacer por ti-. El desesperado hombre al no tener opción respondió.

-Bueno amigo me llamo Rafael Gutiérrez entrégalo a María Domínguez mi esposa, esta es la dirección, son cuarenta y cinco mil pesos.

-No te preocupes amigo todo estará bien lo prometo. Tomando el sobre abordó su tráiler y se retiró del sitio, una vez en el camino con sonora carcajada repitió con fuerte voz.

-Todo estará bien para mi familia ¡que Navidad nos pasaremos con este dinerito amigo!-. Un fuerte sacudimiento del tracto camión lo alteraba y volteando al espejo lateral para percatarse  que provocó ese sacudimiento, la luna del lateral le mostraba un rostro cadavérico que lo erizaba de pies a cabeza haciéndolo perder el control del volante, cayendo de esa manera a un profundo barranco. Mientras perdía la vida el rostro del abandonado hombre se le reflejaba, con macabra sonrisa recogiendo el sobre de dinero.

El cadavérico hombre detenía otro auto propiedad de una paquetería de envíos.

Al detenerse el conductor y aproximándose al hombre con escalofríos inexplicables saludaba.

-Buenas noches señor ¿en qué puedo servirle?-. Rafael contando la misma historia, pedía al reciente amigo llevara el dinero al estado de Colima.

-No voy para ese Estado amigo, pero puedo acercarte a él y ahí te será más fácil.

-No puedo dejar el auto abandonado, pero sé que tu cumplirás con mi encomienda te lo suplico-. Rogaba aquel hombre desesperado.

-No lo sé, me desviaras mucho puedo tener problemas-. Se rascaba la cabeza el conductor.

-Se trata de la vida de mi hija, por favor-. Después de una larga meditación respondió.

-Está bien dame el sobre, tu dirección y a quien debo entregar el dinero.

-¡Gracias amigo, muchas gracias!-. Tu recompensa será grande amigo. No te retires hasta que ella habrá el sobre.

Se despidieron, el agente de ventas sintiendo el mismo puño helado del hombre y con una inquietud inexplicable se alejó tomando camino y reprendiéndose ah el mismo.

–¡Por qué no sé decir que no, ahora tendré que desviar mi camino!-. Al llegar al estado de Colima se dedicó a buscar el domicilio una vez en él, tocó la puerta y con amabilidad preguntó.

-Disculpe ¿vive aquí la señora María Domínguez?

-Sí, soy yo que desea señor.

-Mire, en el camino me encontré con su esposo, su carro sufrió una descompostura en carretera y me pidió que le entregara este sobre me hace favor de abrirlo para que se percate que todo está en orden-. La mujer sorprendida lo miró con atención y preguntó.

-¿Cuándo lo vio señor?

-Hace dos noches, solo que tuve que entregar alguna mercancía que traía y por ese motivo demoré un poco.

-Seños, mi esposo murió en un accidente automovilístico en Plan de Barrancas, hace cinco años-. El hombre no daba crédito a su asombro olas de escalofrió corrían por su cuerpo.

-Eso no puede ser señora yo lo encontré antenoche.

-No señor, cinco años atrás él se encontraba fuera del estado, mi hija sufrió un accidente y al ponerle en antecedentes, con rapidez quiso trasladarse y por el exceso de velocidad volcó y murió. En la guantera de su carro encontramos 45 mil pesos que ocupábamos para la operación de mi hija.

-¡Habrá ese sobre por favor, habrá ese sobre señora!-. Suplicaba sudoroso el espantado hombre. Al destaparlo, en su interior solo se encontraba una carta que decía.

María quien te entrega este sobre hazlo poseedor de la gerencia de la empresa es de toda mi confianza. La duda se apoderaba de él no podía creer lo ocurrido y un día sin pensarlo dos veces se dispuso a ir al lugar donde encontró a Rafael. Solo encontró una cruz con la fecha del fallecimiento de aquel hombre, y un futuro asegurado para su vida. Gracias a su honestidad.

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