Reelección de Maduro

Venezuela y los venezolanos seguirán padeciendo, por desgracia, el gobierno autoritario, represor y antidemocrático de Nicolás Maduro, por lo que, alarmados por tal situación, varios habitantes de ese país han puesto tierra de por medio al emigrar a otros horizontes en busca de mejores estadios de bienestar y sobre todo de libertad.

Apenas el domingo pasado, Nicolás Maduro se impuso en las elecciones presidenciales, con lo que garantizó su reelección, pues estará en el poder al menos hasta el año 2025, con lo que pulverizó a la oposición, que, fragmentada, se dividió entre pedir la abstención o apoyar la débil aspiración de Henri Falcón.

Maduro, a juzgar por los resultados de los comicios recientes en el país situado  en la parte septentrional de América del Sur, se le auguran episodios aciagos, dado que obtuvo 1,2 millones de votos menos que los conseguidos en el 2013, cuando derrotó por apenas un puñado de sufragios al candidato opositor Henrique Capriles.

En esta ocasión, en la que ídem se dio  el segundo debate presidencial en México, parece que una buena parte de venezolanos no reconoce los resultados por considerar ilegítimo y fraudulento este proceso electoral, como lo calificaron ex presidentes de España y América, que ven en lo sucedido la profundización del modelo dictatorial de Maduro.

A lo anterior habría que sumarle que resultó reelegido con la más baja participación ciudadana en las urnas de los últimos años, como lo atestiguó la escasa afluencia de votantes que no se volcaron como en anteriores elecciones.

El sucesor de Chávez es condenado por la comunidad internacional, pero por la oposición  fragmentada y fantasmagórica. En Venezuela brillan  por su ausencia la legalidad, la transparencia y la confiabilidad, por lo que, tras el triunfo de Maduro, es probable que siga la crisis migratoria en tanto colapsa su economía. Las políticas de este régimen han desencadenado inflación, escasez de alimentos y medicinas, así como elevados niveles de violencia.

La historia enseña que, ante dictaduras, el peor remedio es la resignación, que parece ser será el caso venezolano ante el modorrismo opositor y el éxodo ciudadano.

 

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