Un cuento a la vez

Un cerdito me agarró de su puerquito

Por Eduardo Lomelí

 

Antes de empezar a narrar esta parte de mi vida, cómo es que el amor de una madre hace hasta lo imposible por ver a salvo a sus hijos, sin medir consecuencias, quisiera decir que jamás me percate de esto, hasta ahora que soy padre.

Mi vida comenzaba a distraerse entre parrandas y reuniones sociales con los amigos, haciéndose el alcohol mí pasa tiempo favorito, mi madre al darse cuenta de mis constantes borracheras, por la exagerada comunicación de la chismosa de mi mujer aquella viejecita chula quiso darme un pasatiempo, me hizo un regalo. En una de esas ocasiones que yo la iba a visitar, me miró y me comentó con un poco de angustia.

-Me dijo un pajarito que estas en el vicio cada día más metido, ¿es verdad eso?

-Mira madre para empezar los pajaritos no hablan quizás fue una guacamaya argüendera la que te vino con el cuento, no madre, como crees eso de mí-. Respondía dirigiendo la mirada a mi esposa mí evitando la mirada de mi madre.

-Sabía que no podía ser cierto, de cualquier forma quiero hacerte un regalo para que te entretengas los fines de semana.

-¿de qué se trata?, -pregunté, mientras mi mujer discreta se escabullía tomando camino a casa.

-¿te acuerdas del puerco, que tenía tu mamá mago?

-Si-. Respondí sospechando el regalo que me iba a dar, adelantándome a la entrega del dicho regalo comente inteligente.

-¡Voy a tener que hacer un chiquero para el regalo! ¿O no jefa?

-¡Si tramposo, adivinaste!-. mmm, Tomé el cochinito, como negociante de abolengo pensaba en el camino.

-Si sale cliente le digo a mi jefa que se lo robaron y me echo mis buenas chelas jajajajaja,

Al encontrarme con un amigo, mostrando al animal lo ofrecí diciendo.

-Te vendo este animalito, barato amigo. Para que hagas criadero

-No mi Lalo, son muy sucios y apesta mucho

-Mmm pues tu apestas más gacho y así me junto contigo chavo, ¡barato anímate!

-De verdad, no tengo donde ponerlo y mi vieja no lo va a querer.

-A pues entonces lléguele a su casa ¡mandilón!

Continúe mi camino quería deshacerme del compromiso pero no encontraba donde acomodar al bendito puerco blanco, al pasar por la vinatería de costumbre pensé aquí es el lugar ideal.

-Que pasa amigo te cambio este cerdo por unas chelitas bien heladas.

-No y que hago yo con un puerco mi Lalo.

-Pues lo haces carnitas y lo das de botana a los clientes, para que vendas más,

-No gracias que le voy a sacar de carne si está bien chiquito.

-Pues lo engordas compa,  todo cuesta, ni modo que quieras que te dé también el caso solo por unas chelas, tampoco no me conviene.

-No gracias mejor te fio y luego me pagas-. Me ofendía ofreciéndome crédito y con molestia le respondí.

– ¡no mi amigo si dinero traigo! solo quiero desasirme de este animal.

-Y para que lo comprabas-. Pretendía indagar la procedencia del cerdo

-¡Usted no pregunte lo quieres o no y ya! que eres del FBI o que honda-. El puerco me miraba como presintiendo que me quería deshacer de él.

-No gracias véndelo por otro lado.

-Bueno pues tú te lo pierdes, es del rancho el girasol ¡pura calidad mi chavo!

Pretendía convencerlo pero no hubo negocio sin remedio, tuve que integrarlo a la familia, le hice su chiquero.

Empecé alimentarlo con desperdicios que me mandaban mis hermanos, -. Sus comentarios eran crueles para mi persona, bueno yo así lo sentía.

-Voy a llevarle esto al puerco de mi hermano, este desperdicio es para el cochino de mi hermano. Mi cuñada Lupe, que vivía aún lado de mi casa se asomaba por la ventana y gritaba.

-Concuña no quieres desperdicios para el cochino de tu marido. En cada comentario de esos crecía más y más  mi coraje contra el bendito puerco ¡hasta mi madre decía!

-Si van a casa de su hermano llévenle esto, para que cuando hagan carnitas a ese puerco, nos den un taquito.

Casi un año tuve que soportar esos comentarios, hasta que llego el colmo de mi mala suerte con ese animal.

Recuerdo aquella mañana  serian como las seis o siete recién salía el sol en aquel invierno, cuando de pronto oí un grito que venía de la casa de mi hermano diciéndole a mi mujer.

-Ya se salió el puerco de tu marido-. Yo entre las cobijas respondí.

-¡No es verdad, estoy dormido!

Comenzaba a acostumbrarme a esos comentarios tan desagradables y tomaba las cosas por el lado amable.

-Ya se salió ese animal Eduardo-. Gritó mi esposa, como de rayo me levante  de la cama, me puse mi bata, la amarré a mi cintura, decidido a agarrar a ese animal las piedras de la calle lastimaban mis pies, regresé a ponerme las sandalias me dispuse demostrarle a ese animal quien mandaba en el hogar.

Y mi bata se iba desamarrando al paso de la carrera, nada me importaba, tenía que agarrar a ese puerco y darle su merecido, Cuando llegué a la esquina, mi bata volaba como capa, mis sandalia se habían quedado en el camino, perdí  de vista al responsable de mi vergüenza, aquel cerdo no daba señales de vida, mientras yo amarraba mi bata. Para seguir la búsqueda, de pronto escuche un grito que venía de mi casa.

-Ya se metió al chiquero, ya puedes regresar.

Buscaba mis sandalias entre la tierra mí, lo que observe fue a la gente que me miró correr, con la bata volando y yo en pura trusa, ¡a pero eso no quedaría así! cuando llegué, mi esposa y mi cuñada se botaban de Risa, yo con el rostro desfigurado de cólera las miré, señalándolas con el dedo amenacé con firmeza.

-¡Mucha risa, pues ya verán cómo le va ir a ese maldito cerdo!

Entré al chiquero, la primera patada fue efectiva en la pansa del animal, pero me dolió el empeine de mi patita, así que el segundo fue con la planta del pie y apoyándome en la barda.

Pero no contaba con que el ladrillo estaba suelto, así que mi mano falseo y mi pie de apoyo resbalo con la suciedad de ese animal, mi cuerpo cayó sobre el estiércol.

Mi nuca adentro del bebedero, y el ladrillo sobre mi cara, por si eso fuera poco, el peor enemigo de mi vida bailo sobre de mí, una vez satisfecho de la golpiza que me propino se bajó y se arrincono en el otro extremo de la guarida, dándome la oportunidad de levantarme, yo me impulse de un ladrillo, pero también estaba suelto y cayó sobre mi cabeza, Una vez que logré levantarme, con mis ojos tristes, me metí a la casa y me bañé, fui a recostarme para relajar mi cuerpo  y así poder regresar por la revancha, pero mi hermoso cuerpo estaba desecho por dentro  y por fuera.

Mi coraje era mayor, estaba resuelto a dominar a la mascota  y ahí voy para el interior del chiquero,  esta vez armado con un palo de escoba, que me duro muy poco, y ni modo a pelear a mano limpia, el animal gruñía y se aventaba con la trompa abierta sobre de mí, precavido pensé.

-Por fuera agarro otro palo y a ver si puedes conmigo-. Así lo hice, -brinque la barda, caí sobre uno de los ladrillos que yo mismo había quitado, y se me dobló el pie que se me había fracturado años atrás, fue suficiente para que me causara mucho dolor y se hinchara,  ya no pude seguir con la contienda, él había ganado nuevamente por el momento, me fui a relajarme todo el día viendo el televisor, afortunadamente era domingo no todo era malo, ¿no creen?

Pude disfrutar de un domingo en casa viendo películas recuerdo la última película que vi en la programación.

Fue (el puerquito valiente) para terminar con la vuela de mi contrincante, yo quería olvidarme de esa amarga experiencia, pero a la chistosita de mi esposa, se le hacía tarde para ir a contarle a mi madre mi triste fracaso en combate.

Me presenté a verle el viernes, ya que habían desaparecido los moretones que quedaron en el enfrentamiento.

Cuando llegué a saludarla me miró con una sonrisa un tanto oculta, me preguntó.

-A ver hijo platícame, ¿qué, paso con tu puerquito?

-No madre, no te equivoques, es el, quien  ya me agarro de su puerquito-. Mi madre no pudo ocultar más su sonrisa y estallando en sonoras carcajadas. Miraba mi fracaso.

No por lo que me había pasado, sino por la respuesta que di, una vez que pasó su ataque de risa, -continúe.

-¡Pero te prometo madre, que el domingo comes carnitas!

-¿Porque gordito? Está muy flaquito todavía -. Respondía mi madre Un tanto maldosa.

-Si yo te lo regalé con mucho gusto, para que no andes tomando.

-¡Sí,  Pero resulta en mis borracheras nunca me han golpeado, y  menos de esa manera! ¡Así que no insistas porque nadie lo va a salvar del caso!

Así fue, el domingo lo estaba disfrutando convertido en carnitas, como disfrutaba cada mordida que le daba a los tacos, pero el lunes amanecí con una indigestión tremenda, ni muerto me dejaba en paz, fue una indigestión de tres días, poco importaba seria lo último que tendría que soportar del bendito animal aquel cerdito que me agarró de su puerquito.

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