Hablemos de …

El Refugio

Por Rafael Tortajada

A invitación expresa de la señora Carmelita Ochoa, nos acercamos al rancho llamado “El Refugio” cuya ubicación está muy por encima de lo que uno puede imaginarse ya que, desde el momento en que ingresa uno a esa propiedad tan extensa, lo que más sobresale es la casa que viene siendo el casco representativo de dicha propiedad, se encuentra ubicada en la parte alta de la entrada y para hacerla más llamativa se le construyeron verdaderos muros elevados donde posteriormente se edificaron las salas habitación y que son una delicia para quienes las visiten.

Este fue el sueño de Carmelita que junto con su extinto esposo don Elías Lozano lograron llevar a cabo para utilizarla como vivienda y posteriormente como edificación campestre; la reunión de la que trato no tiene nada de especial aunque se trata de que los que asistimos seamos miembros de la SODETAM y que es Carmelita precisamente quien preside esta Sociedad.

Como siempre fuimos los primeros en llegar y mientras se acercaban los demás compañeros tuvimos oportunidad de extasiarnos con la belleza de los volcanes, la música que sale de las gargantas de jilgueros y de más aves cantoras que sobreviven en la inmensa arboleda que guarda el coto en cuestión. Finalmente llegaron los demás invitados e iniciamos la integración social que afortunadamente se convirtió aquello en una sesión de tipo literario ya que entre los presentes existen suficientes conocimientos sobre diversos temas para discutir sin llegar a acalorarse.

Así pasamos una tarde placentera y además benéfica puesto que, se hicieron remembranzas del pasado, de aquellos que ya empiezan a faltar en el grupo pero que han dejado alguna huella en la historia de la sociedad de que se habla líneas arriba.

Una de las intervenciones brillantes fuer la de los compañeros que cantaron en zapoteco, Juanjo y su esposa Ma. Irma, que hablando con franqueza, nos dieron una sorpresa con esa originalidad; tuvieron oportunidad de intervenir en la plática todo el que quiso y de aportar todo aquel que tuvo que hacerlo, considero que fue una reunión benéfica porque casi todo se basó en cultura general.

Entre los temas que se mencionaron está el hecho de que el que esto escribe les comentó que en una ocasión en el poblado de la Yerbabuena frente al volcán de Colima, se celebró una reunión en defensa de las posesiones de Colima en esos lugares y ahí accidentalmente conocí a una señora impedida para caminar pero que la movían en una silla de ruedas y quiso hablar explicándonos y me dijo: “yo tenía 13 años de edad cuando hubo la erupción de 1913 y pude observar cómo se cortó el domo y quedó más o menos a la mitad y a la fecha vean como está ya casi igual de alto”. Las consecuencias de esa ocasión las sufrió Ciudad Guzmán puesto que para allá se llevó el aire las cenizas y fueron tantas que, por algunas calles de la ciudad tuvieron el cuidado de amontonar dichos residuos en la parte central y lo que se refiere a la calle principal frente a la plaza, tenían la altura casi igual a las casas.

No hubo desgracias personales; solamente en Ciudad Guzmán falleció un señor que le dio mucho miedo la ceniza y que se encerró en su casa, nunca supo que él mismo fabricó su tragedia porque la ceniza poco a poco fue acumulándose en el techo y no fue posible la entrada del oxígeno a dicha habitación y el señor en cuestión murió por falta de aire. Los daños en el campo fueron muchos puesto que aunque hay varias barrancas, quedaron cubiertas por la ceniza y los vacunos que pastaban en ese lugar no calcularon ese detalle y morían desbarrancados, esos fueron los daños que causó y que yo lo recuerdo perfectamente (eso dijo la señora).

Como verán, este fue un tema más que se trató en esta reunión al cual fue interrumpida cuando Carmelita invitó a los presentes a  saborear unos ricos tacos de canasta y al final ofertaron un pastel de chocolate. Siendo éste el epílogo del comelitón que se improvisó de momento.

Hubo además anécdotas como cuando en los 90 hubo una erupción y Carmelita le consultó a Melchor Urzúa la peligrosidad y le dijo: “si ya pasó la erupción ya no hay peligro, mejor dedícate a admirar la salida de la lava”. Acto seguido Carmelita se dedicó a hablar a sus amistades a Colima y pronto se llenó aquello de personas visitantes para observar ese fenómeno que enriquece la historia de los volcanes que aunque se siguen llamando de Colima, pertenecen al estado de Jalisco.

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