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Muerte de Rafael Ramírez Castañeda

Por Rafael Tortajada

Promotor incansable de los reclamos sociales surgidos a raíz de la Revolución Mexicana de 1910, Rafael Ramírez Castañeda dedicó su vida a abatir las carencias y rezagos que afectan a los pueblos y comunidades indígenas.

Nacido el 30 de diciembre de 1884 en la pequeña población de Las Vigas, Veracruz. A los 22 años egresa de la escuela normal de Xalapa y tiene el primero de muchos contactos profesionales con el medio rural. Convencido de que “la mejor educación es la que resuelve las necesidades vitales a través de la práctica”, se establece en la capital del país para, a finales de 1909, fundar el plantel Escuela Nueva y establecer la educación técnica “Aprendiendo haciendo”.

Su corazón, sin embargo, estuvo siempre en educar para conseguir la integración de la masa campesina en la cultura moderna. Para el maestro Ramírez Castañeda, lo que procede es favorecer el mejoramiento de las condiciones económicas, higiénicas y sanitarias en las áreas rurales. Al maestro rural, en consecuencia, corresponde una labor triple de la que realiza un maestro urbano: enseñar a los niños y a los adultos, mejorar a la comunidad, y formar parte de los líderes sociales del poblado, para lo cual es necesario que viva en el mismo lugar en el que labora.

En 1923, ya como catedrático en la Escuela Normal Primaria y actuando como funcionario en la Secretaría de Educación Pública, modela el esquema desde el que deberán de trabajar los maestros en las escuelas del campo. Poniendo alta la mira, propone un sistema escolar conocido como la Escuela Rural Mexicana con el que aspira formar a los hombres que la revolución exigía.

Don Rafael Ramírez Castañeda tenía para sí que la escuela rural no debía servir tan sólo para que los niños de la comunidad aprendan lo necesario, sino que debía funcionar como una verdadera Casa del Pueblo, donde los adultos de las comunidades, hombres y mujeres por igual, aprendan cosas útiles que los ayuden a mejorar sus condiciones de vida. El maestro rural, en consecuencia, debía estar siempre dispuesto al trabajo: humilde, pero digno; respetado y apreciado por la gente.

Hombre de su tiempo, en años en los que los jóvenes de las primeras décadas del siglo XX pasaban de la primaria superior a la preparatoria cuando estaba dentro de sus posibilidades, el maestro Ramírez Castañeda apoya la creación y consolidación de la escuela secundaria.

En lo que a formación filosófica se refiere, don Rafael se influye por el positivismo, que a principios del siglo XX alcanza su auge como doctrina que respalda a la dictadura y da vigor al grupo de Los científicos en el poder. Fiel a sus cinco principios educativos, trabaja para arraigarlos en la idiosincrasia de México, para lo cual le agrega un matiz humanista que ayude a forjar verdad y bondad. En sus prioridades está lograr la libertad de pensamiento que a todos permita alcanzar planos superiores de conciencia a favor de la reconciliación y la paz espiritual, con el fin de sustentar una educación esencialmente humanista en la que hombre, sociedad, cultura, racionalidad y naturaleza se vinculen de manera armoniosa.

En el otoño de su vida, su experiencia y capacidad reflexiva lo llevan a adoptar posiciones críticas respecto a diversas políticas educativas gubernamentales, lo que resulta en su acercamiento a corrientes ideológicas de izquierda que lo inspiran a militar en el Consejo Mundial de la Paz.

El 29 de mayo de 1959, don Rafael Ramírez Castañeda muere en su casa de Coyoacán en la Ciudad de México a la edad de 75 años. Por decreto presidencial, sus restos fueron trasladados en marzo de 1976 a la Rotonda de las Personas Ilustres, donde actualmente reposan.

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