Indecisos y volátiles

Los resultados de las encuestas, hasta ahora, podrían generar certidumbre sobre quién podría ganar las elecciones del próximo 1 de julio, sobre todo cuando sólo restan 33 días para que se dé el ejercicio cívico que se augura más reñido de la historia político-electoral de este país.

Aun cuando la mayoría de las encuestas coinciden en colocar en primer lugar al candidato de Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador, no se puede decir, con seguridad plena e integral, que la  elección está definida.

Incluso, algunos analistas políticos y medios de comunicación se han atrevido a sostener que, en virtud de los resultados reflejados en las encuestas,  existe una tendencia irreversible a favor del abanderado presidencial de Morena-PT-PES. No se puede afirmar que sea una crónica de un triunfo anunciado, porque se corre el riesgo de tener una visión parcial de la realidad.

Más allá de los diferentes resultados en las preferencias electorales, todas las encuestas han comenzado a demostrar el crecimiento significativo de dos factores de los que se habla poco, se soslaya y se desliza, pero que serán en un momento dado el fiel de la balanza en los resultados finales: los electores indecisos y los votantes volátiles, es decir, los que aún no definen su voto y los que cambian de decisión en alguna encuesta, mesa de debate o plática de café.

Lo anterior (los electores indecisos y volátiles) no  se ha digerido y menos tomado en cuenta en su real dimensión; ello no significa que no pueda ganar AMLO, pero -valga reiterar- no se puede vaticinar su triunfo y éste podría ser en un momento dado más cerrado.

Así que a poco más de un mes no se pueden hacer -sería irresponsable, temerario y hasta falta de respeto a los electores que no están con López Obrador- pronósticos triunfalistas, amén en que los “indecisos” representan cerca del 30% del electorado.

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