Hablemos de…

31 de mayo de 1818

Por Rafael Tortajada

Oscurecía el 30 de mayo de 1818 y el nerviosismo fue en aumento cuando algunas gentes notaron la inquietud de algunas vacas, de perros y gatos y sobre todo algo muy significativo, hacía dos días que los pájaros no cantaban; esto era lo más raro debido a que estaban en plena primavera.

La explicación de ese desasosiego quedó manifiesta a las 03:07 de la mañana del día siguiente; de pronto empezó a llegar el zumbido característico que se escucha en las entrañas de la tierra y que momentos después siempre ha sobrevenido un terremoto.

En este caso no fue la diferencia, empezó a moverse el piso de toda una amplia región, las gentes huían despavoridas tratando de ponerse a salvo de los males que causan esos movimientos telúricos y que son tan conocidos en estas tierras puesto que los ha habido en gran cantidad y desde hace mucho tiempo.

El movimiento vino del mar, la mayoría de allá vienen porque es donde existen las placas tectónicas que al chocar con otra ocasionan la desarticulación de grandes superficies y por lo mismo, la destrucción de los bienes materiales que el hombre ya ha adquirido a través del tiempo con su trabajo. Una gran parte de la Villa de Colima quedó destruida y el área se amplió hasta el poblado de San Francisco de Almoloyan; se dice que afortunadamente no fueron muchos los que murieron en ese desastre, es comprensible puesto que los habitantes de la época eran escasos sin embargo la joya mayor de la provincia de Colima fue destruida; nos referimos al convento de San Francisco de Colima que había sido construido a instancias de Lorenzo Lebrón de Quiñones y que los sacerdotes franciscanos iniciaron su edificación a mediados del siglo XVI.

Este convento de grandes proporciones porque además contaba con una gran superficie donde los indígenas tenían libre movilización a efecto de que los españoles no tuvieran intervención en ella, era lo que se conocía como “República de Indios”. En su superficie fueron aglutinadas 200 familias que trajeron de algunos poblados principalmente de Chiapa y que los evangelizaban como un medio de educación, o a lo mejor, era su pasatiempo favorito. Quien definitivamente encontró la forma de que se construyera el convento de que se habla antes fue Fray Antonio Beteta que era comisario franciscano en toda la provincia de Colima y le escribió al rey de España desde Zapotlán el 15 de septiembre de 1554; con la posterior autorización del virrey Luis de Velasco, al pueblo le fue otorgado un fundo legal y la facultad para gobernarse por sí solo, esto ya se mencionó antes.

Los linderos que marcaban el poblado eran; Tilahuantepeque (atrás de la capilla) hasta un aguacate y se llamó Nigehuacan; de ahí a Jiosonique (quedaba en una loma); Xacamachantla, éste hacia el norte al lado del volcán; de Tilahuantepeque había 2 huizilacates, le pusieron Xalahuacan; de Xalahuacan hasta Culluacan y de Culluacan hasta un tiro de ballesta, otro mojón en dirección a la Villa de Colima donde había otro árbol y de este lugar hasta el cerrillo de Tilahuantepeque con lo que se cerraba el polígono.

Al amanecer del día 31 de mayo de que hablamos, el párroco que era encargado del convento de San Francisco de Coliman tomó la decisión de trasladarse hacia el barrio de Los Martínez que quedaba más allá de un río que con el tiempo se llamó Pereira e invitó a la población a que lo siguieran. Lamentablemente no todos lo apoyaron el propio gobernador de indios no aceptó seguirlo así como un conjunto de indígenas inconformes.

En el barrio de Los Martínez fue acogido con afecto y el señor Juan José Centeno Dena que era cófrade de la tercera orden franciscana y en 1800 lo habían nombrado por la misma orden mandatario del culto, fue quien recibió a José María Jerónimo Arzac que era el nombre del sacerdote que se cita líneas arriba y quien de inmediato y aprovechando materiales de desecho del templo destruido, con la ayuda de sus seguidores los acarrearon y con ellos construyó un jacalón donde rápidamente empezó a impartir los primeros sacramentos que le fueron solicitados por los creyentes.

Los inconformes que no lo quisieron seguir, iniciaron el juicio en contra del cura mencionado debido a que éste se había llevado consigo las reliquias y ornamentos de la parroquia y el laudo siguió por años hasta que se llega el de 1823 y se ordena una elección para que saliera el primer diputado federal por la provincia de Colima; la elección recayó en el padre Arzac, siendo éste el primer diputado federal de esta Villa y que le tocó en suerte formar parte del primer Supremo Congreso.

En cuanto le fue posible inició sus gestiones para elevar de categoría a los dos pueblos que tanto quiso y su lucha fue coronada por el éxito cuando el 10 de septiembre de 1824 logró el decreto que le da la categoría de Ciudad a la Antigua Villa de Colima y de Villa al pueblo de San Francisco de Almoloyan.

Como es natural suponer, el pleito judicial en contra de él se resolvió y ya no fue molestado por sus adversarios, máxime que en ese propio año que le dieron la categoría de Villa al poblado, se decidió que el nombre del antiguo barrio de Los Martínez llevara el de San Francisco de Almoloyan por tener en su seno la mayoría de los habitantes y en el antiguo poblado sólo unos cuantos; de manera que Los Martínez pierde su nombre y pasa a llamarse como se cita.

Es paradójico mencionar, que el engrandecimiento de un poblado como lo es ahora Villa de Álvarez, en su origen se debió a un terremoto, pero es la verdad; de no haber sido por estas circunstancias seguramente los dos poblados hubieran quedado separados por sus costumbres y sobre todo su fe dado que, la construcción mayor y más importante se encontraba en Almoloyan.

Los pueblos siguen su marcha y la historia no se puede detener, San Francisco de Almoloyan siguió formando parte como el segundo pueblo más importante de la provincia de Colima y le tocó por tal razón ser también integrante del departamento de Michoacán durante años hasta que le fue devuelto a Colima su categoría de territorio federal y el 5 de febrero de 1857 por fin se le hizo justicia y fue declarado Estado Libre y Soberano de la Nación Mexicana.

Esto siempre ha parecido una injusticia puesto que Colima fue la octava Villa que se fundó en la antigua Nueva España, por lo tanto tenía derechos muy por encima de otras tantas poblaciones que se fundaron después de ella; sin embargo, fueron necesarios acontecimientos históricos especiales para que se llegara a esto que mencionamos.

Al primer gobernador de Colima, Manuel Álvarez sólo le tocó gobernar un mes y una semana por lo que el gobernador Urbano Gómez decretó el 15 de septiembre de 1860 que el antiguo pueblo de San Francisco de Almoloyan cambiaba su nombre por el de Villa de Álvarez en honor al gobernador mártir.

Villa de Álvarez sigue su ruta hacia el progreso y como premio a la constancia de todos sus hijos es elevada la cabecera municipal a la categoría de Ciudad el 29 de junio de1991; y así la historia sigue su marcha rumbo al futuro.

Como un recuerdo imperecedero a su historia, se cita el 198 aniversario de dicho suceso y salvo que salga algún documento en contrario, ésta debe ser la fecha que dio inicio a la formación de lo que es hoy actualmente Villa de Alvarez Col.

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