Erupción

La erupción del volcán de fuego este domingo reciente en Guatemala -la más fuerte del cráter desde 1974- es una tragedia cuyo alcance todavía se desconoce. Oficialmente la cifra de fallecidos ascendía -al momento de hacer este editorial-a 65 personas, pero el hallazgo de más cuerpos podría aumentar el total de muertos.

Al menos 65 personas fallecieron, 20 resultaron heridas y 1,7 millones se vieron afectadas por la erupción del volcán de fuego de Guatemala, la más violenta de los últimos años. La ceniza que lanzó el coloso alcanzó los 10.000 metros de altura sobre el nivel del mar y, según el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología, dicha erupción, la segunda en 2018, es la mayor de los últimos años.

Ante esta catástrofe, el gobierno de Guatemala, encabezado por su presidente Jimmy Morales, decidió decretar el estado de calamidad para atender la emergencia.  Según las autoridades competentes, las lluvias son ahora la principal amenaza no sólo para la población, sino para las carreteras que están ubicadas en los alrededores del edificio volcánico.

La asistencia humanitaria para las poblaciones afectadas por la erupción no puede esperar; se necesita de la empatía, solidaridad, generosidad y hermandad de las naciones y de los habitantes de distintas latitudes. Una tragedia natural ha vuelto a golpear a los más débiles, donde se asoman, antes que nadie y con mayor  vehemencia, ciudadanos anónimos que buscan ayudar a toda costa, sin ser movidos por algún interés diferente.

El coloso, de 3.763 metros de altura y a 35 kilómetros al suroeste de la capital guatemalteca, había generado su primera erupción en enero pasado, y en septiembre de 2012 provocó la evacuación de unos diez mil habitantes asentados en poblados al sur del volcán.

Así que hay que estar prevenidos ante emergencias de esta índole,  tomar con reserva la información que se genere, sobre todo de las redes sociales, porque se especula que se  exageran de la dimensión de la tragedia, y ello a nada bueno conduce, sino todo lo contrario.

 

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