Nada que festejar

Este jueves en México se conmemoró el Día de la Libertad de Expresión, derecho con el cual cuentan todas las y los mexicanos desde el gobierno de Don Benito Juárez García, quien legisló para que hasta nuestros días podamos expresarnos libremente, siendo el presidente Miguel Alemán Valdez quien, en el año de 1951, decretó el día 7 de junio de cada año para tal efecto.

La libertad de expresión contribuye para la aplicación de otros derechos como la libertad de prensa, los derechos de reunión, asociación, de petición y participación política, ejercicio en el cual nos encontramos en nuestro país para elegir a los representantes el próximo 1 de julio.

La libre manifestación de las ideas está consagrada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en los artículos 6º y 7º, donde el expresarse en este país es un derecho humano básico, constitucional, fundamental, inherente y necesario a la naturaleza humana, un catalizador de voluntades, por lo que su utilización como herramienta para frenar y mitigar problemas de la actualidad es una prioridad.

En el marco del Día de la Libertad de Expresión, integrantes del Club de Reporteros A.C. y de la Comisión General para la Protección Integral del Ejercicio Periodístico (Copip), refrendaron su compromiso con la sociedad en general de realizar con profesionalismo e imparcialidad su labor, pero también exigieron más y mejores condiciones laborales para el gremio.

Al realizar guardia de honor en el monumento a Francisco Zarco, en la colonia Milenio de esta ciudad capital, los directivos de las citadas organizaciones coincidieron en señalar que “existe la imperiosa necesidad de mejorar las condiciones laborales, económicas y de seguridad para los periodistas, reporteros, camarógrafos y fotógrafos de los diferentes medios de comunicación…”

 

Por desgracia y vergüenza de los connacionales, México está considerado como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo en el mundo, a tal grado que de 2000 hasta febrero de este año fueron asesinados 134 periodistas y 20 desaparecidos, según la CNDH, siendo más común, recurrente o sistemático al norte y al suroeste del país.

 

Si bien no hay nada que festejar, la fecha no puede ni debe pasar desapercibida, pues al menos que se conmemore a las y los periodistas que, un día sí y otro también, arriesgan sus vidas al emprender esta actividad ingrata y soslayada, pero enteramente satisfactoria en cuanto a que se contribuye con un granito de arena al desarrollo económico, político y social de una nación y de sus habitantes.

 

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