Hablemos de …

Libertad de Expresión

Por Rafael Tortajada

Cuánta lucha y durante tantos años se ha tenido que llevar a cabo por parte de los informadores para poder llegar a lo que ahora tenemos, una libertad para decir lo que se piensa y que tiene que ser en beneficio de un bien común; no tiene cortapisa lo que se exprese, sólo las ofensas a la moral y a la persona son las que no se deben tocar.

Antiguamente, los pocos órganos de información que había, sólo se dedicaban a lanzar loas a los reyes y aquí, en la Nueva España a los virreyes, a los obispos y a los poderosos. La Gaceta de México que fundara don Juan Ignacio Ma. De Castonera Ursúa y Goyeneche, nacido en Zacatecas en 1668; esto convierte a este personaje en el primer periodista de América pero, su publicación sólo era de corte servil a los virreyes. Sin embargo, debemos tener en cuenta la acción de ser la primera que nació en esta tierra.

Fue doctor en derecho canónico por la Real y Pontificia Universidad de México y en teología por la de Avila, en España. Amigo y admirador de sor Juana Inés de la Cruz, defendió el derecho de ésta a cultivar la literatura, por lo cual la poetisa le dedicó una décima.

A la muerte de Sor Juana (1695), estando Castorena en España hizo publicar el libro: Fama y obras póstumas del fénix de México y décima musa, poetisa de la América, sor Juana Inés de la Cruz, religiosa profesa en el convento de San Jerónimo de la imperial ciudad de México, recogidas y dadas a la luz por el doctor don Juan Ignacio de Castorena y Urzúa, capellán de honor de su Majestad y prebendado de la santa iglesia metropolitana de México.

Lo anterior es una muestra de la enorme admiración que tenía por Sor Juana Inés de la Cruz, cuando menos en lo que a éste respecta, esta mujer tuvo algún apoyo ya que, siempre estuvo cargada de trabajos que aumentaban sus penas y todos iban dirigidos a castigarla físicamente para que no tuviera malas tentaciones y así, se encontraría el camino para salvarle su alma.

En todas partes del mundo, quienes tenían el valor de descubrir con sus escritos los malos manejos de los funcionarios, estaban expuestos a ser enviados a la picota; andaban a salto de mata y eso hizo que emigraran a diversos países de Europa buscando la comprensión de gobiernos que fueran más comprensivos o liberales con respecto a la difusión de las ideas.

Cuántos libros fueron a parar a la hoguera tan sólo porque no contaban con la anuencia de las autoridades tanto civiles, militares o clericales; inclusive la libertad para leer estaba reducida a que, los intelectuales de la época leyeran sólo lo que se les indicaba, lamentablemente con hechos como éste, la cultura se detuvo por muchos años y a la fecha se sigue conservando el recuerdo de la “edad media” como la época de mayor oscurantismo en el mundo.

A todo tipo de científicos les estaba vedada la investigación y su peregrinar era incesante hasta que encontraron países donde fueran gobernados por príncipes que tuvieran otra forma de pensar y ahí, encontraron alojo; por eso, en todos los países nórdicos, floreció un tipo de cultura más liberal, en ellas no pudo penetrar la inquisición o santo oficio para detener el progreso, de no haber sido así, seguramente nos hubiéramos estancado en una etapa de ignorancia. Recordemos que todavía vivía el general Franco y que gobernaba España con mano de hierro, estaba prohibida la libertad de pensamiento.

En México estaban listas las mazmorras de la inquisición o las de cualquier gobierno para alojar a todos aquellos que tuvieran la osadía de publicar algo en contra de los poderosos.

Francisco Zarco es tomado como modelo de lucha con su frase “Libre por la palabra, libre”; este personaje nacido en Durango y que vivió escasos 40 años, se vio perseguido pero formando parte de la comitiva que acompañaba a Juárez en su peregrinar por el país, pudo escaparse de la espada que amenazaba cortar su cabeza.

Pero no solamente fue él, hubo otros que le siguieron y que estuvieron amenazados por la cárcel y el destierro. Aparece de 1844 a 1896 el Siglo XIX órgano del partido liberal progresista. Escriben para este periódico: Guillermo Prieto, Ignacio Ramírez, José María Vigil, Florencio M. Del Castillo, Juan A. Mateos.

A principios del siglo XX ya se veía la lucha de Filomeno Mata. Entre los periódicos que fundó pueden citarse: El Sufragio Libre, El Cascabel, La Hola Eléctrica y El Monitor Tuxtepecano, este último partidario del gobierno del general Díaz, sin embargo, el 16 de septiembre de 1881, aparece el Diario del Hogar, desde cuyas páginas levantó su voz en contra del porfirismo.

El imbatible Ricardo Flores Magón y sus hermanos que participaron activamente en periódicos de oposición: El Demócrata, El Regeneración y El Hijo de Ahuizote.

Finalmente quedó solo pero siguió luchando hasta que en una cárcel de Leaveenworth, Kansas fue ultimado por un prisionero apodado “El Toro” quien se escurrió hasta su celda y pasando sus fuertes brazos a través de las barras de su calabozo, lo tomó por el cuello y lo asfixió. Este personaje que aún se festeja oficialmente en las escuelas de México, murió el 20 de noviembre de 1922.

En la historia del periodismo mexicano ocupa un destacadísimo lugar el periódico El Despertador Americano, editado en 1810 y 1811 por Francisco Severo Maldonado y José Angel de la Sierra.

De «El Despertador Americano» se imprimieron siete números, con un tiro de dos mil ejemplares cada uno y tenían un tamaño «tabloide»; fue tal la aceptación que adquirió este primer periódico revolucionario de la Independencia, que los dos mil ejemplares se agotaban casi de inmediato al exorbitante precio de dos reales cada uno.

Este periódico constaba de 18 páginas, tenían un tamaño de 22.5 centímetros de largo por 17 de ancho, en papel de la mejor calidad; se imprimía en la imprenta que estuvo ubicada en los terrenos que hoy ocupa «La Casa de los Perros».

El 27 de diciembre de 1810 salió de esta misma imprenta el segundo número solo con ocho páginas, el tercer número salió con el carácter de «extraordinario» el 29 de ese mes; los números restantes salieron al público los días 3, 10, 11 y 17 de enero de 1811.

La historia de la aparición de este vocero insurgente de las fuerzas comandadas por Miguel Hidalgo y Costilla no es en sí nada enredada. Sucedió que cuando Francisco Severo Maldonado se enteró de la ocupación de la ciudad de Guadalajara por las fuerzas insurgentes, ni tardo ni perezoso a ella se encaminó desde Mascota de donde era párroco, para obtener una entrevista con Miguel Hidalgo y plantearle la fundamental importancia que para la causa de la lucha libertadora tenía la publicación de un periódico en cuanto herramienta difusora del ideario del movimiento.

Francisco Severo Maldonado logró convencer a Miguel Hidalgo y Costilla de lo acertado de sus planteamientos, accediendo éste a sus ruegos, y concediéndole la autorización para que llevase a la práctica su proyecto de periódico. Así, el jueves 20 de diciembre de 1810, aparecería en la ciudad de Guadalajara el primer número de El Despertador Americano, cuyo título evocaba claramente cuáles eran las intensiones de sus editores.

El periódico ponía énfasis en la encrucijada en que se encontraba el reino español a raíz de la invasión de las fuerzas napoleónicas, poniendo tal hecho como la justificante ideológica del movimiento armado. En efecto, la lucha militar iniciada por las fuerzas insurgentes basábase en que la invasión napoleónica al territorio hispano, prácticamente obligaba a los súbditos del reino español a emprender la lucha de resistencia en contra de las fuerzas invasoras, no estando exenta de tal obligación la población residente en los territorios de ultramar.

De El Despertador Americano se editaron un total de siete números, interrumpiendo su publicación por la derrota militar de las fuerzas insurgentes acaecida en la tristemente célebre batalla del Puente de Calderón, en donde el poderío militar de las fuerzas de Hidalgo fue materialmente pulverizado por las fuerzas realistas.

Posteriormente se iniciaría un proceso en contra del periódico y de sus redactores el 28 de enero de 1811 que sería finiquitado el 22 de abril del mismo año, trayendo como consecuencia la condena al fuego, es decir que los ejemplares decomisados fuesen quemados públicamente.

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