Reflexiones de vida

Eduardo Lomelí G.

 

El camino de la vida

Aquel hombre comenzaba con el recorrer de su existencia, camino joven como él, su recorrido recién iniciaba y un hombre se cruzaba en su existir, con voz autoritaria se dejaba escuchar.

-¡Deténgase joven!

-¿Quién me llama?-. Respondía Daniel, muchacho de veintidós años, un hombre de aspecto autoritario y seguridad en sus palabras respondía.

-¡Yo! solo me gustaría charlar un poco.

-¿Sobre qué punto? ¿Y quién es usted?-. Preguntaba Daniel.

-Me conocen como el amigo, soy quien te puede brindar un futuro extraordinario, tu vida recién inicia. Te ofrezco la cima del éxito, mujeres hermosas, fortunas incalculables, ¡el mundo a tus pies Daniel!

El amigo levantando su mano, señalaba el universo mostraba un mundo maravilloso al joven, con clara precisión podía observar el panorama de su futuro, sus ojos se deslumbraban pero un misterioso temor lo invadía, obligándolo a preguntar.

-¿A cambio de qué amigo? En esta vida nadie da nada por nada.

-La vida es de quien arriesga todo por nada Daniel, el precio es sumamente bajo, simbólico solamente, la diversión y tus logros compensaran todo.

-Bueno, ¿pero a cambio de qué?

-De ti Daniel. A cambio de tu eternidad. Mira muchacho, no quiero presionarte piénsalo porque una vez tomada una decisión no hay marcha atrás. La eternidad te favorece-.

Con gran habilidad mostraba su falso ofrecimiento, ponía ante sus ojos un palacio donde viviría por todos los siglos, Daniel se encontraba maravillado pero también se percataba de terribles llamaradas que salían por las ventanas de aquel palacio.

El amigo se despedía de aquel joven dejándolo en una desesperante confusión.

Como todo aquel que da inicio a una existencia, sueña con triunfar en la vida. El futuro ofrecido por el amigo, todo era tentador y Daniel pensaba.

-¿Quién es el amigo? ¡Por qué a mí!

Un anciano de aspecto humilde, mirada tierna y de andar lento cruzaba en su vida.

-¿Daniel, te gustaría caminar conmigo?

-¿Y quién es usted anciano? Preguntaba el joven sorprendido por tan tierna mirada.

-El viejo Cristóbal, la verdad de tu vida.

-¿La verdad de mi vida?

-Sí, solo me gustaría platicar contigo un instante.

-¿Y usted qué me ofrecerá viejo Cristóbal?

-Una eternidad diferente-. Poniendo su mano sobre los ojos de Daniel revelaba ante él una escena diferente, donde se respiraba paz; una paz que no percibía en la del amigo, una pequeña choza, armonía dentro de ella. La tranquilidad que jamás había experimentado.

-¿A cambio de qué anciano?

-Yo no negociare contigo, solo te diré lo que debes hacer para ganar esta paz. Jamás ambiciones riquezas ajenas, tu verdadera fortuna está en mis manos, no lucres con la palabra de los evangelios, paga lo justo a quien te sirva, si tienes un buen trabajo y no necesitas pedir la caridad para tus proyectos no lo hagas, siempre será mejor dar que recibir. Ten caridad ante el dolor ajeno si pretendes que se te devuelva cuando te toque ser juzgado.

Daniel tenía dos caminos a seguir, ahora todo está en su propia decisión.

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