Hablemos de …

Solsticio de verano

Por Rafael Tortajada

Llega a su término la primavera, estación del año que ha sido marcada su duración convencionalmente por el hombre, al final de ésta se produce un fenómeno que se llama solsticio y se le aplica el nombre de verano porque a partir de ese momento cambia a la siguiente estación.

Solsticio.- «Es un término astronómico relacionado con la posición del Sol en el ecuador celeste. El nombre proviene del latín solstitium (sol sistere o sol quieto).

El 21 de junio se celebra en el hemisferio norte el día más largo del año. En esta fecha, los habitantes de la región septentrional del planeta se aprestan para presenciar uno de los espectáculos más bellos de la naturaleza: el sol de medianoche.

En algunos lugares, como el Polo Norte, el sol continúa brillando a la media noche del 21 de junio

Definitivamente el 21 de junio no es un día como los demás. La naturaleza, el hombre y las estrellas se disponen a celebrar una gran fiesta, cargada de gran poder y magia.

Las hadas y demás deidades de la naturaleza andan sueltas por los campos; los agricultores dan gracias por el verano, las cosechas, las frutas y por disponer de más horas para cumplir con sus tareas y entregarse también a la diversión.

También es el momento justo para pedir por la fecundidad de la tierra y de los mismos hombres; además se debe comenzar a almacenar alimentos para pasar el otoño y el invierno.

Pero ¿cuál es el motivo de esta festividad? Nada menos que el solsticio de verano, la única fecha en el año en que el día cuenta con más horas de luz.

La celebración del solsticio de verano, es tan antigua como la misma humanidad. En un principio se creía que el sol no volvería a su esplendor total, pues después de esta fecha, los días eran cada vez más cortos.

A menudo se bailaba y saltaba alrededor del fuego para purificarse y protegerse de influencias demoníacas y asegurar el renacimiento del sol.

De acuerdo con el astrónomo barranquillero Jorge Enrique Senior, se puede decir que todo empezó hace cerca de 5 mil años, cuando en nuestros antepasados, tan amigos de observar las estrellas y establecer su influencia en nuestras vidas, se dieron cuenta que en determinada época del año el Sol se mueve desde una posición perpendicular sobre el Trópico de Capricornio, hasta una posición perpendicular sobre el trópico de Cáncer.

Otra manera de visualizarlo es imaginarse que paseamos todos los días por la playa al atardecer. El día que lo veremos al sol ponerse más al sur es el 21 de diciembre (Solsticio de invierno lo llaman en el hemisferio norte) y el día que lo veremos ponerse más al norte es el 21 de junio (solsticio de verano, para el hemisferio norte, pues para los del sur sería de invierno).

Hablando propiamente del solsticio de verano, en esta fecha el eje de la tierra está inclinado 23,5 grados hacia el sol. Esto ocasiona que, en el hemisferio norte, el 21 de junio sea el día más largo del año, pero esto no es válido para cualquier región, pues en países como Colombia, que está más al Sur de los 23,5 grados de latitud norte, la diferencia no es tan notable.

Este descubrimiento permitió al ser humano medir exactamente 1 año y así crear el calendario solar, predecir con exactitud las estaciones, con todo lo que eso significa para la agricultura y, en general, para la civilización. Para visualizar esos días se construyeron obras o señales, a veces monumentales, como Stonehenge en Inglaterra.

Stonehenge es uno de los más famosos y antiguos monumentos prehistóricos del mundo. Aunque no se sabe muy bien su fecha de construcción, los científicos estiman que ésta ocurrió hace unos 10 mil años. Precisamente, al amanecer del día más largo del año, el sol que sale por el horizonte queda perfectamente encuadrado entre las aberturas de los megalitos.

Sin embargo, algunos científicos consideran que esto es pura coincidencia, pues desde hace 5 mil años hasta hoy el eje de la Tierra ha sufrido modificaciones, lo que lleva a suponer que en el tiempo en que fue construido Stonehenge el sol no quedaba «atrapado» entre las separaciones de las grandes piedras que conforman este monumento.»

En México, afortunadamente contamos con la visión exacta de estos dos fenómenos; anualmente y precisamente el 21 de marzo cuando convencionalmente se inicia la primavera, en la pirámide de KuKulcán, en la antigua ciudad maya de Chichén Itzá, anualmente se congregan miles de personas de todo el mundo en la explanada respectiva para observar el maravilloso espectáculo que se presenta y que consiste en que a partir de cierta hora se inicia formando una sombra en la escalinata que da al norte de dicha pirámide, observando con paciencia, vemos cómo aparece con la rapidez del rayo el siguiente escalón y así sucesivamente hasta llegar a incrustarse en las grandes fauces de una serpiente que existen en la parte final de la escalinata que ya mencionamos.

En nuestro país existe un monumento arqueológico donde los antepasados de diversos pueblos de Mesoamérica reunidos lograron construir para beneplácito de la civilización un lugar perfectamente delineado y donde cuentan con una entrada de menos de medio metro de diámetro y en la parte inferior un hueco en el cerro donde se aglomeran todos los que llegan temprano para observar el fenómeno; en el momento en que se está acercando las 12 del día se empieza a observar como aparece la luz del sol y poco a poco va bajando el rayo hasta que en el preciso momento que está perpendicular se ilumina, ese fenómeno tarda aproximadamente un minuto y vuelve a suceder hasta el año siguiente exactamente a la misma hora y el mismo día. Ese lugar se llama Xochicalco, está en las cercanías de Cuernavaca Morelos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *