Hablemos de …

La sal

Por Rafael Tortajada

Allá en los tiempos del pasado en que el patriarca Abraham seguido de una multitud de creyentes, que aún no tenían definida una religión específica y que empezaban a vislumbrar un poder todopoderoso y que el personaje mencionado les hacía ver a cada instante que había una fuerza poderosa, tanto así, que había sido capaz de construir todo lo que se veía; desiertos, montañas, grandes rocas y desde luego el agua que estaba muy escasa en el desierto.

Un buen día llamó a su sobrino Lot y en su charla le dijo que ya no podían seguir juntos puesto que las dos tribus eran muchas bocas que sostener y también eran muchos a los que había que mantener en disciplina y que, por lo tanto, era necesario dividir en dos el pueblo que hasta ese momento era uno; te voy a dar a elegir le dijo, si tú decides irte a la izquierda yo iré a la derecha y si decides que te conviene más la parte derecha yo encaminaré mis pasos hacia la izquierda; así lo hicieron y se perdieron a la inmensidad del desierto.

Lot al frente de su pueblo siguió caminando y llegó a un lugar que la historia lo menciona como Sodoma y Gomorra y como los hebreos eran muy disciplinados entraron en convenio con el rey del lugar y le compraron un gran pedazo de tierra para establecerse y al mismo tiempo tener donde sembrar sus hortalizas para subsistir; tuvieron muy buen cuidado de elegir una parte de tierra atravesada por un río que, con el paso del tiempo había hecho una profunda huella. El rey por su parte también tomó sus providencias y en el contrato de compraventa tuvo el cuidado de comprometer a los recién llegados a que, en caso de verse invadido por fuerzas externas, estos estarían obligados a pelear al lado de él.

Los hebreos empezaron a prosperar por su organización y sus conocimientos que tenían del campo, lo primero que construyeron fue una presa y detuvieron las aguas del río, en la parte alta establecieron terrenos de regadío y para los que ya vivían en esos lugares era toda una novedad las enormes cosechas que le sacaban a la tierra tan sólo con un sistema desconocido para ellos, se ponía de manifiesto como la tierra con la humedad del agua en su momento preciso producía mucho más que con las siembras de temporal. Curiosamente no hubo envidia hacia ellos por la prosperidad de la que gozaban y tampoco intervinieron en sus festivales religiosos en los que celebraban diversos acontecimientos que eran poco entendibles para los sodomitas.

Les parecía inaudito el hecho de que de un canal le perforaban por los lados con un popote al cual le liaban un hilo de seda y enseguida en la parte baja a un lado de dicho canal enterraban la otra punta del popote en la raíz de la planta sembrada y con eso era suficiente para que ésta se alimentara (creo que éste es el antecedente más antiguo de lo que ahora pomposamente se llama “el riego por goteo”).

Un buen día, hubo por ahí algún mandatario vecino que sin previo aviso atacó a la ciudad pero, para hacerlo, utilizó el silencio absoluto y desde luego usó la vía del socavón que estaba desde luego seco porque ya el agua estaba retenida antes y era invisible a los ojos desde la superficie, los hebreos siempre mantenían vigías en puntos estratégicos y pudieron observar el ataque premeditado y avisando desde luego a sus jefes los generales decidieron romper parte de la presa y dejar que el agua hiciera su trabajo; los atacantes no tuvieron defensa alguna, nada pudieron hacer ante el impulso de las aguas que los arrolló ahogando casi a todos, la corriente siguió su curso río abajo hasta estrellarse ese tremendo burro de agua en un recodo.

Después de que contaron las bajas se dieron cuenta de que el lugar donde golpeó el agua al cerro se descubrió una parte de él y con asombro vieron que había un material petrificado de color blanco, lo probaron y les gustó el sabor que desde entonces se llama “salado”. Ahí cambió la historia de la humanidad, aquello fue la salvación y le dio un vuelco a la comida que hasta ese momento en todos los reinos de la región comían sin sal, imaginemos que un rey o gran señor tenía invitados en su casa y le servían una carne que había sido cocida simplemente en agua utilizando unos grandes peroles de cobre y algunos cocineros más avezados le agregaban a veces vinagre, pobres invitados, porque de acuerdo al protocolo el que iba a un banquete tenía la obligación de comerse lo que le servían y si por alguna razón dejaban algo en el plato eran objeto de reclamos por parte del dueño del castillo y hubo casos en que hasta duelos se llevaron a cabo por el desprecio a la comida; en cambio, después de que apareció la sal todo cambió.

Los hebreos fueron los dueños de la única mina que se conocía y siempre se creyó que era un producto de las entrañas de la tierra, nunca se dieron cuenta que la sal se podía obtener del agua del mar; Lot por orden de los jueces se recogió en un lujoso aposento y el negocio de la sal era próspero. Todos sabemos que según la leyenda llegaron unos personajes y le dijeron a Lot que se saliera con su gente porque aquella ciudad la iban a quemar, él trató de salvarla alegando muchas cosas pero nada logró; finalmente salió encabezando a los suyos y se encontraron con una laguna formada por arenas movedizas y ahí se ven troncos de árboles que a través de los años toman figuras por los gases sulfurosos que emanan de la tierra y Lot puso en práctica lo que los líderes hacen para que el pueblo les crea, el avance fue lento porque ordenó, “todos deben pisar en la huella que yo deje y no deberán voltear hacia atrás porque si lo hacen se volverán estatuas de sal”.

Así fue y Lot con su “cayado” fue marcando cada una de sus pisadas y sobre ellas fueron avanzando los que lo seguían; la esposa que no era hebrea y con la que siempre estaba peleando le pareció exagerado y risible lo dijo por su marido y ella si volteó hacia atrás para ver como ardía la ciudad, lógicamente perdió el equilibrio y cayó en las arenas movedizas (en nuestro medio se llaman pantanos) y lentamente se la fueron tragando, ella gritaba pidiendo auxilio y los que iban delante obedientes se negaron a auxiliarla por temor a voltear hasta que dejaron de oírse los quejidos y por fin salieron todos de esa terrible trampa de la naturaleza; cuando llegaron al otro lado buscaron a la señora y sólo encontraron que, hay un tronco de árbol que visto desde cierta perspectiva tiene figura de mujer y aún a nuestros días se sigue diciendo que es la esposa de Lot convertida en sal por su desobediencia.

Aquí en las costas del Pacífico en las playas de Cuyutlán, existen vestigios de que desde hace miles de años ya la sal era extraída del agua del mar y en la actualidad se siguen obteniendo en forma artesanal; últimamente aprovechan un residuo que aparece durante la noche sobre los montones y que con una araña la juntan y se vende a altos precios. ¿Verdad o leyenda?

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