Decisión democrática

Sin guardar las proporciones, en las elecciones del domingo se suscitó la ola López Obrador, como ocurrió con el ex presidente Vicente Fox en el 2000, cuyo efecto propició que la victoria del político guanajuatense haya permeado las demás  posiciones en disputa. Lo anterior se registró nuevamente antier, pero de una manera más pronunciada, dado que el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia gozará de la mayoría en el Congreso de la Unión y de las gubernaturas en juego.

En el estado de Colima prácticamente obtuvo la totalidad de los cargos de elección popular en disputa, y como botón de muestra está el haber conquistado 15 de 16 distritos electorales locales de mayoría relativa, las dos diputaciones federales y la fórmula al Senado, con lo que detona que la mayoría de los electores que emitieron su voto lo hicieron con el 5 de 5, es decir, votaron por el PT-Morena-Encuentro Social en las cinco boletas a competir: la presidencia, la senaduría, la diputación federal, la alcaldía y el escaño local.

Por primera vez, un político curtido como líder social, que mira hacia la izquierda, gobernará este país, donde según el conteo rápido del INE, logró entre el 53% y 53.8% de los sufragios, superando a Ricardo Anaya (22%-22.8%) y a José Antonio Meade (15.7%-16.3%).   Se dice fácil y rápido, pero no lo es: Andrés Manuel López Obrador será el presidente con mayor respaldo de la historia de México, a tal grado que no hizo falta esperar a tener resultados oficiales. Tras conocerse las encuestas de salida, sus tres adversarios reconocieron la derrota y lo felicitaron.

No sólo se ha elegido presidente, también un futuro distinto. La victoria supone un tsunami político. Morena, el partido de AMLO, gobernará también la ciudad de México y obtendrá el poder en varias gubernaturas. Si hace 18 años el país decidió poner fin a la hegemonía del PRI después de 70 años, ahora posibilita una transición, un cambio de régimen tras dos décadas de alternancia entre los partidos tradicionales.

Su triunfo constata el hartazgo del sistema, por lo que se le brinda la oportunidad a quien, dicho sea de paso, promete una transformación, que estaría por verse.

A partir de ya, las propuestas de Andrés Manuel deberán ser aterrizadas y definir cómo acabar la corrupción, porque su mandato será uno de los más observados, toda vez que se autoimpuso una vara muy alta que deberá ser superada. Uno de sus mayores desafíos en estos cinco meses de transición es superar la polarización generada durante una campaña repleta de crispación.

Por lo pronto, hay que digerir, propios y extraños, esta decisión democrática, la que por fortuna se dio sin incidentes mayores que lamentar, y sin acusaciones de fraude, lo que ya es ganancia.

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