Reflexiones de vida

Eduardo Lomelí G.

 

El peinado de la tía Vero

 

En contadas ocasiones lo que con más entusiasmo se prepara es lo que más difícil resulta, y lo inesperado se convierte en lo más divertido y original.

En un barrio popular del estado de Colima surgió esta historia, con una chica llamada Verónica, el entusiasmo por acudir a las fiestas era para ella una obsesión que no podía controlar, siempre  trataba de ser el centro de atención, un día sin esperar la respuesta del destino, un mállate verde sería su verdugo para estropear sus planes.

-Aquel sábado fuimos a una fiesta-. contaba con entusiasmo Susana, la sobrina de Vero, -a mí no me gustan ese tipo de reuniones pero a mi tía Vero sí, le encantan diría yo, durante varios días se arregla, se viste con plumas exóticas, pieles, piedras preciosas, ¡ah y sus guantes no pueden faltar! pero hay algo que me quita la respiración…, su peinado, es que cuando se aproxima una fiesta ya sea boda, 15 años, primera comunión o hasta un funeral, la tía Vero hace cita en el salón de belleza de Victoria, una chica de muy buena reputación en el arte de la belleza femenina.

En ese lugar la peinadora hace el milagro, agarra los pocos pelos que tiene mi tía, pues ya está medio calva, los lava, los seca y les hace crepe, los extiende y después los trabaja hasta que los transforma en un edificio de fantasía, ¡sí de verdad, de varios pisos! rulos, roles y caireles los ornea en el secador durante varias horas, por si fuera poco los rosea con siete litros de laca para darle firmeza y sostén a su creación, el día de la fiesta, mi tía llegó a la casa con un peinado que media más que ella la altura era impresionante, se veía impresionante la verdad.

Nosotras ya nos encontrábamos en la reunión, cuando salimos a la puerta para recibirla, se escuchó un zumbido, al levantar la vista al cielo, era un bicho que se acercaba a toda velocidad, era un mállate, se asemejaba a un escarabajo pero más rechoncho y escandaloso, aquel mállate era del mismo verde de sus ojos así que haría juego con su vestimenta, nos asomamos temerosos estaba un poco aturdido y mareado por el olor de la laca exagerada del peinado de mi tía Vero, pero decidimos dejarlo ahí, pues en realidad combinaba con el peinado y los ojos de mi tía, ella  nerviosa sabía que no tenía alternativa, la fiesta tendría que comenzar, se sobresaltaba a cada rato pues el mállate estaba atorado en su escasa cabellera, cuando terminamos de cenar dio comienzo la música, creo que el escarabajo se divertía de lo lindo al ritmo de la música, pero de igual manera moría lentamente contaminado por los olores que despedía la laca, observe fascinada que el merengue del pastel se asemejaba al peinado de mi tía Vero, la noche trascurrió el escarabajo por lo menos tuvo una muerte alegre con los brincos que mi tía pegaba para ver si de esa forma se deshacía de aquel prendedor de la naturaleza, mi tía termino la fiesta con un escarabajo entre su pelo sirviendo de prendedor. Su vanidad se convirtió en un aprendizaje de vida, los mállates no son tan feos como ella pensaba. Y yo jamás olvidaré esa fiesta.

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