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El voto de la mujer

Por Rafael Tortajada

Durante muchos años una de las grandes aspiraciones de las mujeres era ejercer el voto en elecciones porque deseaban elegir personas de su preferencia. En Inglaterra se iniciaron todos los movimientos sufragistas con resultados negativos, como no eran escuchadas, una jovencita cuyo nombre no lo registra la historia, desesperada se le lanzó al carro del rey de Inglaterra que aunque era de caballos fue suficiente para matarla en presencia de todo el público. Eso encendió los ánimos de las féminas y llegó aquí a América esa ansiedad por ejercer al voto.

En Estados Unidos hubo un hecho sangriento histórico cuando el dueño de una fábrica de ropa se negó rotundamente a otorgarles derechos y menos un aumento de sueldo. Como las mujeres que eran aproximadamente 300 insistieron en su petición, el propietario de la fábrica le puso candados a las puertas y le prendió fuego al local muriendo todas las trabajadoras; eso hizo que se encendieran los ánimos en todo el elemento femenil. En México, el primer caso de una mujer que fuera incluida en un Congreso fue precisamente la señorita Elvia Carrillo Puerto, hermana de Felipe Carrillo Puerto gobernador de Yucatán; a esta mujer le cabe el honor de haber sido quien iniciara el desfile ante un Congreso aunque fuera local; al ser fusilado su hermano ella fue desaforada.

La lucha siguió hasta cuando Lázaro Cárdenas era presidente y propuso al Congreso de la Unión que la mujer ya estaba preparada para votar y le fue aceptado, sólo que el presidente razonó el dominio que el marido tenía sobre su esposa y consideró que él le iba a ordenar a la suya por quién votar, por lo tanto nunca fue publicado en el Diario Oficial. En el Estado de Guerrero había una familia belicosa apellidada Mesa Andraca y cuando se informaron de que la iniciativa había sido aceptada aún sin ser legal, pistola en mano impusieron a su hermana Gloria Mesa Andraca como presidenta municipal de Chilapa (ahí está la estatua de la dama).

Trasladándonos hasta el año de 1946, cuando el licenciado Miguel Alemán entró al poder ejecutivo consideró que ya era necesario tomar en cuenta a las mujeres en el terreno político y con iniciativa al Congreso se aprobó el voto de éstas exclusivamente en elecciones municipales. Durante la época en que don Adolfo Ruiz Cortines llegó a la presidencia y se vio presionado por un grupo de damas líderes y no tuvo empacho en proponer al Congreso la modificación a la ley electoral; de ahí salieron las primeras mujeres presidentas municipales siendo la señora Casajuana que fue electa en Tenancingo de Degollado Estado de México la primer presidenta municipal; la que le siguió en fecha posterior fue doña Carmelita Martín del Campo que presidió el ayuntamiento de Aguascalientes; la tercera fue doña Virginia Soto Rodríguez y la cuarta ya le tocó ser a la villalvarense Martha Dueñas González.

Cabe hacer mención de que en el Ayuntamiento de Colima tuvo oportunidad de ser presidenta aunque en forma interina por 15 días la señora Celsa Virgen, originaria de Los Mezcales municipio de Comala.

Y así se abrió la brecha para que las mujeres ingresaran al ramo de la política que en un día como el pasado domingo pero de 1955 en esta ciudad se aglomeraron las damas para emitir su voto en las casillas al grado que el 60% de los sufragios fue de féminas.

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