Evangelio dominical

Evangelii / gaudium
(La alegría del Evangelio)

¡NADIE ES PROFETA EN SU TIERRA”
Evangelio de San Marcos:6,1-6
Domingo 08 de julio de 2018

Texto del Evangelio del presente domingo:

1 Y salió de allí y fue a su tierra, y le siguieron sus discípulos.
2 Y cuando llegó el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, estaban atónitos y decían: ¿De dónde saca este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son hechas?
3 ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.
4 Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes y en su casa.
5 Y no pudo hacer allí ningún milagro; solamente sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.
6 Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

Comentario:

Las frases acuñadas desde tiempos lejanos, sea cual fuere, expresan una rica sabiduría y están, con frecuencia, en la boca de niños y de adultos. Muchas de estas frases han cruzado los siglos y nos parecen frescas, recién hechas.

Una de ellas es ésta: “Nadie es profeta en su tierra” (cfr. Marcos 6,4), que en versión popular significa que no es bien recibida una persona, que después de brillantes estudios académicos, porque siempre fue humilde y no se le veía brillante futuro.

De hecho, después de que Jesús, cercano a los treinta años, había dejado Nazaret y ya desde hacía un tiempo estaba predicando y obrando y curando por otros lugares, regresó una vez a su pueblo y se puso a enseñar en la sinagoga. Sus conciudadanos “permanecieron sorprendidos” por su sabiduría y, a sabiendas de él como el “hijo de María”, el “carpintero”, que había vivido en medio de ellos, en lugar de acogerlo con fe se escandalizaban de Él. (cf. Mc. 6, 2-3).

Este hecho es comprensible, porque la familiaridad en el plano humano hace que sea difícil ir más allá y abrirse a la dimensión divina. Jesús mismo aplica como ejemplo la experiencia de los profetas de Israel, que en su propia casa habían sido objeto de desprecio, y se identifica con ellos. Debido a esta cerrazón espiritual, Jesús de Nazaret no podía realizar en Nazaret “ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos” (Mc. 6,5). De hecho, los milagros de Cristo no son una exhibición de poder, sino los signos del amor de Dios, que tiene lugar allí donde encuentra la fe del hombre. Orígenes escribe: “Así como para los cuerpos hay una atracción natural de unos hacia los otros, como el imán al hierro, así tal fe ejercita una atracción sobre el poder divino”.

La verdad que conservan estas enseñanzas del Señor, son respaldadas con su propia vida, de tal manera que nadie le podía rebatir porque siempre salían de su boca palabras que tenía y trasmitían vida en abundancia. (P. J. Mendoza Preciado)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *