Hablemos de …

Muerte de Álvaro Obregón

Por Rafael Tortajada

 

El 19 de febrero de 1880, en la Hacienda de Siquisiva, Municipio de Navojoa, Sonora nació Alvaro Obregón Salido, destacado general de la Revolución Mexicana y Presidente de México de 1920 a 1924.

Inició su actividad política a los 32 años de edad, durante la presidencia de Francisco I. Madero, al ser electo munícipe de Huatabampo, Sonora. Poco después formó parte del grupo que se unió al entonces gobernador de Sonora, José María Maytorena, para combatir a la rebelión Orozquista en contra de Madero.

En 1913, después de la Decena Trágica, Ignacio L. Pesqueira quien cubría una licencia de seis meses concedida al gobernador Maytorena lo designó jefe de la Sección de Guerra de la Secretaría de Gobierno de Sonora.

El 27 de septiembre del mismo año, Venustiano Carranza lo nombró comandante del Cuerpo del Ejército del Noroeste, con este grado y como general de división, Obregón combatió a los huertistas. La Revolución Mexicana ya había entrado en la etapa constitucionalista y ante la inminente derrota de Huerta, se planteó la cuestión de la posterior organización del país, por lo que el 8 de julio de 1914, en Coahuila, los representantes de las Divisiones del Norte del Ejército Constitucionalista y del Noroeste suscribieron el Pacto de Torreón, en el que se acordaba reconocer la autoridad de Carranza y efectuar una convención tan luego fuera depuesto el usurpador Victoriano Huerta. En dicha convención se convendrían los términos del proceso electoral federal, así como el programa del gobierno provisional.

Después de que la Cámara de Diputados aceptó la renuncia de Huerta, Francisco S. Carbajal (quién hasta entonces se desempeñaba como Secretario de Relaciones Exteriores) fue nombrado presidente provisional y, el 13 de agosto de ese año, luego de la firma de los Tratados de Teoloyucan por los cuales se establecían las condiciones en que debía verificarse la evacuación de la Ciudad de México por el Ejército Federal y la disolución de éste Carbajal abandonó la capital; el día 15 entró en ella el general Obregón al frente del Ejército Constitucionalista.

Cinco días más tarde Carranza llegó a la Ciudad de México para asumir el mando del Poder Ejecutivo, de acuerdo con el artículo quinto del Plan de Guadalupe.

El 1 de octubre de 1914, la convención impulsada por Carranza inició sus labores en la Cámara de Diputados, el día 5 fue aceptada la propuesta de suspender los trabajos y reanudarlos el día 10 en Aguascalientes; en ella se suscitó una lucha de facciones, Obregón entonces otorgó su apoyo a Carranza, quién lo nombró Jefe del Ejército de Operaciones con la misión de combatir a las fuerzas convencionistas. Al año siguiente Obregón venció a Francisco Villa representante entonces de las fuerzas militares de la convención en varias plazas, con lo que logró destruir gran parte de su poderío bélico y reducir la influencia de la convención en el centro del país.

Después de recuperarse de las heridas sufridas en estos combates y de la amputación de su brazo derecho (ocurrida en junio de ese año en la batalla de Celaya), Obregón se dirigió al norte del país y en Ciudad Juárez, lo que quedaba del ejército villista le rindió sus armas.

Posteriormente, y a raíz del ataque de Francisco Villa a Columbus, Nuevo México, efectuado el 9 de marzo de 1916, Obregón fue designado Secretario de Guerra y Marina, ministerio que ocupó de marzo de 1916 al 1 de mayo de 1917, fecha en que entró en vigor la nueva Constitución, siendo Carranza Primer Mandatario. Obregón dimitió argumentando la virtual pacificación del país y se retiró a Navojoa para dedicarse a la agricultura.

Dos años después, en 1919, se postuló candidato a la Presidencia de la República, pero en abril de 1920 en plena campaña electoral, en la Ciudad de México se le acusó para desvirtuar su campaña de estar involucrado en una conspiración, por lo que tuvo que huir rumbo a Chilpancingo, Guerrero, ahí expidió un manifiesto en que acusaba al Presidente Carranza de impedirle realizar sus actividades proselitistas.

Poco después, el general Obregón se adhirió al Plan de Agua Prieta, firmado el 23 de abril, y se puso a las órdenes de Adolfo de la Huerta, entonces gobernador de Sonora. El Plan fue suscrito por importantes jefes militares como Plutarco Elías Calles y Adolfo de la Huerta, funcionarios, diputados y senadores de Sonora; en dicho Plan se acordó el cese de Carranza, quien se vio precisado a abandonar la ciudad de México; semanas después muere asesinado en Tlaxcalaltongo, Puebla, el 21 de mayo de 1920, por lo que el día 24, el Congreso de la Unión, en sesión extraordinaria, acordó la designación de Adolfo de la Huerta como presidente sustituto para que concluyera el período de Carranza y, así, se convocara a elecciones presidenciales. Obregón se postuló nuevamente candidato para los comicios que se llevarían a cabo el 5 de septiembre, en los que resultó electo con 1,131,751 votos a su favor, para el período del 1 de diciembre de 1920 al 30 de noviembre de 1924.

Para conducir pacíficamente al país, durante el gobierno de Obregón se llevaron a cabo importantes tareas, tales como la reorganización del ejército, la reordenación de los sistemas bancario y monetario, la reforma agraria y se favoreció a los obreros a través de la Confederación Regional Obrera Mexicana.

En septiembre de 1921 fue creada la Secretaría de Educación Pública, cuyo titular sería José Vasconcelos. La SEP puso en marcha programas en pro de la educación, como la edición de libros en grandes tirajes, el impulso a la enseñanza popular y al trabajo docente de los maestros rurales. En cuanto a política externa, en 1923 se llevó a cabo (de mayo a agosto) una serie de conferencias de carácter informal entre representantes de Estados Unidos y México, conocidas como Tratados de Bucareli; en ellas se abordaron principalmente dos temas: las indemnizaciones a ciudadanos norteamericanos por los daños sufridos durante la Revolución, y los derechos de los extranjeros relativos a la propiedad y la explotación de los recursos del subsuelo nacional. Después, Estados Unidos otorgó su reconocimiento al gobierno mexicano. Asimismo, en agosto de 1924, México se convirtió en el primer país del Continente Americano en establecer relaciones diplomáticas con la Unión Soviética.

A fines de 1923, Plutarco Elías Calles contaba con el apoyo de Obregón para sucederlo, respaldo que no fue del agrado de Adolfo de la Huerta, entonces ministro de Hacienda y aspirante también a la presidencia, quien se levantó en armas; en pocos meses la insurrección fue sofocada, por lo que Calles pudo convertirse en Presidente de México en diciembre de 1924.

Obregón concluyó su período presidencial en noviembre de 1924 y volvió a Sonora para ocuparse de sus negocios. Tres años después, el 22 de enero de 1927, se promulgó la reforma a los artículos 82 y 83 de la Constitución de 1917, que permitía la reelección del presidente, siempre que no fuera por más de períodos y estos no fueran consecutivos; el propósito era claro: favorecer la reelección de Obregón, apoyada por sus partidarios dentro de las Cámaras.

La campaña proselitista fue difícil, pues ocurrieron incidentes graves, como el intento de aprehensión al Presidente Calles y su candidato, fraguado por los opositores generales Arnulfo R. Gómez y Francisco R. Serrano o los atentados contra la vida de Álvaro Obregón, como el dinamitero del 13 de noviembre de 1927. A pesar de todo, el 1 de julio de 1928 tuvieron lugar las elecciones presidenciales, en las que Obregón resultó electo para el período 1928-1934.

El 17 de julio, en una comida que le ofreció la diputación guanajuatense en el restaurante La Bombilla, en San Angel, para celebrar su triunfo, se acercó al general Obregón bajo el pretexto de mostrarle un retrato un individuo llamado José de León Toral, quien lo asesinó de seis disparos.

Llegada del General Obregón

El General Obregón se presentó minutos antes de las 13:00 horas. Llegó a bordo de su automóvil Cadillac, acompañado de los señores licenciados Aarón Sáenz, Arturo H. Orci y Federico Medrano, del diputado Ricardo Topete y del Coronel Tomás A. Robinson.

Vestía el divisionario sonorense un traje gris, y daba muestras de un buen humor de siempre. Saludó a la concurrencia y para cada uno de los comensales tuvo una frase amable.

Accedió a posar en un grupo, con los comensales, por más que advirtió que después de la comida ese grupo fotográfico resultaría mejor, todos los personajes tendrían semblantes risueños y satisfechos, pero en fin, se resignó a las exigencias de los fotógrafos.

 

Cómo fue la tragedia

El asesino —que después se supo que se llamaba José— había permanecido de pie cerca de la mesa de la derecha. Parecía arrobado en su labor y ajeno a cuanto pasaba en su entorno suyo. Y algunos comensales supieron que no escribía, sino dibujaba. Estaba haciendo caricaturas de ellas.

González caminó lentamente hacia la mesa de honor. Y al llegar al extremo izquierdo, cerca de la cual se hallaba el diputado Ricardo Topete, que conversaba con don Enrique Fernández Martínez, se le acercó, diciéndole que había tomado dos caricaturas del General Obregón y una del licenciado Sáenz.

—A ver qué le parecen a usted, señor Topete —le dijo— después hace su caricatura.

—Está bien— respondió con indiferencia el diputado Topete.

—Voy a enseñárselas al General Obregón —dijo González— A ver qué dice.

Y el asesino dio un paso, detrás de la gran pieza floral, debajo de la cual pasó, hasta llegar detrás del General Obregón accedió complaciente a verlas, y se volvió hacia su derecha, entregándose confiado a la contemplación de los dibujos.

Los relojes marcaban las 14:20 horas. Esto fue el momento que traidoramente aprovechó el asesino, contando con que todos charlaban distraídos y que nadie vigilaba sus actos.

Dio un paso a su izquierda, quedando detrás el licenciado Aarón Sáenz y violentamente sacó una pistola automática “Star”, calibre 35. Y estando de pie, disparó casi a quemarropa sobre el General Obregón que seguía sentado y le presentaba la espalda confiadamente.

Fueron cinco, seis disparos consecutivos —el número de ellos no pudo precisarse—, que sembraron estupor entre cuantos se hallaban en aquel lugar.

El General Obregón no tuvo tiempo de hacer ningún movimiento para su defensa. La agresión fue inesperada. El asesino le hizo fuego por la espalda y de arriba abajo. Todos los balazos hicieron blanco. El General Obregón cayó sobre la mesa, primero; después se desplomó hacia su costado izquierdo y cayó al suelo.

Se cree que murió instantáneamente. Que cuando se desplomó ya estaba sin vida.

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