Por la desconcentración

La desconcentración surge como un medio para facilitar el dinamismo de la actividad de determinados órganos de la administración pública federal, por lo que ésta es un acto de legislación por medio del cual se transfieren ciertas facultades de una instancia central a los organismos estatales que forman parte de su propia estructura con la finalidad de que la actividad que realiza la administración se haga de un modo pronto y expedito.

Implica una manera de diluir el poder y la competencia en los subordinados para despachar asuntos, y según nuestro sistema administrativo, la desconcentración puede ser por materia o por territorio. Para Maurice Bourjol, conocedor del Derecho Administrativo, los tipos de desconcentración son: vertical, horizontal y por servicio.

Lo anterior se asienta por lo que busca el virtual presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, con la desconcentración administrativa, que en el caso del tabasqueño, va orientada a la de territorio, cuya finalidad es generar desarrollo e inversiones en las entidades federativas, y que no todo se centralice en la capital del país.

Pero ojalá no sea contraproducente el proyecto que pretende López Obrador, a grado tal que se le haga bolas el engrudo, y que sí aterrice en lo que se pretende para que haya inversiones, desarrollo, generación de fuentes de empleo, vivienda y demás.

A partir del uno de diciembre venidero pretende el gobierno Lopezobradorista sentar las bases para la desconcentración administrativa, con miras a una transformación, partiendo del combate a la corrupción y a una mejor distribución de la riqueza fiscal entre los mexicanos.

La desconcentración administrativa está anunciada como un acto de gobierno sin importar las consecuencias y posibles retrasos en la administración pública federal. Está decidido AMLO a correr los riesgos que conlleva un acto de esta dimensión, en que se reubicaría a un aproximado de  200 mil trabajadores y sus familias.

Como todo en la vida, existen pros y contra, opiniones divididas en torno a la desconcentración, por aquello del elemental análisis costo-beneficio, pero al margen de todo se debe respaldar las políticas públicas del próximo mandatario de la nación, todo en aras de que, de facto, se combata el flagelo de la corrupción.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *