Evangelio dominical

Evangelii / gaudium

(La alegría del Evangelio)

 

 MULTIPLIQUEMOS LOS PANES

Evangelio de San Juan: 6,1-15

Domingo 29 de julio de 2018

  1. Jesús Mendoza P.

 

Texto del Evangelio del presente domingo:
1. Después de esto, pasó Jesús al otro lado del mar de Galilea, o de Tiberíades. 2. Y le seguía un gran gentío, porque veían los milagros que hacía con los enfermos. 3. Entonces Jesús subió a la montaña y se sentó con sus discípulos. 4. Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. 5. Jesús, pues, levantando los ojos y viendo que venía hacia El una gran multitud, dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para que éstos tengan qué comer?” 6. Decía esto para ponerlo a prueba, pues Él, por su parte, bien sabía lo que iba a hacer. 7. Felipe le respondió: “Doscientos denarios de pan no les bastarían para que cada uno tuviera un poco”. 8. Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Pedro, le dijo: 9. “Hay aquí un muchachito que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero ¿qué es esto para tanta gente?” 10. Mas Jesús dijo: “Haced que los hombres se sienten”. Había mucha hierba en aquel lugar. Se acomodaron, pues, los varones, en número como de cinco mil. 11. Tomó, entonces, Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban recostados, y también del pescado, cuanto querían. 12. Cuando se hubieron hartado dijo a sus discípulos: “Recoged los trozos que sobraron, para que nada se pierda”. 13. Los recogieron y llenaron doce canastos con los pedazos de los cinco panes, que sobraron a los que habían comido. 14. Entonces aquellos hombres, a la vista del milagro que acababa de hacer, dijeron: “Este es verdaderamente el profeta, el que ha de venir al mundo”. 15. Jesús sabiendo, pues, que vendrían a apoderarse de Él para hacerlo rey, se alejó de nuevo a la montaña, El solo. 

Comentario:

La liturgia eucarística dominical, toma de nuevo el evangelio de san Juan para hablarnos del cuidado de Jesús tenía de sus seguidores que “olvidaban”, incluso, alimentarse por seguirlo.

Hay un verbo en común, ver, aplicado tanto a las multitudes que seguían a Jesús, como al mismo Maestro.

 

La multitud “veía” los milagros que hacía con los enfermos y el Señor “veía” la forma de dar de comer a los que lo seguían: “¿Dónde compraremos pan para que éstos tengan qué comer?”.

Bien dice la gente buena de nuestras comunidades cristianas: “Primero comer, que ser cristiano”

 

Es una realidad que vivimos hoy día. Hay muchas familias que no tienen qué comer y van casa por casa pidiendo “la caridad” de un pedazo de pan y un jarro de agua. Es una gran ocasión la que se presenta en las puertas de nuestro domicilio.

 

“Tuve hambre, y me diste de comer”, dirá el Señor en el día del juicio final, porque cuando damos alimento al necesitado por amor a Dios, lo damos a Dios mismo.

 

El milagro de multiplicar los panes y los peces para dar de comer a las multitudes, es un anuncio de otro pan, la Eucaristía, que ofrecerá el Señor a los bautizados.

 

El Señor puede hacer llover pan del cielo; pero recurre siempre a lo que podemos aportar: “”Hay aquí un muchachito que tiene cinco panes de cebada y dos peces. Pero ¿qué es esto para tanta gente?”

 

Esos pocos panes que humanamente es imposible alcance para una gran multitud, en las manos de Jesús, se multiplican milagrosamente y sacian a todos y, todavía, sobran, no para tirarlos, sino para darlos a otras gentes.

 

Es importante guardar el orden y compostura para comer el pan de Dios. Que esté limpia nuestra conciencia y que seamos ordenados para comulgar.

 

Dice el texto: “Tomó, entonces, Jesús los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban recostados, y también del pescado, cuanto querían. 12. Cuando se hubieron hartado dijo a sus discípulos: “Recoged los trozos que sobraron, para que nada se pierda”. 

Después de admirar el milagro de la multiplicación de los panes, vino una confesión de fe: “Este es verdaderamente el profeta, el que ha de venir al mundo.

 

A continuación, viene la actitud de Jesús ante el sentido agradecido del pueblo que lo quería proclamar rey. “Se retiró otra vez a la montaña·

 

El presente pasaje del evangelio de Juan es el anuncio profético que lo hará Jesús en la última Cena y ordenará: “Hagan esto en memoria mía”

 

 

El Papa Francisco nombra obispo para Tehuantepec, en México a sacerdote colimense

 

Final del formulario

 

Mons. Crispín Ojeda Márquez. Foto: CEM.

El Papa Francisco nombró hoy, 27 de julio, como nuevo Obispo de Tehuantepec (México), a Mons. Crispín Ojeda Márquez.

Mons. Ojeda Márquez ejerce su ministerio hasta la fecha como Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México.

La Diócesis de Tehuantepec, sufragánea de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca al sureste de México, atiende a más de 1,4 millones de fieles, que suman poco más del 80% de la población de la región.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) expresó en un comunicado que “nos unimos en alegría y oración con la Iglesia que peregrina en la Diócesis de Tehuantepec”.

Al mismo tiempo, los obispos expresaron su deseo de que Mons. Ojeda Márquez tenga “un fecundo desempeño en su nueva encomienda Episcopal que el Señor le ha confiado”.

El obispo mexicano nació en 1952 en la ciudad de Tecomán, Colima y fue ordenado sacerdote el 27 de diciembre de 1979 en su ciudad natal.

Entre otros ministerios, fue Rector del Seminario de Colima y párroco en varios lugares de su diócesis de origen.

En 2011 Benedicto XVI lo nombró Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México. La ordenación episcopal se realizó el 28 de julio de ese año en la Basílica de Guadalupe.

La CEM lo designó como su delegado para las Residencias de la Universidad Pontificia de México y miembro del Consejo de ese centro de estudios.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *