Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

¿Será un peligro para México?

En primer lugar, ya ni llorar es bueno, una mayoría aplastante de mexicanos el pasado uno de julio -mañana se cumple un mes-, entregó su voto a Andrés Manuel López Obrador para que presida nuestro país por seis años. La oportunidad democrática estuvo en las manos de cada ciudadano y ejerció el derecho libremente.

Palo dado, ni Dios lo quita.

El tabasqueño, en este momento virtual presidente electo, estuvo en campaña doce o más años, repitió su proyecto de cambio millones de veces por cada uno de los rincones de la geografía nacional, dijo -y cumplió- que estuvo en todos los municipios del país y, a voz en cuello, expresó que rebajaría el sueldo de los funcionarios de primer nivel, que adelgazaría las nóminas, que terminaría con los privilegios, que gobernaría con el ejemplo y acabaría el veneno del país que es la corrupción. Eso y muchos otros compromisos.            Abordó temas polémicos como el del aeropuerto internacional de la ciudad de México, prometió que no iba a haber gasolinazos, mucho dijo, demasiados compromisos que, ahora, a unos meses de rendir protesta como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, le están pesando.

Se reducirá el sueldo a menos de la mitad de lo que gana Enrique Peña Nieto, lo que me parece un fundamento innecesario, que lo haga, pero no que lo compare con el del actual presidente, sencillamente que diga que percibirá menos de lo que es el salario del mandatario de la nación, sea quien sea.

Se escuchan voces que argumentan que no podrá rebajar muchos de los sueldos que superan al que será el suyo, ya le corrigieron la tarea y sí seguirá habiendo ajustes en los precios de los hidrocarburos, habrá fluctuación de nuestra moneda frente a otras divisas incluyendo el dólar, acomodó una consulta al pueblo para decidir si se continúa la construcción del aeropuerto internacional de la ciudad de México, que se sigue edificando y que para cuando se pueda hacer el plebiscito estará ya en servicio.

López Obrador incluye entre su equipo de colaboradores de primer nivel a personajes que serán muy útiles en los cambios que pretende, en donde no se puede abarcar a varios, como por ejemplo Manuel Bartlett, que es un anciano cercano ya a los noventa años, ignorante de la responsabilidad que le conferirá el tabasqueño; no logrará aún saber lo que es un watt o un volt cuando lo alcanzará el alemán alzhéimer, si no es que lo tiene  muy próximo.

¿Pero es un peligro para México? Yo creo que no, pero estoy seguro que el país está en alto riesgo de caer en situaciones difíciles, incómodas y hasta temerarias, protagonizadas por miles de mexicanos que por el tsunami del pasado uno de julio llegarán a alcaldes, gobernadores, a las cámaras federales alta y baja y a las cámaras locales, a cargos administrativos importantes.

Muchos de éstos no están preparados, ganaron en las urnas algunos sin hacer campaña, y con el poder en la mano podrán excederse y arrastrar a terrenos de enfrentamientos riesgosos.

Ojalá y no se repitan los casos de cobros de facturas, de venganzas con el criterio de “ahora va la mía”.

¡Esperemos que no!

Ya Andrés Manuel López Obrador gobernó la Ciudad de México, fue su regente y no hizo un mal papel.

Me decía un amigo: “Démosle el derecho de la duda”. ¿Derecho?, no lo ocupa, será el presidente de México a partir del 1 de diciembre por mérito propio, estoy seguro de que entre sus proyectos de cambio no incluye llevar a los mexicanos a situaciones de quiebra o de inestabilidad política o social, que sepa corregir cuando se equivoque, pero sobre todo que controle al tigre.

 

 

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