Hablemos de

Fusilamiento de Miguel Hidalgo y Costilla

Por Rafael Tortajada

El día de ayer se cumplió un aniversario luctuoso más del fusilamiento del gran líder que fue Don Miguel Hidalgo y Costilla y con su muerte, se cierra la primera etapa de la guerra de independencia que él mismo iniciara el 16 de septiembre de 1810 en la antigua villa de Dolores donde era párroco.

Gratos recuerdos dejó a los pobladores de esa villa puesto que, fomentó las industrias y las artesanías entre la población rural sobre todo de toda esa región, logrando con eso un mejoramiento económico hacia todos los que asimilaron sus enseñanzas. Recientemente estuvimos en la casa que él habitó en este lugar que citamos y a pesar de los recuerdos tangibles que existen que nos hacen vivirlo con una presencia innata, no dejamos de lamentar el hecho de que la mayor parte de sus muebles y pertenencias que él tenía en esa casa, fueron quemados por órdenes de Calleja.

Este infeliz que con posterioridad llegó a ser el virrey de la Nueva España no pudo detener el alud de manifestaciones sociales y armadas del pueblo y finalmente lograron la independencia que Hidalgo iniciara, el final de la guerra se conmemoró con la entrada del Ejército Trigarante a la ciudad de México precisamente el 27 de septiembre de 1821.

A pesar de que el país tomó otro derrotero y según acuerdo del Supremo Congreso Nacional en 1823, el nombre oficial del nuevo país fue Estados Unidos Mexicanos; lamentablemente estábamos infestados de ideas conservadoras que impedían el desarrollo de este país con la celeridad de una democracia que requiere una República y así sufrimos altibajos desgraciadamente sangrientos sobre todo desde el fusilamiento de Vicente Guerrero segundo presidente de México que se llevó a cabo con la traición del vicepresidente de México que era Anastasio Bustamante.

Rememoremos el calvario del padre de la Patria junto con sus seguidores que finalmente fueron víctimas del patíbulo en Chihuahua en el mes de julio de 1811.

Hidalgo y Allende, los dos principales jefes de la insurrección armada, acrecentaron sus diferencias a raíz de la derrota en el Puente de Calderón. Incluso, Allende confesó haber estructurado un plan para envenenar al «bribón del cura», como llamaba a Hidalgo.

Tras acordarlo con Aldama, Abasolo y Rayón, se acordó despojar a Hidalgo del mando militar en la Hacienda de Pabellón del hoy estado de Aguascalientes, el 25 de febrero, cuando los insurgentes se disponían a huir a Estados Unidos de América, para comprar armamento y seguir la lucha.

Justamente por aquellos días, Allende recibió comunicación de Ignacio Elizondo, antiguo realista ahora militante en las fuerzas revolucionarias, pero no era más que un espía del gobierno virreinal.

Elizondo invitó a los caudillos de la insurrección a detenerse en su zona de influencia, conocida como las Norias de Baján, situado en la frontera de Coahuila y Texas, entonces parte del virreinato novohispano. El 21 de marzo, Hidalgo y Allende llegaron a las norias, para descansar un poco y seguir el camino a la Alta California. Primero llegó el contingente de Abasolo y sus soldados, quienes fueron capturados por los efectivos españoles.

Poco después, y sin percatarse de la captura de Abasolo, Allende, su hijo Indalecio, Aldama y Jiménez bajaron de un coche escoltado por algunos capitanes. Tras ofrecerles algo de comer, fueron aprehendidos, pero Allende opuso resistencia y Elizondo mató a su hijo. Finalmente apareció Hidalgo, a caballo y escoltado por pocos hombres, cuya captura fue más sencilla que las anteriores realizadas. Tras enlistar a todos los presos, Elizondo envió parte a la ciudad de México y en recompensa fue nombrado coronel. Los reos fueron trasladados, unos a Durango y el resto a Chihuahua, donde se les seguiría juicio.

Allende, Aldama y Jiménez fueron encontrados culpables por el delito de alta traición,  y se les condenó a muerte en mayo del mismo año. Abasolo aportó datos adicionales sobre la insurgencia que permitieron llevar a cabo redadas donde se obtuvo material para contrarrestar el movimiento.

Su colaboración, sumada a los esfuerzos de su mujer, lograron conmutar su condena a la de prisión perpetua en Cádiz, España, donde murió en 1816. Mientras, en Chihuahua, Allende,  Aldama y Jiménez fueron pasados por las armas por la espalda en la plazuela de la ciudad el 26 de junio, más tarde sus cuerpos fueron decapitados y sus cabezas enjauladas. Hidalgo fue enterado de esta noticia la misma noche de la ejecución. Pocos días más tarde, el obispo de Durango procedió a degradar al ex párroco de Dolores de su condición sacerdotal, y quedar disponible para su ejecución.

Ya en Chihuahua, Ángel Abella, comisionado como fiscal por el comandante general de las provincias internas interrogó al Cura Hidalgo quien prometió decir verdad en lo que supiere y fuera preguntado. Si bien no se le dijo la causa de su prisión, se supone que es por haberse levantado para independizar de España la entonces llamada Nueva España.

Hidalgo confesó haber aprehendido europeos a las cinco de la mañana del 16 de septiembre de 1810 en Dolores, sin más novedad que la de unos cintarazos que se le dieron a don José Antonio Larrincia (Larrinúa); haber levantado al ejército; haber fabricado moneda en Zacatecas; haber construido cañones y armas, fabricado municiones, y depuesto autoridades, europeas o criollas, que no seguían su partido. Persiguió a muchos de éstos y sólo había muerto el Intendente.

Se le imputaron delitos de alta traición, crímenes y asesinatos, sedición, conspiración, y le obligaron a firmar una retractación por «sus errores cometidos contra la persona del Rey y contra Dios».

El proceso se alargó, con 43 declaraciones de mixto fuero. Se le colocó entre los amantes de las ideas de la ilustración y se le condenó a la degradación. En un altar arreglado con un crucifijo sobre él en medio de dos cirios encendidos.

Con sádica paciencia se realizó la ceremonia. Con un cuchillo rasparon las manos y las yemas de los dedos a Don Miguel Hidalgo. Luego con unas tijeras se le cortó algo de cabello y un peluquero terminó la operación, haciendo desaparecer la tonsura.

Al final del ceremonial de la degradación le entregaron a los jueces de la curia. El juez Abella le conminó para que expusiera las razones que tuvo para sublevarse contra el Rey y contra la Patria. El embargo de la condena fue: Excomunión y pena de muerte para Miguel Hidalgo. Por profesar y divulgar ideas exóticas: partidario de la Revolución Democrática Francesa. Por disolución social: al pretender independizar a México, del imperio Español. En consecuencia, por traidor a la Patria.

A la hora de su fusilamiento pidió que no le vendaran los ojos ni le dispararan por la espalda (como era la usanza al fusilar a los traidores). Pidió que le dispararan a su mano derecha, que puso sobre el corazón. Hubo necesidad de dos descargas de fusilería y el tiro de gracia para acabar con su vida, tras lo cual un tarahumara, de apellido Salcedo del poblado Nombre de Dios, le cortó la cabeza de un solo tajo con un machete, para recibir una bonificación de veinte pesos.

En 1821 fue exhumado su cuerpo de Chihuahua y junto con su cabeza se le enterró en el Altar de los Reyes, de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Finalmente, desde 1925 reposa en el Ángel de la Independencia, en la capital. En 1869 fue erigido en su honor el Estado de Hidalgo, ésta Entidad Federativa se formó con superficie que le fue restado al Estado de México.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *