Reflexiones de vida

Eduardo Lomelí G.

 

Patrones de vida que dañan

Aquel día me encontraba en un depósito de fierro viejo, el dueño de ese lugar se encontraba con una cerveza tamaño caguama, charlábamos sobre la educación de los hijos. El con seguridad afirmaba.

-No maestro a los varones desde niños lo que tenemos que ensañar es a sostener su autoridad en la casa.

-Bueno yo pienso que en la vida existe un líder o dirigente de familia, pero la autoridad no se impone, creo que ese machismo impuesto de aquellas generaciones pasadas son el motivo principal de los patrones de vida que muchas personas arrastran por décadas en muchas ocasiones infinidad de generaciones Arturo.

-Jajajajaja,  si maestro pero por ese motivo ahora ya no se sabe ni quien manda en la casa, bueno en la de otros porque en la mía yo soy el rey.

-El chatarrero con sonoras carcajadas me tomaba del hombro, en ese momento entraba su esposa al negocio con su pequeño hijo de un año de edad.

-¡Quiuvo vieja! ¿Vienes por tu chivo?

-Pues si Arturo no me dejaste dinero en la mañana.- Respondía la mujer resignada a la suerte que le tocó.

-Pues venga para acá y tráigame a ese chamaco-. Al acercarse a su esposo, Arturo tomó la cerveza y arrimando la botella al pequeño le dijo.

-¡Órale mijo p’a que se vaya acostumbrando a lo bueno-. Yo lo miraba desconcertado sin creer lo que aquel hombre decía a  su retoño, con cierta molestia le comenté.

-Arturo ¿tú sabes  el daño que le causas a tu hijo en su organismo?

Mire don Eduardo, mi abuelo fue borracho mi padre fue borracho, yo también lo soy, que valla sabiendo para qué vino al mundo el chamaco, jajajajajajajajajaja  ¿o cómo ve usted?

-¡Mal, yo lo veo mal! Cómo quieres que te felicite por destrozar el cuerpo de tu propio hijo, ¡hasta qué grado de escuela tienes amigo?

-Tengo mi carrera de contador público terminada, si soy profesionista, este negocio lo tengo porque sé que es un giro de dineros rápidos, pero  tengo mi título.

-¡Y de qué te sirve amigo, para qué tanta preparación si lo realmente importante no lo aplicas en tu vida! ¿Qué aras de este niño? ¡Un alcohólico igual que tu o que tu padre!-.

Sí, me ofusque un poco, él solo me miraba entendiendo que para mí no era nada gracioso lo que hacía, buscando su defensa respondió.

-Bueno yo lo ensañare a defenderse de la vida, jamás lo obligaré a hacer lo que no le gusta, no como cree eso.

-¿Y tú crees que a él le va a gustar verte briago? ¿Qué le gustaría ver si golpeas a su madre,  porque llegas en estado inconveniente? Eso es obligar a una persona a hacer y vivir lo que él no quiere, por favor Arturo.

Esos son los patrones de vida que arrastramos muchas veces y que dañan más a nuestros hijos  que a quien pone el mal ejemplo-. Volteando a ver a la señora pregunté.

¿Tú crees que a tu mujer le agrada que llegues briago, a tocarla con aquel aliento alcohólico? No amigo piénsalo bien, todo tiene límites. Se cansa la mujer, se cansan los hijos y en ocasiones uno mismo se cansa pero ya es demasiado tarde, cuando ya perdimos todo queremos recuperar tiempos valiosos que tiramos a la basura.

Aquel hombre se quedaba callado volteaba a ver a la mujer y ella con su cabeza aprobaba mi comentario, para despedirme regresé aquella palmada en el hombro diciéndole.

-Si yo no fuera tu amigo, créeme que no te comentaba nada-.

-Gracias don Eduardo-. Respondió con seriedad. Con paso firme me retiré abordando mi auto lo dejé en una profunda reflexión.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *