Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

¿Cuántos fumarán mariguana?

La primera ocasión que tuve contacto con un fumador de mariguana tenía 25 años de edad, un íntimo amigo que se fue de este estado a vivir a la ciudad de México se contaminó con cofrades adictos al LSD y la mota. Me asusté mucho, se truncaron mis planes de superación y desarrollo, los proyectos de noviazgo, de triunfar y regresar a Colima con dinero y próspero.

Pronto lo que creí era una degeneración en algunos sectores de los habitantes de la gran urbe, llegó a Colima, primero entre jóvenes a los que se les llamaba “snobs” y en pocos años se contaminó el vicio, incluyó a otras zonas con menor capacidad de compra, entraron al mercado las metanfetaminas, la cocaína.

Varias décadas antes, la gama de derivados del opio hizo adictos a cientos de miles en Estados Unidos de Norteamérica en la guerra de secesión, que muchas antes fue el veneno en los fumaderos de dicho aletargante, por millones en Asia, Europa y en las grandes ciudades del vecino país del norte.

Soy testigo del incremento de adictos a las llamadas adormideras, como la Cannabis sativa o marihuana, las depresoras o estimulantes, o las alucinógenas, las opioides, las químicas de laboratorio y muchas más que resultan de combinaciones de químicos con otras sustancias que son muy peligrosas.

También soy testigo de lo común que les resulta a miles de jóvenes consumidores de distintos sectores sociales y económicos, las hay para todos los gustos y al alcance de cualquiera de los bolsillos y, lo peor, que deben ser productos muy bien distribuidos por redes de tienditas y vendedores al menudeo. Es más fácil conseguir un carrujo de mariguana que una cerveza.

Ayer llegó al interior de mi domicilio particular un intenso olor a humo de mariguana, le llamé a una persona que ayuda en el trabajo doméstico y le pregunté que si también lo percibía y su respuesta fue afirmativa, venía de una construcción en donde varios albañiles tomaban un descanso para desayunar y para darse ánimo -quizás- se fumaban su churro.

Hace pocos días, en una casa frente a la playa, al aire libre disfrutábamos del ambiente familiar y a alguien le llamó la atención el intenso olor a  humo de mariguana, nos asomamos a la barda que da al mar y en unas rocas, en la playa de Santiago, un tipo zagal disfrutaba del paisaje marino y de la belleza de unas jovencitas que, a metros de distancia y con mal ritmo, pero hermosas formas, bailaban alegres.

Al día siguiente, las jovencitas no regresaron, pero el aficionado a fumar yerba sí.

Conozco al menos tres lugares de los que llaman “tienditas” en donde se vende mariguana, foquito, crack y no sé qué otras drogas, el comercio se hace a media calle, no es un secreto, lo saben los vecinos y las autoridades, cada dos o tres meses elementos de todas las corporaciones se hacen presentes en patrullas, comandos armados con ametralladoras.

Son un espectáculo parecido a lo que vemos en las escenas de películas policiacas, detienen los uniformados a cinco o seis chiquillos que son los narcomenudistas y al día siguiente regresan a su barrio a lo mismo: a seguir vendiendo.

Deben ser muchos los consumidores de drogas y me refiero a Colima, que se repite en todo el territorio nacional.

Se supone que quienes integren el equipo de trabajo al lado de Andrés Manuel López Obrador aplicarán distintas formas de acabar con el problema, se habla de un armisticio, no lo creo, pero deseo que empleen el operativo que sea, pero que funcione.

 

 

 

 

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