Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

Destructor de sí mismo

Cobijado, protegido por un ángel de la guarda, así llegó a Colima el jalisciense Héctor Insúa, se identificó con un grupo de jóvenes panistas que lo animó a ser cabeza de una aventura política que en realidad se antojaba difícil: buscar el triunfo para el escaño del distrito uno en el Congreso local.

Su buena fortuna lo podía empujar a la victoria, tenía en contra su forasterismo, inculto, ostentoso, impositivo y parlanchín, sin embargo el destino jugó a su favor, se enfrentó a un candidato del PRI desconocido e impopular, tanto que Insúa se alzó con el triunfo y llegó a ser representante popular.

Su grupo de amigos lo cobijó y festejó su legítima victoria; es más, éstos se ilusionaron de llegar a convertirse en apoderados de un político al que creyeron tenía atributos como para ser catapultado a la gubernatura. Por supuesto que el más contento era el propio Héctor Insúa, así que buscó la alcaldía capitalina, ya tenía historia política en Colima y quería crecer.

El haber conocido el poder que usó como diputado local le nubló el cerebro, confiado en su suerte creyó que su destino era ser gobernador de Colima, así que trazó su estrategia:

Ser alcalde de Colima, solicitar licencia pasados dos años de su gobierno, usar el poder para fortalecer su nombre y prestigio como gobernante y político, y repetir como primer edil del municipio más importante del estado.

Insúa la creyó fácil, a los dos años de repetir como alcalde y solicitar licencia, buscar la candidatura por su partido, Acción Nacional, para suceder a José Ignacio Peralta Sánchez en la titularidad del Poder Ejecutivo del Estado de Colima.

El plan parecía perfecto.

No parecía tener enemigo al frente, el PRI se descuidó como en otras ocasiones y no fabricó lo que en política se llama “cuadros”, entre sus  filas no había militante como ganar ninguna de las candidaturas en juego, “parchó” algunos abanderados, los agarró de donde pudo y así le fue: fracaso vergonzoso en las urnas el pasado uno de julio. Irreparable.

Sin embargo, la buena fortuna le volteó la cara a Insúa; el político experto, con reconocido prestigio en el municipio de Colima, Leoncio Morán, se “destapó” como candidato apoyado por el Partido Movimiento Ciudadano. Ya no las llevó todas consigo Héctor, yo lo comenté aquí, “…si se registra Locho, que se retire Insúa. Locho le gana a cualquiera…”

Así fue, pronto se notó el nerviosismo del alcalde con licencia y empezó a desbarrar, se llegó el tiempo de las elecciones y ganó Leoncio Morán -como era de esperarse-, él había sido un buen alcalde, honesto y los ciudadanos lo apoyaron.

En contraste, Insúa fue pésimo edil, déspota, sangrón, innecesariamente se alejó de los medios informativos que lo habían apoyado gratis durante sus campañas políticas, se dedicó a organizar eventos de espectáculos, cantinas públicas y se presumió poderoso, se peleó con el sindicato, creó otro, les quedó debiendo quincenas.

Para colmo, se inconformó con el triunfo de Locho y no lo apoyó su partido, el PAN, perdió en el TEE y se fue al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, también sucumbió. Se suicidó y lo sigue haciendo, será regidor en donde puede recuperar lo perdido, pero de él depende.

¿Qué dirán sus amigos que se fanatizaron con el forastero?

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