En la columna

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

¿Cuánto sabes de La Campana?

El adelantado doctor Miguel Galindo publicó un estudio que hizo sobre el pasado arqueológico de Colima, precisamente lo llamó Geografía Arqueológica de Colima, esto fue en 1925 y destaca su investigación sobre el yacimiento arqueológico llamado La Campana. Ya en 1917 el sitio arqueológico fue considerado en la lista del patrimonio arqueológico mexicano. Desde 1917, fue calificado como el de mayor población en el Occidente de México. A través de los estudios se concluyó que algunas de las características de este asentamiento están relacionadas con la cultura Teotihuacana durante el periodo Clásico.

El doctor Galindo escribió “…al norte (se refiere al templo de San Francisco de Almoloyan) se extiende el terreno un tanto onduloso (sic), con numerosos montículos en su mayor parte destruidos por la industria ladrillera, y el principal, situado a 200 metros al oriente del templo nuevo últimamente aniquilado para el embellecimiento de la ciudad. Éste último montículo es el más importante en todo éste terreno; pero los otros también son dignos de mencionarse, pues en ellos se encontraron restos de la industria y del arte prehispánicos y vienen a darme la idea de haber existido, en tiempos muy remotos, todo un pueblo en esa región. El terreno, en general, se llama Almoloyan, en recuerdo del nombre que encontraron los conquistadores y la parroquia recibe la misma denominación, aunque no es ahí donde se encuentra el curato respectivo, sino en Villa de Álvarez…”.

Fue el propio Miguel Galindo quien calificó el sitio como “El Cerro del Serano, derivado de una versión popular nada creíble, sustentada en una imagen propiedad de unos vecinos del lugar que se supone “sudaba” y al líquido se le atribuyeron propiedades milagrosas. Lo cierto es que documentos antiguos auténticos, se refieren a esa región y a un pueblo llamado Tilahuantepeque.

De lo anterior es posible asegurar que por tradición el nombre de la zona fue “El Cerro del Serano” y el asentamiento precolombino en náhuatl se llamó Tilahuantepeque.

Son muchos los edificios que permiten asegurar que llegó a ser un centro de población importante, numerosas tumbas de tiro que se ajustan a las características de la tradición Tehuchitlan quizás en la misma época de las fundaciones como Teotihuacán y Monte Albán, en su período temprano. El área de lo que se conoce como La Campana quizás cubre 132 hectáreas y está ubicada entre los ríos Colima y Pereira. Los arqueólogos han encontrado calles, un sistema de drenaje para proteger los edificios de la erosión, edificios quizás dedicados a ceremonias religiosas, petroglifos, un pequeño juego de pelota, patios, plazas.

La doctora Ana María Jarquin arqueóloga muy capacitada, fue comisionada por el INAH para el rescate del sitio, dedicó muchas horas, junto a su equipo de colaboradores, no recuerdo la fecha, pero de esto harán quince años. Yo la entrevisté varias veces y me merece respeto y admiración por sus conocimientos y su dedicación. En una ocasión le señalé una loma con perfiles muy simétricos, casi en lo más alto creció un joven árbol de Guanacaste, comúnmente conocido como parota, le comenté que esa formación que destacaba entre una superficie plana, pudiera tener tierra de las cenizas de erupciones del volcán durante cientos de años y abajo oculta una pirámide.

En efecto, me dijo, estamos seguros de ello, regresé a las dos o tres semanas y el sitio estaba cambiando, se habían descubierto edificios, escalinatas, pozos en donde había restos humanos carentes de extremidades, quizás pudieron habérselos comido quienes los capturaron hace muchos años. Yo insistí en que el montículo escondía una pirámide y observé que habían ya cerrado el tronco casi al ras del plan inclinado en donde nació. La doctora me dijo, palabras más palabras menos “…que bueno que vino, precisamente hoy se inician trabajos de exploración de esa loma, como le ha llamado usted…”, deben haber transcurrido pocos minutos, cuando el arqueólogo colaborador de la doctora, llegó a donde ella y yo nos protegíamos del inclemente sol, una lona tan delgada que poco ayudaba, el arqueólogo le informó a la doctora que habían hecho un hallazgo, destaparon unas gradas muy bien conservadas, en lo que parecía ser el lado sur de lo que parecía confirmar mi opinión, la doctora con una sonrisa de triunfo dijo “¿…ya lo vio, ahí está su pirámide. Cómo se llama usted? y le di mi nombre, ella le ordenó al arqueólogo haga el  favor de tomarlo y en la bitácora póngale a éste hallazgo el nombre de éste señor periodista.

Poseo una serie de fotografías muy interesantes que confirman lo que líneas arriba digo y ella –la doctora Jarquin, reseñó la anterior historia, hace unos meses, en una ceremonia después de develar la estatua a Don Miguel de la Madrid, de tal forma que lo escucharon cientos de personas de la comisionada y responsable del rescate de la zona arqueológica de Tilahuantepeque, ahora llamada La Campana.

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