Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

Litros chiquitos

Ignoro a quién corresponda revisar que los expendios de gasolina se entreguen litros completos, hace muchos años era responsabilidad de la Secretaría de Industria y Comercio.

No sé si exista o funcione con otro nombre, pero me queda claro que había personal especializado que periódicamente llegaba a las expendedoras de gasolina, entregaban un oficio al encargado o dueño y llevaban entre su equipo de trabajo “medidas”, cilindros de metal que al lado tenían marcas cinceladas.

Se les servían de cada bomba expendedora su capacidad, era frecuente que fallaran y no siempre litros con menos liquido, había equipos que daban de más.

Eran valores entendidos, el inspector reportaba de voz al encargado el resultado de su inspección y decía que la bomba equis estaba “robando”, pero que podía modificar el informe oficial y además regular el aparato que no pasaba el examen y repararlo, aunado certificar mediante un alambre con un seguro de plomo que impedía que alguien le metiera la mano y alterara su funcionamiento.

Ya se imaginará usted que el “favor” costaba, el cochupo servía para modificar también el informe a la dependencia gubernamental y por supuesto que la inspección no reportaba anomalías.

No fueron pocos los clientes que hicieron en lo particular lo mismo que el sinvergüenza supervisor, que por medio de los medios informativos reseñaron el resultado de su inspección y hubo en algunos casos alguna reacción oficial, vinieron inspectores  “del centro”, que obligaron a que los expendios modernizaran sus equipos que se suponía eran inviolables, así hasta que se llegó a la era de la electrónica y ahora se supone que no pueden entregar litros pequeños.

Pues no, se han perfeccionado en las diferentes formas de robar al cliente, lo más común y ahí no creo que los dueños tengan culpa, es que arrancan la operación de servir la gasolina sin poner en cero el marcador, esto a pesar de que digan “el marcador está en ceros”, y como la bomba queda a la espalda del cliente, éste no alcanza a confirmar nada y ya están entregando el combustible, pero el registrador miente.

Diré qué me pasó el domingo anterior, no refiero en qué expendio porque antes todos sabíamos quiénes eran los dueños de cada uno de ellos y ahora no, así que no vaya a ser que me meta en problemas.

Pero en fin, acomodé mi vehículo al lado de una bomba para cargar combustible y le dije al empleado: “Cargué aquí hace dos semanas, me llenaron el tanque del auto, lo que no confirmé con el medidor del mismo, agarré camino y regresé a Colima con menos de medio tanque, lo que es imposible, es normal que llene el mismo, vaya y venga a Guadalajara y me alcance la gasolina para circular -lo que hago poco- por la ciudad por lo menos una semana…”

La respuesta fue “…señor, nosotros somos empleados, allá los patrones no sabemos qué hagan con la computadora a las bombas”.

Como dije, en muchos expendios dan más “gasolinazos” que los oficiales.

 

 

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