Reflexiones de vida

Eduardo Lomelí G.

 

Tú si puedes caminar

En contadas ocasiones de la vida, nos olvidamos de los beneficios que tenemos en nuestro cuerpo.

Cierto día al encontrarme con un hombre que se encontraba postrado en sillas de ruedas, la facilidad que desarrollaba para desenvolverse entre las multitudes del metro, trasporte de la enorme Ciudad de México, al abordar el vagón, con toda la intención provoque el sentarme junto de él, esperando el momento oportuno comencé a entablar una plática,

-Hola amigo me tiene usted impresionado-. Volteando a mirarme respondía al saludo con una sonrisa contagiosa.

-Muy buenas tardes señor ¿porque la impresión tan fuerte?

-Bueno las habilidades con las que se desliza para conseguir mezclarse entre la gente y… bueno con su discapacidad, debe ser muy difícil.

-Las discapacidades amigo, desarrollan otros talentos que sustituyen el órgano que es nulo en nuestro cuerpo-. El hombre de parálisis en sus piernas comenzaba a dialogar con gran experiencia en la vida, pero yo interrumpía con un comentario sin esperar la respuesta que él me daría.

-¿Pero dígame una cosa, apoco no le gustaría caminar y correr por todos lados?

Mirándome fijamente haciendo una mueca en la cara, jajajaja como compadeciéndome, respondió.

-Ayer, al recostar mi cuerpo sobre la recamara, al cerrar los ojos, el sueño se apoderó de mí, me vi corriendo por hermosas praderas, caminaba por enormes ciudades, mis pies eran tan ligeros como los tuyos, ¡corría, brincaba y caminaba a paso musicalizado, de aquella melodía que llegaba a mis oídos! ¡Claro, solo fue un sueño! Pero también miraba con tristeza a los jóvenes dirigirse a los antros, golpear con sus pies a sus prójimos, hacían uso de sus pies para agredir, lastimar, para tomar caminos erróneos, la ilusión por caminar se apartó de mí, al despertar mi vida seguiría esclavizada a esta silla de ruedas. Pero podría ser el freno a mi perdición, ¡pero tú si puedes caminar! tus pies viven, busca caminos sólidos, evita el fango que solo traerá desgracias a tu existencia, facturas de muy alto costo,  que no se manchen tus pies de lodo, que tu paso sea firme, ¡camina por mi amigo! Conquista el mundo y lo que lo compone, da gracias a Dios que tú no estás soñando como yo; disfruta y no conviertas ese hermoso sueño, en una amarga pesadilla.

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