Hablemos de …

Muerte de Manuel Álvarez,

Primer gobernador de Colima

Por Rafael Tortajada

Todos sabemos que el 19 de julio de 1857 se estructuró la Primer Legislatura del naciente Estado de Colima, con 7 diputados propietarios y 7 suplentes; estos constituidos en Colegio Electoral eligieron al gobernador que hacía falta para que el Estado mencionado empezara a trabajar como tal y como parte de la Federación.

Los nubarrones de la tragedia existían y la entidad no tenía fuerzas armadas suficientes para sofocar a todos aquellos conservadores que seguían pensando en el antiguo lema de los Polkos de «Religión y Fueros». Apenas un mes y una semana después de que el general Álvarez tomó posesión como primer mandatario del Estado estalló un motín encabezado por dos capitanes de la guardia que pertenecían a una que había formado Ignacio Comonfort cuando estuvo por estas tierras. Quienes eran los verdaderos mentores de ese tremendo golpe de Estado eran el capitán Ponce de León y sobre todo uno que dio mucha guerra después cuando el imperio de Maximiliano, se llamaba José María Mendoza; estos fueron los que azuzaron a los verdaderos asesinos del gobernador.

El día 26 de agosto por la tarde fue Santa Cruz acompañado de varias personas a avisarle al gobernador que estaba comiendo en su casa en la hoy esquina de 5 de Mayo y V. Carranza; no cabe duda que el general Álvarez era un hombre extremadamente bien intencionado y falto de malicia, seguido de todos aquellos que le juraron estar con él hasta la muerte se encaminó a la esquina de la calle V. Carranza y Torres Quintero y trató de dialogar con el grupo de gente armada ya que, habían sacado a los presos de la cárcel y les habían repartido las armas de la gendarmería; cuando estaban discutiendo sobre el incumplimiento de la palabra que ya le habían dado de no causar problemas en la entidad federativa, sonaron una enorme cantidad de balazos y el espacio se ensombreció con el humo que provocan las chispetas, cuando se disipó éste, el cuerpo del gobernador se encontraba tirado sin vida con un balazo en el corazón.

Hubo una desbandada general y don Manuel como era un hombre de elevada estatura quedó atravesado en la calle de modo que, cuando empezó a llover su humanidad sirvió de represa y se formó un pequeño lago por la Torres Quintero. Imaginemos la angustia de una madre al ver a su hijo sin vida tirado en el piso e imposibilitada para llevarlo al cementerio; debido a la amistad que existía con el párroco recurrió a él para que le diera permiso de darle cristiana sepultura y le fue negado; volvió a su casa y según parece trajo consigo cierta cantidad de dinero y con ello ablandó el corazón y ya le dieron el permiso que solicitaba para sepultarlo. El cuerpo de este gobernador que yo diría mártir, fue sepultado y sus restos se encuentran en un mausoleo construido ex profeso al lado poniente del templo de la Virgen de la Salud.

Cuando 100 años después un gobernador mandó construir el monumento que conocemos en Villa de Álvarez, trató de que los restos fueran trasladados a ese espacio para rendirle el homenaje al que tenía derecho y algunos de sus familiares se opusieron a ello, precisamente por la forma en que fue tratado a su muerte. Tiempos de oprobio y de constante zozobra en una ciudad pequeña como era Colima en ese tiempo donde no se sabía quién gobernaba y fue el militar retirado Washington de Velasco quien tomó el mando y empezó a meter orden sobre todo en los saqueos que ya existían en los comercios; uno de los que pagaron con su vida fue un asaltante conocido como «el simio». Éste personaje metió orden y dio garantías hasta donde pudo por unos días hasta que llegó de la ciudad de Guadalajara el siguiente gobernador que fue el general José Silverio Núñez; éste trató de hacer justicia y preguntó ¿cómo murió el gobernador?, de un balazo en el corazón, ¡ah! entonces el que lo mató era bueno para tirar, tráiganme a los buenos tiradores que conozcan, los estuvo confesando y finalmente llegó a la conclusión de que uno de ellos había sido y a pesar de sus protestas de inmediato ordenó que fuera pasado por las armas. El otro, huyó hacia el rumbo de Minatitlán y se unió a una banda de forajidos que, en una ocasión en que se encontraban de vivac en la sierra de Manantlán, el jefe de la gavilla ya con unos tragos en el estómago le pidió al que intervino en el asesinato del gobernador, que le narrara los pormenores de ese hecho sangriento.

Este con lujo de detalle le fue narrando como obedecieron los planes de los mentores y cuando terminó su macabra narración, el jefe de los facinerosos les ordenó a dos de sus ayudantes que colgaran a ese individuo de la rama de un árbol ¿por qué? preguntaron, y les dijo «porque quiero dormir tranquilo, el que traiciona una vez lo hace después»; así terminaron su vida los que intervinieron contra el gobierno constituido de Colima. El general Núñez también murió poco tiempo después en las cercanías de Guadalajara defendiendo la causa liberal del país, sólo tuvo tiempo de promulgar la primer Constitución del Estado que fue en el mes de octubre de 1857; le siguió el coronel Miguel Contreras Medellín quien tuvo tiempo suficiente de llevar a cabo algunas obras, no materiales, sino en el sentido de la educación y le dio vida al Colegio Civil, a él también se debe el inicio de la construcción del portal llamado Medellín que se encuentra en la calle Torres Quintero frente a la plaza principal. Este gobernante también pagó con su vida que fue cegada por las fuerzas conservadoras. La situación política en Colima era un desastre y fue tanta la inestabilidad en toda la entidad federativa que, durante el tiempo que duró la vigencia de la Primer Legislatura, hubo 22 gobernadores y no solamente eso, el gobernador llamado Urbano Gómez le dio por perseguir a los diputados y estos tuvieron que huir primero a Tonila, después a Zapotlán y posteriormente hasta Guadalajara de donde el gobernador de esa entidad jalisciense les dio garantías y los envió con una escolta para que siguieran legislando en Colima.

Lo curioso de esta primer legislatura fue que, como andaban huyendo y traían los libros de las actas con ellos, se vieron en la necesidad de elegir entre sí a un gobernador alterno y fue don Ramón R. de la Vega oriundo de Zapotlán a quien se eligió para darle validez a los acuerdos que se tomaban en su huida.

El general Manuel Álvarez pagó con su vida y regó con su sangre la causa liberal en Colima cuando se atrevió a apoyar la Constitución Federal del 5 de febrero de 1857 promulgada en la parte trasera del Palacio Nacional de la Ciudad de México y por esa razón fue excomulgado; eso fue lo que impedía que se levantara su cuerpo sin vida para ser llevado a un camposanto como se llamaban antes.

Afortunadamente las cosas han cambiado, las acciones cívicas prevalecen en el pueblo y las autoridades pueden gobernar con más calma llevando a cabo sus programas de reconstrucción con mayor celeridad dándole una fisionomía diferente cada día no solo a la capital del Estado sino al resto de la Entidad Federativa. En honor de este gobernador mártir, la antigua Villa de Almoloyan se le impuso el nombre de Villa de Álvarez el 15 de septiembre de 1860; en el salón verde de la presidencia de dicho municipio, se acaba de develar un vistoso mural donde aparece su figura y anexo a la misma presidencia municipal existe una escuela con su nombre además de una avenida. En la capital del Estado hay una calle y en la presidencia municipal un auditorio que también se llama como él.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *