Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

¿Qué hacer con los terrenos del Batallón?

 

Lo mejor sería no hacer nada. Tal pareciera que urge darle uso a un terreno que vale oro por su ubicación, debieran calmar sus ánimos protagónicos los que se integran en patronatos y organizaciones con pretensión de sobrada cultura y conocimientos universales.

Están siendo consultados por las autoridades sin que hubieran demostrado ser dueños de experiencia en urbanística, se les ha elevado a la quinta potencia de su realidad, se trata de hombres y mujeres bien intencionados con aparente cultura que no llega mucho más allá de viajes de distracción a equis ciudades de otros países, que no tours culturales estudiando los procesos y cambios de la arquitectura, en la planificación de lo que llegaron a ser grandes urbes, conceptuaron, impusieron, influyeron y lo siguen haciendo con patrones que son respetados, modificaciones y alteraciones introducidas en lo que llegaron a edificar y convertirse en ciudades hermosas, en pasiones cuyo clima, materiales de construcción y aun conceptos religiosos, se conjugaron con objeto de satisfacer las necesidades humanas, ideas que se convirtieron en pilares y capiteles, frentes  imponentes, expresiones a las que sumaron escultura y pintura.

Vaya que es y ha sido importante la arquitectura y el urbanismo en el entorno humano en cada rincón del mundo.

Esa es la verdad, quizás se salve algún arquitecto con estudios de postgrado, lo que no quiere decir necesariamente que sepa mucho del tema. Yo diría: ¿Qué está haciendo un culto y experto urbanista en Colima? Dedicándose a lo que sea, menos a su especialización.

Sería un desperdicio.

Aberraciones y atinados conceptos han influido, han tenido épocas tempranas y tardías, se les ha distorsionado, se llega a pecar cuando se presume que tal o cual templo en Colima es una obra mundial de la arquitectura. Del tema llegué a decir a Don Alejandro Rangel Hidalgo que son aberraciones. “¿Qué está haciendo en Colima un portal con grotesco parecido al gótico, arte desarrollado en Europa entre el siglo XII y el Renacimiento?”  Y agregaba “… esto trescientos años antes de que se descubriera América”.

¿Qué pudiera sugerirse para ese enorme terreno que puede ser de gran utilidad para la sociedad colimense?

Urbanistas, arquitectos, cultos personajes que han viajado por diversos países, habrían de ser los indicados para opinar respecto al tema, yo no entro en esos criterios, pero tengo el mismo derecho que cada uno de ellos de expresarme, sugiero que no se apresuren, que no decidan aceleradamente, porque quizás mañana o pasado se puedan arrepentir ya sin remedio.

Todo parece indicar que se pondrán de moda las consultas, las grandes o pequeñas decisiones se irán a este procedimiento, lo que no garantiza que el resultado llegue a ser bueno, quizás democrático, pero no necesariamente atinado.

Para no ir más lejos, si consultan mi opinión respecto a la mejor ubicación del aeropuerto internacional de la ciudad de México, no respondo, carezco de conocimientos como para sugerir, mi parecer habría de ser sin fundamento; sin embargo, si tuviera que responder, lo que yo dijera pudiera contribuir a una mala decisión.

Sin edificar nada, aprovechando lo mucho que hay, debiera ser usado el multicitado terreno en eventos de utilidad pública, sumar las áreas verdes, que deben ser bastantes, a las variadas ofertas que Colima ya tiene, como son parques, jardines, paseos, museos y lugares para fomentar el esparcimiento y la unidad familiar, el turismo.

Es generoso Colima en lo anterior, así que repetir la oferta no sobra, pero no hace falta. Aprovechen lo mucho que hay en salones en donde se imparta por  ejemplo “primeros auxilios”, yo no tengo idea de lo que debiera hacer ante un caso de bronco-aspiración frente a mí. Por sugerir algo.

No será mi dicho tomado en cuenta por quien tenga la responsabilidad de dictar una decisión, pero sugiero que no hagan nada, que le den el uso que se pueda aprovechando lo que hay -que debe ser mucho-, evitar que se convierta en refugio de malvivientes y observar el desarrollo urbano de Colima hacia donde lo llevan los urbanistas privados y transcurridos unos años decidir lo que  mejor convenga.

Quizás venderlo a buen precio y con lo obtenido aplicarlo a una o varias obras de beneficio ciudadano no fuera malo. Claro que habría de sobra quien asegure que se cometieron fraudes y se robaron gran parte del dinero de la operación, pero se puede buscar la forma de hacerlo lo más cristalino y honesto.

Total, se vale opinar.

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