Diálogo Político

Por Manuel Sánchez de la Madrid

 

Acabamos con el respeto a Dios

Entre lo mucho que ignoro destaca el tema de lo religioso, la Iglesia Católica como institución ha atravesado por severas crisis, se ha dividido y de ella han formado otras que siguen a Cristo, no obedecen al Papa y nievan a los santos y otras diferencias tienen con la Apostólica y Romana, pero todas vienen a ser un gran código de conducta, infunden respeto a quienes la profesan, se obligan a códigos morales, a querer a Dios,  respetar a los padres, a no matar a no robar, etcétera. El Dios que nos inculcaron nuestros padres, incluso en las escuelas católicas es amor, al prójimo, a la verdad y a no mentir, respetar cada quien su cuerpo.

La  maldad podrá estar en todos, pero las religiones, todas y me he referido a las cristianas porque fui formado dentro de la norma católica ¿causarle un daño físico a un ser humano, a un animal, era pecado?

¿Cuándo se perdieron esos preceptos, esas normas?

Hace algunos años los medios informativos tenían una sección casi escondida que manejaba la “nota roja”, misma que era leída en lo obscurito, con miedo y vergüenza. Ya no, ahora es la nota principal y las escenas de cuerpos descuartizados venden periódicos, hay quien las graba de los noticieros de las cadenas de televisión y las difunden por las redes sociales.

Fracasaron las iglesias, los sacerdotes son ahora víctimas de sicarios y narco menuderos, muchos se sospecha que fueron parte de la delincuencia.

Se perdió el respeto a las religiones, a los mentores, en las escuelas se recibía enseñanza que practicaban los maestros y maestras, ahora son fieles a las instrucciones de sus líderes sindicales, perdieron la mística, el educador era un apóstol, un propagador de los valores morales, era la instrucción en el salón que venía a dar el toque fino a la formación de infantes y adolescentes.

Se acabó el miedo a Dios, somos testigos con frecuencia de escenas sólo imaginables en la barbarie de las guerras, entre los primitivos hombres que peleaban por un hueso de mamut. No hay respeto.

Rebotan en mi memoria los sermones de mi Papá a la hora de la  comida en reuniones familiares, que se iniciaban con la interrogante “¿qué va a pasar en este mundo?, se acabaron los principios morales, el respeto a las buenas costumbres, los jóvenes se interesan más por saber quiénes son los músicos greñudos y vulgares de tal o cual conjunto que del Evangelio o el mensaje del oficiante de misas a las que cada vez asisten menos feligreses…”

No salgo de mi asombro de las escenas que vi en la pantalla de televisión de un linchamiento, una turba de hombres y mujeres enardecidos golpeaban a dos personas con saña inaudita, las miradas de odio y las amenazas contaminaban a otros ahí presentes que también tundían a los dos hombres que rodaban por  el suelo con expresiones de pánico en sus rostros. El reportaje filmó las escenas y los gritos, “mátenlos, denles de patadas” y surgió de entre la multitud enardecida alguien con un caso con gasolina que echó a las personas tiradas en el suelo con sus carnes heridas y sangrantes. Alguien encendió un fósforo y los dos individuos se convirtieron en teas humanas.

Que salvajada, que deprimente espectáculo nada digno de cualquier ser humano. De entre las docenas de personas que formaron parte de la golpiza a los dos sujetos y otros mirones que disfrutaban de lo que veían, destacaban varios que con las lentes de sus teléfonos celulares filmaban lo que fue una barbarie inimaginable en el circo romano hace dos mil años.

Se le perdió el miedo a Dios.

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