En contacto cultural con…

 

María Guadalupe Lomelí

 

Eduardo Lomelí G.

 

Una niña con talentos mágicos; ella nació en el Estado de México, para ser precisos en Chalco, un 8 de octubre del 2008 sus dotes artísticos lo mostró a la edad de tres años al integrarse a una pastorela donde participaría como pastorcita, trascendiendo de gran manera, memorizando los papeles más importantes de la obra navideña, impulsada por sus padres.

Guadalupe Lomelí participó en comerciales publicitarios de Televisa Colima, ha participado en lecturas en voz alta, en radio y espacios culturales que ofrece la Secretaría de Cultura del Estado, tuvo el honor de recibir a la embajadora de la cultura Cleotilde Gordoa de la Tejera, en la sala Alberto Isaac.

María Guadalupe cuenta con el talento de la declamación de poesía, a sus corta edad tiene ya cuentos de su propia autoría, como lo son, Señalada por Dios, Su pequeño botón de rosa, Un padre es, La zapatilla encantada, entre otras.

Guadalupe es una niña talento quien tiene también el don del dibujo gráfico, sin duda una niña que promete un extraordinario futuro cultural. Mano a mano de su progenitor quien ha procurado cultivar en ella una vida sana, Lupita Lomelí es una promesa cultural. Esto solo es un poco de su talento.

 

LA ZAPATILLA ENCANTADA

En una caja de cartón mi madre suele guardar los zapatos viejos, en cierta ocasión aquella caja llamó mi atención, comencé a explorar entre aquellos zapatos viejos y sucios, una zapatilla brillante llamó mi atención.  Yo la veía con cierta admiración, quise ver como se me veía puesta, al ponérmela, una fuerza extraña comenzó a correr por mi cuerpo, me levante y sin control comencé a bailar; mis pies se deslizaban con facilidad por toda la sala, al verme mi mamá comenzó a reír, con entusiasmo aplaudía con sus manos como siguiendo el ritmo, yo me encontraba un poco sorprendida pues no era yo quien movía el cuerpo, al notar mi cara mi madre ordenó que dejara de bailar pero yo le respondí que no podía, que no era yo quien bailaba, ella con molestia me detuvo y al quitarme la zapatilla se la puso diciendo que ese zapato había pertenecido a mi tía  Ángela, quien en sus mejores tiempos fue una reconocida bailarina de ballet, al ponérsela la misma fuerza extraña la levantaba del sillón y comenzaba a bailar con el mismo entusiasmo que yo, de verdad que esa zapatilla estaba encantada, pues al sentir el pie cobraba un poder extraño y al estar las dos zapatillas puestas, mi madre caminaba de puntillas levantaba sus manos y giraba como muñequita de caja musical. Cuando pretendo presumir a mis amigas que soy una gran bailarina las utilizo sin que mi mamá se dé cuenta, las conservo y soy feliz con unas zapatillas mágicas.

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