Hablemos de …

La Independencia de México,

Orígenes y causas

Por Rafael Tortajada

 

“Sigue la conjura de Valladolid en septiembre de 1809, descubierta en diciembre del mismo año, es precursora del levantamiento de Hidalgo. Sigue el Virrey Venegas que desembarcó en agosto de 1810. Aún no se extinguía la pompa con que fue agasajado, cuando llega la noticia que anuncia toda una época de desastres, heroicas virtudes y crímenes sin nombre. La idea de la Independencia la encarnó un hombre altivo y osado que durante varios años meditó en silencio la gigantesca obra de emancipar a la colonia. Hidalgo concentra las aspiraciones de la mayoría de los mexicanos; con pobres elementos materiales pero un caudal tremendo de esperanzas, con fe, en la empresa, con la abnegación de los fundadores de naciones, apresura la hora suprema cuando es descubierto su proyecto y sabe que una orden de prisión se ha girado en su contra por las autoridades españolas. El Cura de Dolores se presenta con la grandeza de los héroes cuando asoma el 16 de septiembre de 1810.

La pregunta para muchos de dentro y fuera de estas tierras eran: ¿Quiénes son los facinerosos que en el atrio de una humilde parroquia levanta ese entusiasmo? Sobre todo, los intrigaba el jefe de esa muchedumbre que a cada momento crecía y cuando llegaron a San Miguel el Grande, ya era un ejército gigantesco, aunque heterogéneo y mal disciplinado, los guiaba la esperanza de un mejoramiento en su desdichada existencia. Ese inmenso grupo armado representa un núcleo de un pueblo que se lanza a la conquista de su merecida libertad, el brillante Caudillo es un hombre fuerte e ilustre y acepta el martirio que sabe llegará, invita a  todos a la lucha para alcanzar su Independencia. Muy merecido que el México de ahora lo llame Padre de la Patria.

Se inicia un espacio de tremenda lucha y se alarga por once años el horror de la guerra, con atroces desmanes por ambos bandos. La antes tranquila Nueva España durante 300 años, se ha alzado en armas, el Grito de Dolores ya resuena en todo el territorio, el combate aunque desigual en armamento, los alzados lo suplen con su número y entusiasmo; resurgen antiguos odios, brotan legiones de partidarios de la causa emancipadora, quienes eran oscuros ciudadanos ayer, ahora son dirigentes de grupos guerreros, se abalanzan a las armas de todos, labriegos, artesanos, sirvientes, estudiantes y sacerdotes inquietos, que conocen el sufrimiento del pueblo también secundan este movimiento. Se forman los batallones y entre ellos surgen los ilustres guerreros predicando desde el púlpito la insurrección. Unos estaban conscientes de los alcances del movimiento que había lanzado Hidalgo en Dolores y percibían su trascendencia; otros, por el contrario, no alcanzaban a entender en su conjunto lo que acababa de estallar en este lugar que era la Nueva España; lo importante es que, todos la apoyaron, dispuestos al sacrificio con la resolución de poner término a la dominación.

El primer sentimiento de las autoridades debe haber sido el asombro y el miedo; inmediatamente el Virrey Venegas, adopta resoluciones y ordena los movimientos de tropas y se arman nuevos batallones, le pone precio a las cabezas de los caudillos, diversifica la defensa en la Capital, lo que secundan los jefes militares, las autoridades y los ricos de ese tiempo, y desde luego el alto clero que prepara los anatemas dedicados a las cabezas de los rebeldes.

El ejército insurgente asalta Guanajuato, se derrama mucha sangre en la Alhóndiga, esta sangre es la primera que tiñe durante años el campo y las ciudades.

La provincia de Michoacán cae en poder del Caudillo, muchos miles engrosan las filas, tienen la idea de dirigirse a la Capital y en modesto poblado de Charo conoce a quien, con el tiempo sería el Rayo del Sur, Morelos recibe un nombramiento que lo autoriza a levantar en armas a los pueblos del Sur; este con mucho cuidado se dirige al obispado haciendo saber su comisión y la razón por la cual abandonará su parroquia.

Cuando llegan a Indaparapeo, los seguidores de Hidalgo ya suman más de 100,000 elementos”.

Continuará . . .

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *